Capítulo 11 Determinación en la desesperación Gabriel caminaba por los pasillos de la escuela con la mandíbula tensa y los puños cerrados. Cada paso retumbaba en su cabeza como un martillo. No escuchaba a los alumnos, ni los saludos, ni el ruido cotidiano del edificio. Solo una frase giraba sin descanso en su mente: No puedo perderla. No puedo. La desesperación se le había vuelto una segunda piel. Al cerrar la puerta de su oficina y encontrarse con Javier, su abogado, sintió cómo el aire se le comprimía en el pecho. No era una reunión más. Era el momento de dejar de sobrevivir y empezar a pelear de verdad. No podía permitir que la vida vacía, fría y superficial que Andrea había detestado en su infancia se convirtiera en el destino de Florencia. Andrea se lo había contado tantas vec

