CAPÍTULO 7
KINSTONG
EL HONOR DE LA FAMILIA REAL
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Cabalgue sobre mi caballo en compañía de Gala bastante asustada hasta el castillo real, donde después de mi entrada se cerraron las puertas, el pueblo estaba alterado y consternado por los últimos acontecimientos sucedidos en la plaza con el honor de su futuro rey.
Al llegar me fue dado el aviso de que mi presencia era requerida ante su majestad.
—¿A dónde vas? —grite cuando intentaba correr a esconderse en su habitación.
—A mis aposentos alteza.
La tomé del brazo y la hice caminar a regañadientes a la reunión familiar.
—Quisiste ser parte de la familia real, asume tu papel —haciéndola entrar al gran salón.
Mi padre tomaba su copa de vino con esa mirada decepcionada y arrogante que llevaba siempre, sentado en su trono juzgándome por salvar a su futuro rey. Mi hermano inmediatamente me abrazó agradeciendo con vergüenza el haber salvado su vida.
—¿Por qué siempre pasas por encima de todos? Existen reglas maldita sea. Tu hermano aceptó el duelo —gritaba mi padre señalándome con su dedo índice —. El honor de nuestra familia lo has puesto por el suelo, ya no son niños que debes salvar a tu hermano de los lobos.
—¿El honor padre? Estás hablando de la vida de tu futuro rey.
—De que me vale un futuro rey que se esconde bajo las bolas de su hermano ¿a quién le sirve un rey que no sabe usar una maldita espada?
—¿Hubieras preferido su muerte?
—Para eso eres mi segundo hijo. Si tu hermano muere asumes la corona.
—No me interesa la corona alteza, lo he dejado saber durante toda mi vida. Mi hermano ha sido criado como el futuro rey de esta nación y así será, no es un cobarde y si sabe usar la espada pero su lesión en la muñeca a sus 13 años le impide tener la movilidad necesaria para tomarla con fuerza, es ágil con el arco.
—El arco no es para los reyes, de que le vale tener la corona si su pueblo lo ve como un mediocre que ruega a su hermano por que le salve el culo —gritando —. Por siglos esta familia ha estado dirigida por hombres fuertes como tú.
—Soy un soldado, un guerrero, un luchador de la corona, no soy el que se va sentar en el trono será mi hermano como lo manda la ley por ser el mayor de tus hijos, y cada vez que esté en peligro lo salvaré, no necesita salir a pelear las batallas y las guerras para eso me tiene a mí.
—No ha sido capaz de engendrar nietos varones, esta familia no ha tenido futuros reyes mujeres y esta generación no será la excepción. Trae el decreto —dirigiéndose a Oracles.
—Decreto que tu primer hijo varón con Lady Gala será el heredero a la corona, ha de ser engendrado en menos de dos años sino tus sobrinas serán sacrificadas —colocando el sello real.
Mientras mi cuñada gritaba un nooo desgarrador.
—Luego te preguntas porque tu pueblo te llama tirano.
—No permitas que las asesinen hermano por favor, sé que tú serías un mejor rey que yo que me ven incluso nuestra familia como un cobarde, pero ellas no son culpables.
—No permitiré que lastimen a tu familia. Regresare a ganar tu guerra a primera hora majestad —haciendo reverencia y retirándome.
Era oscuro, malvado y sangriento pero siempre que tenía que proteger de mis hermanos lo haría porque son ellos los únicos con los que llego a tener sentimientos. Me retire a tomar una gran botella de vino en mis aposentos sentía rabia por tener un padre tan maldito como el rey, la presencia de aquel luchador experto en un evento donde suelen asistir guerreros ebrios me pareció extraña, quizás fue una de sus tácticas para asesinar al hijo que creía un inútil para montar en el trono al monstruo que él mismo creó. Mis planes jamás han sido ser el rey de esta nación, pelear sus guerras y amo la libertad de hacer lo que me plazca lejos de sus leyes y honores familiares. Pero al dañarle el plan de clavar una espada en el pecho de mi hermano había firmado un decreto donde las víctimas de su maldad eran las niñas que trajo al mundo mi cuñada, antes que el doctor diera aviso a la corona que no podría volver a concebir, ahora debía traer un hijo varón a esta familia para que fuera el sucesor de mi hermano solo tenía dos años pactados por el rey de incumplir el tratado las niñas serán envenenadas por orden de su abuelo.
Camine en la oscuridad hasta la habitación de Lady Gala en compañía de una prostituta que conocía muy bien.
—Estarás con ella en todo momento, te encargas de vigilarla y ser su sombra ¿quedo claro? —apretando su cuello —. ¿Quedo claro?
—Si alteza, prometo además ganarme su confianza para que me cuente quién es el hombre que visitó el castillo.
—Si repites algo de lo que vives en el castillo fuera de él. Te cortaré la lengua y haré que te cuelguen en la plaza ¿entendiste?.
—Si alteza comento temblorosa, agradezco que me haya sacado del burdel para darme un trabajo digno como la doncella de su futura esposa.
Abrí la puerta sin dar aviso a mi presencia, su doncella cepillaba sus cabellos mientras ella estaba sentada frente al espejo de oro que reposaba en su habitación.
—Ella es Raquel, de ahora en adelante será tu nueva doncella.
—Con Nany es suficiente, no necesito una nueva doncella.
—Salgan de la habitación —subiendo el tono de voz.
—Si alteza. Con permiso —saliendo rápidamente.
—No te pregunte si necesitabas una nueva doncella, te avise que ella de ahora en adelante será tu doncella. Más te vale no hacer ninguna estupidez en mi ausencia, porque si no te buscare donde sea que estés para que presencies como se le corta la cabeza a tu familia. ¿Quedo claro?
—No es necesario que amenace a mi familia, no iré a ningún lugar, estaré aquí cuando regrese para nuestra boda.
—¿Te vio una partera?
—Si. Soy fértil.
—Más te vale —saliendo de la habitación.
—Tu —señalando a la doncella antigua —. Enséñale a Raquel todo lo necesario para ser una doncella.
—Con gusto alteza.
Caminé hasta la habitación de Aria mi hermana menor quien ya dormía al sentir mi presencia despertó sentándose sorprendida.
—Me asustaste. Eres muy valiente, me dio gusto que salvaras la vida de nuestro hermano.
—Siempre los protegeré —besando su frente —. Quiero que la vigiles de cerca, si ves algo extraño envía un gavilán mensajero a estas coordenadas ¿ok?
—Te lo prometo. ¿Salvaras a las niñas?
—Le daré el heredero a nuestro rey. Sigue descansando y nos vemos en dos meses.
—Te quiero —comento cerrando sus ojos.
Regrese a mis aposentos para descansar un poco antes de partir de regreso a la guerra.