Capítulo IV

1790 Words
Me lamí los labios resecos sin dejar de mirar su cuerpo pero tuve que volver mi mirada a su rostro cuando él carraspeó llamando mi atención. Nuestras pupilas se encontraron y de repente me levanté como un resorte de su cama sonriéndole como si no hubiera hecho nada malo. Esa era mi táctica, pero… ¿Funcionaría con él? Al ver que su rostro seguía tan serio como al principio me incomodé y mi corazón latió más a prisa desbocado. Sus pupilas eran intensas y por primera vez en mi vida me sentí intimidada. —No tengo una respuesta objetiva… Más que el deseo de entrar a este barco que llamó tanto mi atención. Me moví por el lugar tratando de no mostrarle mi nerviosismo aunque de alguna manera sabía que él podría olerlo. Mis dedos tocaron la pared con suavidad a la vez que mis ojos curioseaban por el lugar pero la verdad era que lo único que quería hacer era poner mi atención en algo más que no fuera él y su intensa presencia. Me irritaba lo que extrañamente despertaba en mí. Era tan extraño e incómodo. Me detuve frente a un retrato donde estaba una mujer muy hermosa cargando a un bebé y los celos me golpearon dejando un amargo sabor de boca además de hacerme sentir incertidumbre. ¿Por qué estaba celosa? Era lo más estúpido y absurdo que había pensado en mi vida por Dios. Apenas y conocía a ese hombre. De repente sentí una presentación detrás de mí que erizó mi vello y contuve un gemido que amenazaba con salir de mis carnosos labios. Su cuerpo caliente, alto y fuerte estaba detrás de mí. Podía sentirlo. Y fue aún peor cuando su aliento golpeó mi nuca como un aviso peligroso. Dios mío. ¿Qué tenía ese hombre? De repente haciéndome sobresaltar me quitó el retrato de las manos y de inmediato yo me giré para encontrarme con él cara a cara. Su mandíbula estaba fuertemente apretada y sus ojos eran salvajes sobre los míos. Sin duda su expresión dictaba peligro y al estar aquí sola yo soy vulnerable no obstante a pesar del ligero miedo que sentía… La excitación era más fuerte. Quería provocarlo. Hacerlo enojar. Irritarlo de alguna manera para luego hacer que me besara. Era absolutamente loco y contradictorio. Incluso yo misma estuve confundida y tentada a la misma vez a tirarme a sus brazos y besar sus labios gruesos y hermosamente rosados. Me fijé en el lado limpio de su cara. Sin temor a equivocarme Aric debió ser un madito modelo antes de que su otro lado se quemara. Era precioso. Todo de él. Sus bonitos ojos cubiertos por castañas y largas pestañas. Su nariz respingada. Ya nombre su tentadora boca hecha para pescar. Y por su puesto su mandíbula cuadrada. —Podría hacer que te arrestaran al menos por unas horas dada tu edad por invasión a la privacidad —amenazó él con voz fría como toda su expresión. Me encogí en hombros restándole importancia apartándome de su presencia para seguir dando vueltas por el camarote sin nada interesante a la vista. —Soy lo suficientemente grande para ser arrestada —mentí aunque esperaba que él no lo supiera. — ¿Cuántos tienes… Dieciséis? Furiosa giré mi cabeza para mirarlo y enviarle dagas con mis ojos azotando mi cara con mi cabello para llevarme la sorpresa que él estaba sonriendo divertido. ¿Acaso él… Estaba bromeando? Era la primera vez que lo veía sonreír y algo golpeó mi vientre. Me gustaba verlo de esa manera. —Si quieres puedo mostrarte que soy toda una mujer —le dije seductora aunque ciertamente no sé porqué lo hice. Nuevamente su expresión taciturna apareció y sus ojos relampaguearon pareciendo molesto una vez más. —Te llevaré a casa y allá tu misma se lo contarás a tu madre —amenazó pero más tarde me di cuenta que no fue una amenaza vana. Entonces odié a Aric Davies y en ese momento lo convertí en mi enemigo. * Aric Las malditas rodillas me temblaban como a un adolescente. El solo hecho de verla sobre la cama de mi camarote me puso al límite y por un segundo creí que estaba soñando despierto. Semejante ángel no podía estar ahí. Es más. ¿Por qué ella estaría ahí? Sin embargo segundos después descubrí que era real. La mar hermosa realidad que he visto nunca. Sus hermosos ojos estaban ahora cerrados así que contemplé como sus pestañas largas tocaban el inicio de sus mejillas sonrojada, su boca carnosa y rojiza estaba ligeramente abierta luciendo tan deliciosa a la vez que su cabello cobre se extendía por mi almohada dándole una imagen de diosa pagana a la cual sin duda adoraría si me diera la oportunidad. Aunque el simple pensamiento fuera ridículo. Mi polla no pensaba lo mismo que yo así que pude sentirla saltar en cuando mi bella chica durmiente hizo el sonido más jodidamente excitante del mundo y tuve que apretar mis manos y mandíbula para no saltar a la cama y poseerla como el animal que soy. Justo en ese momento abrió los ojos y supe que haría todo lo que esa chica me pidiera y más. Incluso si tuviera que besar el suelo que pisaba. Era la personificación de la perfección pero debía recordar que yo soy todo lo contrario a ella. En sus orbes vi miedo y aprehensión, aunque ya estaba acostumbrado a ello viniendo de ella… Dolía. No podía evitarlo. Mi paciencia estaba llegando al límite cuando la vi tomar el retrato de mi madre y yo cuando era un bebé, a nadie le dejaba tocar esa foto y por primera vez alguien que no fuera yo o mi padre lo habían tocado, sin embargo no se sentía tan mal. Hice que lo soltara y una vez que ella lo hizo se giró a verme azotando su cabello de seda con mi lado rústico de la cara aunque para mí se sintió como una caricia. Me sentía como un maldito crío cuando ella observó mi cara a detalle y tuve miedo de ver asco en su expresión aunque por suerte ella no mostró esa expresión por suerte. Aunque yo imaginé ver en sus pupilas el salvaje deseo que yo mismo sentía. El aroma de su cabello aún estaba en mi nariz y cada vez me sentía más duro con su presencia, por suerte escapó de mí antes de que pudiera tomarla por el cuello y reclamar un beso de su boca hecha para el placer. ¿Cómo sería esa boca envuelta alrededor de mi polla mientras su lengua desvergonzada me lamía sin pudor? Apenas pude escuchar sus palabras lidiando con mis propios demonios pero cuando me ofreció mostrarme cuan mujer podía ser el instinto básico casi salté y la follé en ese mismo momento. El hambre me cegó. Hambre de ella. Quería comerla y deleitarme haciéndolo no obstante la cordura también hizo acto de presencia sosegándome porque esa chica apenas y tenía edad para tener citas. Era deliciosamente tentadora… Pero era una niña. La hijastra de mi amigo. Nunca podría traicionar la confianza de Rafael así… Aunque estaba siendo verdaderamente ridículo. Por Syni sabía lo que Cynthia podía llegar a ser en medio de su inmadures. Ella era una jugadora. No le importaba hacerle daño a nadie. Seguramente estaba burlándose de mí. Una niña como ella jamás se fijaría en alguien marcado como yo. Cynthia era lo suficientemente superficial como para no hacerlo. Esto me hizo enfurecer y apretar mi mandíbula. La amenazó con contarle todo a su madre e incluso la hizo salir de mi barco. Caminé en dirección del vigilante que se suponía que debía estar al pendiente de todo a la vez que sostenía la suave muñeca de ella sin hacerle daño hasta que me detuve frente al hombre. — ¿No te pago acaso para que civiles? —le gruñí al tipo y este comenzó a balbucear—. Esta chica se coló en mi barco ¿Dónde estabas tú? —Yo… Señor yo no me he movido pero una chica se desmayó y yo… Puse mi palma frente a él irritado haciéndolo callar. —No pierdas de vista mi barco Derek o estarás despedido ¿Entendiste? El vigilante asintió y antes de enviar miradas envenenadas hacía Cynthia quien solo lo miraba con una sonrisa divertida de suficiencia. Como si en secreto le susurrara que era demasiado lista para él. Incluso yo contuve las ganas de reír. Está chica es un dolor de cabeza. —Entendido ¿Quiere que le llame a la policía señor? —No, me ocuparé yo de ella. Sin más comencé a caminar a mi auto aún sin soltar su muñeca y no es que es pudiera mucha resistencia. —No me da pena decirle a mi madre lo que te he dicho —me gruñó al fin la muchacha dentro del auto. —Ya veremos —la amenacé falsamente porque no iba a delatarla, al menos no esta vez pero ella aprendería su lección. El silencio nos envolvió una vez más y yo solo podía oler su delicioso aromas a rosas que me tenían incómodo ante la excitación que estaba sintiendo, si no llegaba a casa pronto las cosas no estarían bien para mí. —Eres molesto —gruñó de repente y tuve que contener las ganas de reír divertido por primera vez en muchos años. —Y tú eres una niñata inconciente pero aquí no estamos para discutir eso ¿Verdad? Ella hizo una mueca que me llegó a mi pene entonces apreté la mandíbula maldiciendo entre dientes. Gracias al cielo que habíamos llegado porque no sé cuánto más soportaría estar cerca de esta niña. Cynthia me miró arqueando una ceja retadora cuando detuve el auto y no bajé. — ¿A qué esperás? —inquirí haciéndola fruncir el ceño. —Que te bajes —replicó ella mirándome como si fuera obvio. — ¿Te da miedo ir sola? Tranquila cariño, yo te veo desde aquí… ¿O qué esperabas? ¿Que yo fuera una de tus amiguitas y te “acusara”? —solté burlón aunque mi gesto era impasible sin demostrarle lo divertido que estaba. Ella me miró atonita antes de que su gesto se torciera mirándome furiosa. —Yo no tengo amiguitas ¡No soy una jodida niñita! ¡Imbécil! —gritó ella antes de salir del auto y azotar la puerta entonces finalmente solté una carcajada cosa demasiado extraña en mí. Sin embargo me quedé mirándola hasta que se metió en la casa sin voltear a verme otra vez no obstante no podía dejar de sonreír. Más tarde me reprendí aunque no podía dejar de pensar en ella.
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