CAPÍTULO UNO: DIGNIDAD.
Mariela.
Salimos del taxi y agarré la mano de Lis, quien llevaba un morral colgando en la espalda con apenas unas pocas pertenencias. En mi otra mano sostenía mi maleta, repleta de artículos personales y lo necesario para el viaje.
«Después tendremos más cosas, de a poco», pensé.
Sin decir una palabra, comenzamos a caminar directamente hacia los autobuses estacionados. No miré atrás ni a los lados. Tampoco me detuve a buscar con la mirada el lugar donde supuestamente trabajaba esa mujer que se había entrometido en mi matrimonio y destruido el hogar que construí durante años.
¿Debería agradecerle? ¡Qué irónico! Quizás sí, tal vez no. Eso solo el tiempo lo dirá.
«En la lejanía, en un lugar recóndito dentro del terminal, Enrre se encontraba mirando. Su hija Lis y Mariela estaban a punto de abordar el bus que pondría fin, definitivamente, a su relación de años».
Nos paramos frente al carro que nos llevaría a nuestro destino. Lejos de todo y de todos.
—¿Valencia? —pregunté al señor que se encontraba parado en el borde de la puerta del bus.
—Sí —afirmó. Nos guio hasta señalar el asiento.
—Gracias —dije. El señor se marchó murmurando que en media hora saldríamos.
Lis se deslizó en los asientos; se quedó junto a la ventana. Ahí, justo donde la quiero. Así ella se distrae, para que no inicie y formule tantas preguntas que ahora no estoy dispuesta a responder.
FLASHBACK
—¡Mami! —gritó Lis desde afuera. Salí a ver qué pasaba.
El corazón se me agitó al ver a Enrre sentado en la orilla de la acera.
«Borracho».
Rodé los ojos con fastidio al verlo en ese estado. «¿Qué hace aquí? ¿Qué quiere? ¿Qué busca?».
—Enrre —dije, llegando a una distancia prudente—. ¿Por qué vienes así y en ese estado? —pregunté molesta.
Murmuró palabras que no logré entender, que no me esforcé en preguntar, y luego se dejó caer hacia atrás. Comenzó a llorar delante de su hija y de mí.
—¿Te vas? —dijo con sus palabras torpes que apenas pude entender.
«¿Cómo se enteró?», pensé. «Lis», susurré para mis adentros, llegando a la conclusión de que fue ella quien tuvo que haberle dicho.
No respondí. Me dirigí a mi hija y pronuncié:
—Bebé, ve un momento adentro —le indiqué—. Dame unos minutos con tu papá.
—Sí, mami —se fue corriendo adentro de la casa. Ella desde adentro nos vigilaba, aunque desde la distancia no podía oírnos.
—Sí —dije con dureza. Enrre lloró con más intensidad; en vez de conmoverme, lo único que logró fue que me riera de pura burla por lo ridículo que se veía.
No dije los motivos por los cuales tomé la decisión de salir de la ciudad y dejar mi casa y mi familia.
—Solo te diré dos cosas —dije solo para que lo tenga presente y esta vez espero que sí se acuerde de mis palabras—. Me tomaré las vacaciones escolares de Lis —inicié— para encontrar un trabajo —continué—. Si logro encontrarlo en el tiempo determinado, nos quedamos y, si de lo contrario no encuentro un motivo que me detenga, regresaremos.
Dos verdades que no tenía por qué decírselas y, aun así, se las hice saber. Me aferré a lograr mi cometido para así no volver jamás ni depender de él.
FIN DEL FLASHBACK
El paisaje verde de las montañas pasa fugazmente por mi visión, desapareciendo instantáneamente. Escucho la voz de mi hija, que me saca de mis pensamientos.
—¡Mami! ¿Cuándo volvemos?
Su pregunta me agarra de sorpresa en este momento.
«Lis no sabe que mis intenciones son no volver».
No debería de sorprenderme, ya que ella desde los cuatro años comenzó a preguntarlo todo.
—No sé, bebé —le estoy siendo sincera—. No sé, todo depende de cómo me vaya, de si encuentro el empleo.
—¿Papi vendrá con nosotras después?
Suelto un suspiro al escucharla. Ella me vio en innumerables ocasiones llorando por su papá y, aun así, aunque le dije que estaríamos separados, sigue preguntando.
¿Cómo le digo o le explico que no estamos juntos por culpa de él y no por mí? ¿Que es después de descubrir que me engañó con esa mujer? Que la rabia y la ira me cargaron por su traición. ¿Cómo le explico que, luego de calmarme, se me vino a la mente cómo vamos a sobrevivir si dependemos de él, de su dinero?
¿Cómo le explico que pensé perdonar su traición con tal de que a ella no le falte nada, y que me cansé de llamarlo más de una vez diariamente para hablar y solucionarlo? ¿Cómo le explico a mi hija que me humillé buscándolo y aceptando que la ira me ganó en vez de darle oportunidad de explicarse o excusarse, y que él aprovechó cada segundo para restregarme en la cara que lo nuestro había acabado para toda la vida?
Que incluso ya no teníamos remedio y, aun así, insistí durante tres meses hasta que me cansé de que me humillara; me cansé de darle la oportunidad de trapear el suelo conmigo, llevándose mi dignidad. Que gracias a todas esas cosas tomé la decisión de marcharnos; que gracias a su crueldad dejé de llorar por él y que, gracias a él, estamos rumbo a una nueva oportunidad... sin él.
NOTA:
Hola. está historia es hecho reales. si le incomoda no la lea. evite insulto a la protagonista y evite molestias. El que esté libre de pecado que lancé la primera piedra.
espero que se sienta identificada de alguna manera con esta novela que como yo ahí muchas que pasaron por situaciones parecidas.
Realmente no quería volver a escribir está historia por qué es revivir emociones dolorosas. pero me han escrito y aquí la tiene espero que le den amor.