CAPÍTULO 1. EMPEZAR DE NUEVO-3

2019 Words
Con esfuerzo seguí avanzando, aunque sabía que algo no iba bien, me sentía agotado, llegó un momento en que no podía moverme del lugar, es como si mis piernas se hubiesen quedado hundidas en el barro y mis brazos pesasen cada vez más, de repente sentí un fuerte latigazo, que iba desde el pecho a mi brazo izquierdo, un dolor tan intenso que tuve que dejar caer aquellas pesadas bolsas que llevaba llenas de regalos. Mi brazo no me respondía se había agarrotado, mis dedos se habían cerrado y el dolor era cada vez más intenso. No sé fue el frío o el dolor lo que acabó con las pocas fuerzas que tenía e hizo desmayarme, entonces todo se oscureció. Cuando me desperté al principio no conseguía abrir los ojos y poco a poco empecé a recuperarme, tenía una sensación rara sobre lo que me rodeaba es como si fuese diferente, sentía un calor próximo, un extraño, pero agradable aroma y un sonido que cada vez se iba haciendo más y más intenso. Todo esto lo sentía cuando de repente algo calló sobre mi cuerpo, era como el rocío de la mañana o las primeras gotas anunciando la lluvia. Era una sensación de humedad que contrastaba con el calor ambiental, abrí los ojos e intenté incorporarme, cuando para mi sorpresa me di cuenta de que estaba desnudo y que a mi alrededor había varios hombres y mujeres mirándome. Pude ver que aquella melodía que escuchaba provenía de un hombre que estaba dando saltos alrededor de donde estaba tumbado, cantando repetitivamente una canción, moviendo algún tipo de sonajero con una mano mientras que en la otra tenía una botella de coñac. “Bueno, si esto es una fiesta me apunto, que me den algo de coñac” pensé. Pero al intentar incorporarme un poco más, me di cuenta de que sobre mi cuerpo había varios montones de ramas secas, quizás era musgo, no lo sé, pero tenía un color extraño y un olor poco agradable. Volví a mirar a mí alrededor y nadie pareció darse cuenta de que me había despertado a pesar de que todos tenían los ojos abiertos mirándome fijamente. El único que había variado lo que hacía fue aquel que estaba dando vueltas a mí alrededor, el cual viéndome despierto e incorporado dejó de hacerlo, se llenó la boca con el coñac y me lo echó encima. Era eso lo que había sentido antes, ni rocío, ni gotas de lluvia, era coñac. Bueno “como me había levantado bien, no me iba a pelear con nadie ―me dije―. Además, el olor a coñac nunca me ha ido mal”. Me terminé de incorporar y me senté. El hombre dejó sus cánticos, y se salió del círculo que formaban el resto de los asistentes sin siquiera intercambiar unas palabras conmigo. Estaba allí en medio, rodeado de aquellos hombres y mujeres y no sabía qué hacer o decir, era el centro de atención creo que nunca me había sentido tan ridículo como en ese momento, desnudo ante todos aquellos desconocidos, con lo que lo único que acerté a decir fue, ―Hola. ―Bien, ya hemos terminado, el visitante ha vuelto, dejémosle descansar ―dijo una voz femenina que provenía de alguien situado a detrás mía. Me volví para ver quién había hablado y me di cuenta de que era una mujer de pelo cobrizo, alta y delgada. Tras las palabras de ella todos los asistentes se levantaron, quedándose únicamente la mujer que había hablado, y mirándola de frente la dije, ―Muchas gracias por entenderme, por favor ¿me puedes decir dónde estoy?, ¿qué estoy haciendo aquí?, ¿dónde están mis ropas?, ¿y el resto de mis cosas? ―No te preocupes por nada, que ya estas a salvo, descansa toda la noche y mañana te responderé a tus preguntas. La verdad es que no quería descansar más, por primera vez en mucho tiempo había dormido tranquilamente, sin sobresaltos nocturnos, estaba acostumbrado a despertarme en mitad de la noche con el corazón acelerado y empapado en sudor al revivir lo que había sido el momento más difícil y traumático de mi vida. Pero en cambio ahora, ¡espera!, ¿me ha dicho que descanse la noche?, cuando llegué era media tarde, entonces ¿dónde he pasado ese tiempo? Hice un esfuerzo por rememorar lo acontecido ese día, así recordé la carretera que había traído hasta adentrarme en el bosque, el haber parado y preguntado, las indicaciones de aquel hombre, el haberme adentrado por el bosque hasta que…, no conseguía recordar nada más de lo que había sucedido a continuación, a pesar de mis intentos todo estaba borroso en mi mente, no sabía cuánto tiempo estuve en el bosque, ni cómo había llegado a la casa donde estaba, ni siquiera haber cenado. Intenté decir algo a la mujer que venía con una gran manta, quizás la piel de algún animal, me la echó por encima y me dijo con voz dulce, ―Descansa, que todavía lo necesitas. Así lo hice, en realidad no tenía ninguna prisa, pues estaba precisamente donde quería, en la reserva con la tribu a la que quería entrevistar, no conseguía recordar cómo había llegado, pero lo había hecho. “Mañana empezaré mi trabajo entrevistando al dueño de aquel animal y quizás al jefe de la tribu” todo eso me lo decía a mí mismo mientras mis ojos se cerraban lentamente y la penumbra se iba apoderando de mi mente hasta que me debí de dormir profundamente. Al día siguiente me desperté como nuevo, que ese segundo sueño había sido reparador, tras despejarme me incorporé, miré por todas partes y vi delante de mí que había una mujer, su rostro me sonaba, aunque no sabía de qué. Viéndome incorporar me dijo, ―¿Has dormido bien? ―Sí, muchas gracias ―Aquella tonalidad de voz la sentía como conocida o familiar, pero no conseguía saber cuándo la había escuchado antes, además tenía una sensación agradablemente extraña, pues normalmente me levantaba por las mañanas malhumorado y con una necesidad de beber que no se me pasaba hasta que no tomaba mi primera copa, pero en ahora era diferente, me encontraba tranquilo y sin no tenía sed. ―Has tenido suerte de que te encontremos nosotros, podías haber terminado siendo pasto de los lobos ―dijo la mujer poniéndose seria. ―No creo que haya por aquí esos animales ―contesté incrédulo. ―Poco conoces de estos bosques y no son ellos los más peligrosos ―me remarcó la mujer. No sabía por qué me decía aquello es como si me intentase meter miedo, a pesar de ello la dije, ―Gracias a ti y a tu pueblo, por haberme acogido, por cierto ¿dónde habéis dejado mis ropas? ―Estas no te servirán de mucho sin secar, estaban empapadas, pues te habías caído a un charco. ―¿Qué caída, qué charco? ―Yo no sabía nada de eso, para mí todo estaba todavía borroso, recordaba la carretera, que me alejaba de ella y me adentraba en el bosque, eso era todo. ―Uno de los niños del pueblo te vio a lo lejos y te estaba siguiendo y según nos dijo, te agarraste el brazo y te caíste. ―¿El brazo? ―me lo toqué, es cierto, algo me pasaba, ahora me lo sentía perfecto, pero ¿por qué habría sido?, no conseguía recordar, eso es algo que tendría que averiguar, pero mi prioridad ahora era levantarme y salir de aquel lugar por lo que la dije―. Supongo que me podrás dar algo para ponerme mientras. ―Sí, ahí delante lo tienes ―me dijo señalándome a una mesa que tenía enfrente. ―Esto es un vestido ―dije extrañado tras revisar la ropa que había allí. ―El que hemos podido proporcionarte, utiliza este cinturón, si quieres ceñírtelo a la cintura. Ella se reía mientras lo decía, pero no entendía porque, a pesar de mis reticencias iniciales y viendo que no había otra prenda que ponerme la hice caso y me puse como pude aquel vestido, el cual tenía muchos flecos, parecía un traje realizado con bastante laboriosidad por la cantidad de detalles bordados, después me puse el cinto que me había dado la mujer y tras calzarme con unas babuchas me dirigí hacia la puerta. Nada más salir detrás de aquella mujer, un grupo de niños que me estaban esperando se empezaron a reír, igual que la mujer. Aquello me desconcertó, no entendía lo que sucedía, aunque me volví a sentir ridículo como cuando estaba desnudo delante de aquellos hombres y mujeres del poblado. Ella tras hacer un esfuerzo por controlar su risa se volvió hacia mí y me dijo, ―Ven a dentro, era solo una broma, te daré ropa adecuada ―Y dándose la vuelta hacia donde estaban los niños, les dijo unas palabras y todos salieron corriendo, riendo y gritando, a continuación, me dijo―. Perdona es que es difícil que tengamos visita. ―Ya veo porqué ―dije con cierto tono de humor. La risa de aquellos niños había sido contagiosa a pesar de haber sido el motivo de su burla. Entramos en la cabaña y ella levantando una tela que había sobre una tarima descubrió una blusa y un pantalón y me dijo, ―Mira a ver si te sirven, creo que esto te estará mejor. Mientras me cambiaba de nuevo quise aprovechar aquella para preguntarla sobre lo que me había traído hasta esas tierras diciendo, ―¿Es cierto que tenéis un bisonte blanco? ―¿Qué más da el color de los bisontes? ―preguntó ella con un gesto de no entender el motivo de mi pregunta. ―Bueno, a mí personalmente, me da igual, pero soy periodista y me han mandado para hacerle una foto al animal ―aclaré para obtener su colaboración. ―Eso no va a ser posible ―dijo la mujer con tono firme. ―¿Cómo que no?, es solo una foto ―repliqué con sorpresa ante su negativa, cuando hasta ese momento se había mostrado tan complaciente. ―Aquí los animales son libres y salvajes, van y vienen a su antojo, nosotros sólo somos vecinos ―dijo con una amplia sonrisa. ―Bueno, vecinos…, tenéis derecho a cazarlos ―puntualicé con una sonrisa burlona. ―Sólo los que necesitamos para vivir, conocemos la fragilidad de nuestro ecosistema y la dependencia mutua que tenemos ―dijo con desdén. Esa contestación me extrañó y debió de reflejarse en mi cara, porque enseguida ella me preguntó, ―¿Sorprendido?, he estudiado en la gran ciudad, he vivido allí durante años y luego he decidido regresar con los de mi r**a. ―¿Has estudiado en la universidad? ―pregunté asombrado intentando confirmar aquello que me decía. ―Si así es, he estudiado ciencias ambientales y antropología social ―dijo a la vez que asentía con la cabeza. ―Perdona, creía que vosotros permanecíais alejados de la sociedad, sin apenas contacto ―dijo con sorpresa. ―Eso era antes, hasta que llegaron los ganaderos, cazadores y comerciantes, todos querían sacar algo de nuestras tierras y de nosotros, nos hicieron mucho daño, nos robaron y engañaron, es nos obligó a tener que aprender las costumbres de los blancos, saber cómo pensaban y cuáles eran sus leyes. Algunos de nosotros fuimos enviados a estudiar y aprender de vosotros, para estar preparados ante cualquier blanco que venga. Aquello me parecía increíble, era como si el movimiento indígena de años anteriores hubiese vuelto a surgir, no sé si era algo generalizado en aquel pueblo o sólo producto de la juventud de aquella mujer, me había impresionado sus palabras y la dije, ―Según me comentas, estudiaste ciencias ambientales ¿por qué motivo? ―pregunté interesándome por lo que le había llevado a estudiar esa carrera. ―Mi pueblo necesitaba alguien que supiese defender nuestros recursos naturales, que pudiese entender sus informes y plantearle nuestras condiciones. Y la carrera de antropología la hice precisamente para reivindicar nuestra tradición y cultura, siendo nuestra forma de ser y pensar nuestras señales de identidad. Así descubrí la importancia de dejar constancia de todo por escrito, y desde que acabé llevo varios cuadernos donde recojo nuestras actividades diarias, costumbres, ritos e incluso nuestro idioma, así como los hechos más importantes que nos suceden. ―¿Todo eso para publicarlo? ―Todo eso para dejar constancia de lo que somos y lo que queremos. ―Y de ese animal ¿dejaste constancia? ―Sí, el animal fue visto la primavera pasada, tengo recogida la narración de boca de los testigos, voy a por los cuadernos para mostrártelo. Y se marchó dejándome sólo esperando. ―Quisiera pedir un aplauso para Antoine, por su presentación ―dijo uno de los asistentes. Volví en mí, me había dejado ir por mis recuerdos sobre lo que me había pasado hacía unos meses, aquello que había cambiado mi forma de ver la vida, y me había ayudado a dejar la bebida. En realidad, había asistido aquella noche para hablar a solas con la psicóloga cuando terminase la reunión, por lo que quise ser participativo.
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