CAPÍTULO 1. EMPEZAR DE NUEVO-1
CAPÍTULO 1. EMPEZAR DE NUEVO
―Buenas tardes, me presento, soy periodista, he desarrollado mi labor durante los últimos quince años en varios campos, he tratado desde los asuntos de sociedad hasta de política internacional, habiendo perdido mi puesto hace ya dos años. En estos momentos estoy colaborando con una revista sensacionalista cubriendo historias insólitas. Llevo tres meses sin beber y me llamo Antoine.
―Hola Antoine, bienvenido a nuestro grupo ―dijeron las siete personas sentadas a mi alrededor.
―Muy bien Antoine, bienvenido, gracias por hacernos partícipe de tu vida, en mi nombre y en el del grupo te animo a asistir semanalmente a esta hora para contar tus progresos, y recibir apoyo, como grupo que somos vamos a apoyar a los restantes miembros. Me sorprende que lleve tres meses sobrios, que ha debido de ser un gran esfuerzo por tu parte, la mayoría de los que están aquí precisan de varios intentos para superar la semana sin beber ―dijo la psicóloga.
―Bueno, no sé por qué he venido aquí, quería saber cómo era recibir ayuda, aunque no sé si la necesito ―dije intentando justificar mi presencia ante aquel grupo.
―Todos la necesitan, y es bueno pedir ayuda, por lo que me dices, tu camino ha empezado hace tiempo, felicidades ―remarcó con tono cordial la psicóloga.
―Felicidades Antoine ―dijeron todos casi al unísono.
Me sentía raro en aquella situación, es como si me estuviese confesando, pero lo hacía ante verdaderos extraños, aunque todos tenían el compromiso de guardar silencio.
Para mí, había sido muy difícil acercarme a este centro, de hecho, había estado dudando hasta el último momento, incluso en la puerta me preguntaba si sería una buena idea o no.
Había escuchado en la televisión la publicidad que emitían, «Una ayuda a tiempo para superar un problema difícil».
Me había informado y sabía que hoy tenían reunión, y tras hablar brevemente por teléfono con la psicóloga, que ahora estaba dirigiendo al grupo, me había invitado a asistir como participante.
Tal y como les dije, desde hacía poco tiempo había vuelto a trabajar, la baja médica se había alargado con un período de desconexión por mi parte, lo que había provocado mi despido.
Eso no había sido suficiente motivación para mí, por lo que había seguido en ese estado hasta hace cuatro meses, cuando un antiguo compañero de carrera me llamó diciendo,
―Quiero que cubras una noticia, sé que ahora no estás trabajando, pero eres al único al que puedo recurrir.
―¿Quién eres? ―pregunté sorprendido ante aquellas palabras que me había dicho nada más descolgar el teléfono.
―Soy Albert, tu compañero de facultad, con el que tuviste tantos problemas en tercero de carrera ―dijo una voz con tono cálido al otro lado del teléfono.
―¿Y cómo se te ocurre llamar para pedirme ayuda después de aquello? ―pregunté molesto al recordar de quien se trataba.
―He oído que ahora vas por libre, que dejaste tu último trabajo, necesito alguien para que me cubra una noticia urgente ―volvió a insistir.
―No sé quién te ha informado, pero no estoy buscando trabajo ni estoy interesado en hacerlo en estos momentos ―repuse enérgicamente.
―No me digas que todavía estas así, ya han pasado dos años, asúmelo, no fue culpa tuya ―dijo con tono de reproche.
―Eso lo dices con demasiada ligereza, no estabas allí, no sabes lo que pasó ―dije indignado, sintiéndome cada vez más alterado.
―Todos lo vimos, tu no podías saberlo, no pudiste hacer nada ―continuó insistiendo en su postura con voz calmada.
―Ni lo menciones, cada noche cuando cierro los ojos veo aquel momento, no necesito que nadie me llame para recordármelo ―dije a punto de colgarle, pues el tema de conversación se había convertido en algo desagradable para mí.
―Disculpa, sólo quiero que me hagas este favor, después no te pediré nada más ―respondió volviendo a su petición inicial con tono conciliador.
―¿Un favor?, ¿y cómo me lo vas a pagar? ―pregunté tratando con ello de disuadirle para terminar la conversación.
―Te daré diez de los grandes ¿te parece bien?
Personalmente no estaba dispuesto ni preparado para hacer ningún trabajo, cuando a punto de colgar escuché aquella cantidad y esperé.
Aquella era una buena oferta, pero no fue eso lo que evitó que colgase, algo dentro de mí se removió, es como si hubiese vuelto a los buenos tiempos en los que se me valoraba y me buscaban para realizar distintos trabajos.
No era por el dinero en sí, sino por el interés que estaba mostrando.
Tras pensarlo durante unos breves momentos respondí entusiasmado, pero controlando mi tono de voz, mostrándome como si estuviese desganado pregunté,
―¿Y de qué se trata?, ¿qué político viene ahora a la ciudad?
―No me dedico a ese tipo de periodismo, ni al de sociedad, más bien hago algo alternativo ―respondió como esperando mi siguiente pregunta.
―¿Qué significa alternativo?, pues conozco la música alternativa, el arte alternativo, y hasta los deportes alternativos, pero ¿qué es eso de periodismo alternativo?
―Bueno, llámalo como quieras, se trata de cubrir noticias que otros no cubrirían, por considerarlas poco creíbles ―respondió justificando su trabajo dando a entender que no era valorado por todos.
―¿Sensacionalista? ―pregunté con tono de sorpresa al no dar crédito a lo que oía.
―Prefiero llamarlo alternativo ―contestó con mucha calma.
Aquello era el colmo, era caer en lo más bajo del periodismo, donde la información nunca es contrastada, basada sólo en las declaraciones de testigos que creen haber visto u oído hechos que el resto de la población nunca ven ni oyen.
Informando sobre la aparición de luces en el cielo, cultivos aplastados que forman dibujos geométricos y otros tantos fenómenos extraños.
Para mí, con todo lo que había llegado a conseguir, era caer muy bajo.
―No sé si estoy interesado ―dije dubitativo mostrando mi desacuerdo con este tipo periodismo.
―Sólo serán unos días, ni siquiera te llevará una semana conseguir la noticia, si lo escribes bien lo publicaré en primera plana ―remarcó la voz al otro lado del teléfono.
Bueno, eso me gustaba, era muy difícil de conseguir que una noticia apareciese en la primera página ya que normalmente estaba reservada para los grandes titulares, era todo un logro para cualquier periodista, pero ¿en una revista sensacionalista?
Pensándolo despacio quizás no era del todo una mala propuesta, puede que fuese el momento de retomar mi vida como periodista, y este podía ser el empujón que estaba esperando, un buen titular, una primera página con ello podría volver, aunque fuese por la puerta de atrás, a este mundo tan competitivo.
Después sería cuestión de hacer un par de llamadas y estaría de nuevo en activo, como columnista de algún periódico nacional, por lo que tragándome el orgullo le dije,
―Antes de aceptar, me gustaría saber cuál sería la noticia que tendría que cubrir.
―Quiero que investigues el nacimiento de un bisonte ―dijo con tono de satisfacción al ver mi buena disposición.
―¿El qué?, ¿un animal?, ¿y quieres que ocupe la portada con un animal? ―pregunté incrédulo y casi molesto en lo que consideraba una broma de mal gusto.
―No importa qué tan bueno hagas el artículo, si consigues una buena foto te lo público en la portada, propuestas así no las tendrás todos los días ―dijo rápidamente para calmarme.
No sabía cómo iba hacer ese trabajo, entrevistaría al cuidador del animal y ya estaría hecho todo ¿y por eso me iba a dar diez de los grandes?
Me parecía como robarle un caramelo a un niño, aunque ese dinero me vendría muy bien, pues mi reserva de liquidez empezaba a decaer y tarde o temprano tendría que buscar trabajo para pagar mis gastos.
Había estado viviendo de lo que había conseguido acumular durante mi exitosa carrera, pero un dinero así, como caído del cielo, siempre es agradable.
―Acepto, acabas de contratar al mejor periodista retirado de esta parte del país, dame las señas y hoy mismo me pondré a trabajar en ello ―dije con entusiasmo.
―Sabía que aceptarías, no has cambiado a pesar del tiempo transcurrido, nunca dejas pasar una buena oferta. Espero recibir pronto tus avances.
Una vez me dio las indicaciones más concretas de a dónde debía de dirigirme para encontrar a ese animal, colgué y me quedé como traspuesto, pensando en lo que me acababa de suceder y cómo había cambiado mi vida en un instante.
Había aceptado y me tenía que preparar para hacer bien mi trabajo, no tanto por lo que pudiese decir mi nuevo jefe, sino porque era muy exigente y me gustaba que todo saliese bien, hasta el último detalle.
Al principio no sabía bien por dónde empezar a buscar, intenté averiguar lo que sabían otros compañeros y tras hacer un par de llamadas me enteré de la noticia, la cual anoté en mi cuaderno de campo, «Un bisonte blanco había nacido en una reserva, todos estaban felices de la llegada de aquel animal».
Bueno, eso me parecía suficiente para empezar a escribir el artículo, a decir verdad, podría terminarlo desde mi casa, sin necesidad de ir a ningún lado, bastaría con que revisase algunos datos de sucesos similares anteriores para completar la información que me faltaba y con eso acabaría el trabajo encargado.
Pero todavía me quedaba solventar lo de la foto de la portada ¿de dónde la sacaría?, la tendría que tomar in situ, aunque podría mandar a alguien para tomarla, me gustaba encárgame personalmente de hacer mis trabajos.
Mi lema en la vida era «un buen trabajo sólo se consigue haciéndolo uno mismo».
Muchos colegas me habían criticado mi falta de compañerismo, al no compartir con ellos toda la información que conseguía, pero prefería que cada uno trabajase su propia noticia, y no se conformasen con aprovecharse de lo que otros hacían.
Me decidí a preparar el viaje, para ello lo primero que hice fue realizar un par de llamadas para estar seguro hacia dónde debía de dirigirme, pues la reserva a visitar era bastante grande.
Con ello me enteré de su localización y de que precisaba de un permiso especial para entrar allí, eso me había sorprendido, no creía que necesitase autorización alguna para andar en por mi país de acogida, pues ya era ciudadano canadiense conseguido tras haber pasado todos los rigurosos trámites, cumpliendo los cinco años de permanencia en el país, pagando religiosamente mis impuestos y no habiendo tenido ni una multa de tráfico en todo ese tiempo.
Para obtener esta autorización tuve que acercarme a una oficina, era una pequeña delegación cultural de ese pueblo indígena al que iba a visitar, fue allí donde me comentaron lo que necesitaba para conseguir ese permiso, además de esto el encargado me dijo,
―Tiene que llevar un tipo de indumentaria distinta a la usa ahora, será mejor que vaya con pantalones y camisa tejana, plumífero, guantes y gorro.
Al escucharlo protesté, pues me gustaba vestir con traje marrón oscuro sobrio y camisa blanca, por lo que repuse molesto,
―No creo que sea necesario llevar esta indumentaria, sólo voy a entrar a hacer unas fotos.
―Es mejor que vaya bien abrigado y con ropa cómoda, pues aquello es el campo y ya hemos tenido alguna mala experiencia con turistas que iban poco preparados y que al final sufrieron algún tipo de accidente ―dijo el encargado de la oficina el cual vestía un traje típico de su pueblo.
―¿Qué tipo de accidente? ―pregunté sin saber a qué se refería.
―Que hayan tenido que salir corriendo despavoridos de algún animal salvaje o que se hayan caído en alguna charca.
Aquello me sorprendió, ese trabajo parecía que se me iba complicando por momentos, para mí no era ninguna dificultad ir con la indumentaria que me pedían, ya que estaba acostumbrado a modificar mi vestuario en función del lugar al que me dirigiese, así si asistía a un evento social, lo hacía con frac, y en cambio sí era uno deportivo lo hacía con ropa cómoda, chubasquero y pantalones de lino.
“Todo sea por un trabajo bien hecho”.
―¿He de tomar alguna otra medida o cumplir otro requisito? ―pregunté algo molesto.
―Además es conveniente que lleves algún tipo de regalo a los niños de la reserva.
Bueno eso ya era el colmo, aprovecharse de mí de esa forma, aunque supongo que no tendrían demasiadas visitas a lo largo del año, ¿por qué no aprovecharse del que va?
Con cara de pocos amigos protesté diciendo,
―¿A qué viene esta exigencia?, no tiene ningún sentido.
―El jefe de la aldea a la que vas, va a ser al final quien te dé el pase o no a esa comunidad antes de que puedas entrevistar a nadie, debes de ganarte su confianza y su corazón ―dijo con voz serena y mirada penetrante.