XIV Apenas con el sonido del viento, que soplaba en el techo de ese viejo edificio, habló Emma al pararse frente a la puerta del hogar que compartió con sus padres, pues el fin prematuro había llegado a ellos. Se quedó quieta ahí mucho tiempo, con un maletín lleno de medicina, con cartas de «mejórate pronto» en una bolsa de papel y con un corazón nuevo, roto, y que no deseaba. No podía imaginar la necesidad de los doctores de mantenerla con vida, ella ya no tenía una. Tuvo que estar en recuperación por unos meses luego de su trasplante exitoso, no pudo ir al funeral de sus propios padres, no tenía familiares, amigos muy pocos, no había dinero, no había nada. No había una bienvenida, no había una madre que le sonriera, un padre que la reprendiera y le trajera dulces, no había más que la h

