Narra Luz
Sentí una mano deslizándose por mi cintura, sus yemas acariciando mi piel desnuda. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me giré sin apartar su mano, y al abrir los ojos, me encontré con su mirada. Su cabello estaba desordenado, sus mejillas sonrojadas y una hermosa sonrisa iluminaba su rostro.
—¿Te despertaste hace mucho? —pregunté con voz ronca.
—Sí, bebé, pero no quería despertarte. Me encanta verte tan tranquila. —Rozó sus labios con los míos en un suave beso, uno que me supo a hogar.
Sus labios eran mi perdición. Al principio, sus besos fueron tiernos, pausados, como si quisiera grabar cada sensación en su piel. Pero pronto, la pasión se encendió entre nosotras. Mis manos recorrieron su espalda, sus dedos se enredaron en mi cabello, y cuando su lengua se deslizó entre mis labios, un suspiro escapó de mi garganta.
—Laura… —supliqué contra su boca, y ella me respondió con más besos, con más caricias, con más fuego.
El tiempo dejó de existir. La sentí en cada latido, en cada jadeo contenido, en cada roce de nuestras pieles. Nos entregamos la una a la otra con desesperación, con hambre, con amor. Y cuando finalmente nos detuvimos, con nuestros cuerpos entrelazados y nuestras respiraciones aún agitadas, supe que jamás querría despertar en otro lugar que no fuera a su lado.
—Te amo… —susurró contra mi cuello, dejando un último beso en mi piel.
Me aferré a ella, temblorosa, porque lo que sentía por Laura era demasiado grande para ponerlo en palabras.
Después de unos minutos en los que nos dejamos envolver por la calidez del otro, decidimos levantarnos. Yo tenía que acompañar a Kiral. El funeral de Esmeray estaba cerca, y solo de pensarlo, mi corazón se encogía.
Nos preparamos en silencio, como si habláramos con nuestras miradas. Laura vestía un hermoso vestido n***o que le llegaba a las rodillas, su cabello recogido en una coleta alta y sandalias bajas. Yo opté por unos vaqueros negros ajustados y una camisa del mismo tono. Me recogí el cabello en una coleta dejando algunos mechones sueltos en mi rostro.
Antes de salir, la abracé y besé sus labios con dulzura.
—Te amo… —susurré, sintiendo la necesidad de decirlo.
—Yo también te amo, Luz. Con todo mi ser.
Y con esas palabras, sentí que podía enfrentar cualquier cosa.
—Gracias por estar conmigo.
Su mirada reflejó sorpresa por un instante, pero luego sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Siempre, amor.
Sellamos nuestras palabras con un beso profundo, uno que transmitía todo lo que sentíamos la una por la otra.
Laura se fue a hablar con mis tíos. No quería darles más malas noticias después de lo de Raquel, así que ella se ofreció a hacerlo. Mientras tanto, yo me dirigí al despacho para ver si Kiral quería que lo llevara al hospital. Aunque estaba molesta con él por lo de Raquel, decidí que hablaríamos después del funeral.
Pero al entrar al despacho, un escalofrío recorrió mi espalda. Todo estaba destruido. Papeles esparcidos por el suelo, el escritorio hecho trizas, el pequeño bar destrozado y el licor derramado por todas partes.
Algo estaba muy mal.
—Marcos, ¿Kiral está contigo? —pregunté a través del enlace mental.
—No… Ayer, después de que se fue con Raquel, no lo he visto. Tal vez esté con ella.
—Marcos, Raquel se ha ido —le informé, sintiendo una extraña opresión en el pecho.
—¿Se fue? ¿Por qué? —su voz sonó desesperada.
—Algo sucedió con Kiral. Ella solo dejó una carta despidiéndose, pero no explicó nada.
—Tal vez esté en el hospital… Estoy en camino.
Corté el enlace y me dirigí a la habitación de Kiral. Apenas toqué el pomo de la puerta, una extraña corriente me recorrió el cuerpo. Un mal presentimiento se apoderó de mí. Al abrir la puerta, el aire frío me abrazó como un presagio. La habitación estaba en penumbras, el silencio era sobrecogedor.
No había nadie.
Pero sobre la cama, un pequeño maletín n***o captó mi atención. Me acerqué con cautela y, al leer la nota pegada en la parte superior, sentí que el corazón se me detenía.
"Ábreme a las 2:00 p. m."
Era la letra de Kiral. Miré mi reloj: 11:00 a. m.
¿Por qué quería que lo abriéramos a esa hora exacta?
Nos encontrábamos en la sala de espera del hospital. El ambiente era pesado, lleno de dolor. Mis tíos estaban destrozados. La pérdida de Esmeray nos había golpeado a todos, pero a ellos más que a nadie.
—Hola, bebé… ¿Cómo estás? —preguntó mi madre, rodeándome con sus brazos.
Me aferré a ella, hundiendo mi rostro en su cuello.
—No puedo creer que se haya ido… —susurré, sintiendo las lágrimas arder en mis ojos.
—Todo estará bien, mi amor. Estamos aquí para ti —susurró papá, acariciando mi espalda.
Cuando me separé de mamá, mi mirada se cruzó con la de Laura. Estaba en la esquina, observándome con dulzura. Le guiñé un ojo y le hice un leve gesto para que se acercara.
—Sé que este no es el momento, pero quiero decirles algo —dije con voz firme. Sentí cómo la tensión crecía en el ambiente—. He encontrado a mi compañera, y está aquí. Quiero que la conozcan.
Papá frunció el ceño y miró alrededor hasta que su vista se posó en Marcos. Vi un destello de celos en sus ojos y tuve que contener la risa.
—¿Quién es? Por favor, dime que no es Marcos… Es un buen chico, pero él… bueno… tú ya sabes… —balbuceó, nervioso.
—¡Puaj! No, gracias a la Diosa —solté, haciendo que mamá riera suavemente.
Laura llegó a mi lado, su corazón latía frenéticamente. Tomé su mano para tranquilizarla.
—Les presento a Laura, mi compañera.
Me llevé su mano a los labios y dejé un pequeño beso en su piel. Vi cómo mamá sonreía con orgullo.
—¡Ay, hija! Por fin saliste del clóset —exclamó—. Pensábamos que nunca lo harías.
Me quedé pasmada.
—¿Qué? ¿Pensabas que no lo sabíamos? Por favor, Luz, somos tus padres —rió papá—. Que se lo hayas ocultado bien a tus amigos no significa que a nosotros también.
Solté una carcajada entre lágrimas. Laura estaba roja de la vergüenza, pero en sus ojos había un brillo de felicidad.
🐺🐺🐺🐺
La tensión en la habitación era asfixiante. Todos aguardábamos en silencio, con la mirada fija en el maletín n***o que Kiral había dejado. El reloj marcaba las 01:59. El tiempo parecía alargarse, cada segundo pesaba como una eternidad.
Cuando la aguja finalmente marcó las 02:00 en punto, tomé aire y abrí el maletín. Dentro, solo había un sobre blanco con mi nombre. Temblando, lo tomé y comencé a leer en voz alta.
"Hola a todos.
Sé que se preguntarán qué está pasando, por qué les dejé esta carta y por qué Raquel se ha marchado. Todo tiene una explicación.
No podía permitir que mis sobrinos crecieran sin su madre. Yo sé lo que es vivir sin ella. Vi a mi padre sufrir en silencio, sosteniendo una foto que nunca tuvo el valor de tirar. Lo vi esconder su dolor en un cajón, pensando que nadie lo notaba. No podía dejar que los hijos de Esmeray pasaran por lo mismo. No podía permitir que Sebastián sintiera el mismo vacío que yo. Así que tomé una decisión.
Traje de vuelta a Esmeray, porque sus hijos la necesitan. Ellos merecen sus besos, sus abrazos, sus risas. En cambio, yo… yo no tengo a nadie. Nadie necesita mis caricias, mis abrazos, mis palabras de amor. Así que tomé el lugar que me correspondía en este juego cruel del destino.
Sé que se preguntan por Raquel. También pensé en ella. No quería que sufriera mi partida, así que le di una mentira. La destrocé a propósito. Le dije que no la amaba, que tenía un hijo con otra mujer y que estaba enamorado de ella. Rompí nuestro vínculo. La eché de la manada. No quiero que vuelva, no quiero que se aferre a mi recuerdo. Quiero que viva, que sea feliz en el mundo humano, sin ataduras, sin este dolor.
No me arrepiento de nada. Si pudiera hacerlo de nuevo, lo haría mil veces.
Esmeray, sé que te sientes culpable, pero no lo hagas. Míralos. Míralos y sé feliz. Yo los vi, conocí a tus hijos y me llené de orgullo. Son parte de mamá, parte de mí. Ámalos por los dos.
Y ahora, la manada necesita un nuevo Alfa.
Luz, siempre supe que serías la mejor líder. Desde hoy, la Luna de Sangre es tu responsabilidad. Laura es tu luna, tu compañera. Cuídala. No creas que no lo sabía. No soy idiota, solo me hago el idiota cuando me conviene.
No me lloren. No quiero lágrimas. Quiero que vivan, que rían, que sean felices. Yo estoy bien. Estoy en un lugar hermoso. Y, como sobrino del Dios de la Muerte y la Vida, sé que tengo algunos privilegios aquí.
Nos veremos pronto.
Los amo.
Kiral Valencia King."
La última palabra quedó suspendida en el aire, temblorosa, rota. Me cubrí la boca con una mano, sintiendo cómo las lágrimas corrían por mis mejillas sin control.
El se había ido.
Había sacrificado su amor.
Había sacrificado su vida, su futuro, para darle una segunda oportunidad a Esmeray y a sus hijos.
Se había marchado sin dejar un cuerpo al que velar.
Se había ido… y nos dejó con el alma hecha pedazos.
Pero tenía razón. Raquel no podía vivir aferrada a un fantasma. Tenía que seguir adelante.
Kiral nos dejó un último deseo, y con el dolor desgarrándonos el alma, juré que lo cumpliríamos.
Fin