— ¿Otra vez no has ido a casa? —la pregunta trajo de vuelta a la realidad a Aric quien había estado perdido en sus pensamientos para después posar su mirada en la recién llegada—. Se está haciendo una costumbre, de igual manera es bueno verte por aquí —finalizó la señora Laesy encogiéndose en hombros para después darle una sonrisa a la cual él correspondió de inmediato. —Estaba por irme, Cece me invitó por unos tragos —dijo Aric levantándose recordando lo que tanto le había pedido Cece para que salieran, y que él había accedido a regañadientes. La señora Laesy lo miró con advertencia. Todas las madres griegas probablemente le advertían a sus hijos sobre la bailarina del bar de Rafael. Cece era hermosa como tentadora y escandalosa además de forastera, ninguna madre la querría como yerba

