Capítulo 10 Una fuerza despierta Las semanas que pasé con Gabriel y Florencia fueron un torbellino de emociones. Cada día estaba lleno de pequeños momentos que oscilaban entre la alegría más genuina y los silencios cargados de pensamientos. Nos movíamos entre las risas de Florencia y Dylan, que corrían por la casa sin saber nada del peso que los adultos llevábamos encima. Los cuentos antes de dormir, las cenas improvisadas y el desorden cotidiano terminaban siendo más divertidos que perfectos. Aun así, la sombra del pasado nunca se iba del todo. Se quedaba, discreta, instalada en los gestos, en las pausas, en aquello que ninguno se animaba a decir. Gabriel hacía un esfuerzo enorme por mostrarse fuerte, pero estaba roto. Lo veía en la manera en que su mirada se perdía cuando alguien nomb

