Capítulo: El juego apenas comienza Era viernes por la mañana y el día parecía arrancar con una normalidad engañosa. Gabriel y Flor habían dejado a Dylan y a Florencia en sus actividades escolares, intentando comportarse como cualquier otra pareja de padres. Sin embargo, ambos sabían que ya nada era simple. Estaban dando los primeros pasos de un plan improvisado, frágil, que debía sostenerse con precisión… y convicción. Mientras caminaban hacia el auto, Gabriel se ajustó la chaqueta y habló con aparente tranquilidad: —Tengo que pasar por el hotel del centro. Un cliente dejó unos documentos para mí. No me va a llevar más de cinco minutos. Flor asintió sin dudar. —Está bien. No tengo apuro. El trayecto fue silencioso, pero no incómodo. La complicidad entre ellos empezaba a sentirse más

