Catalina Creel era una obra maestra del engaño....El eco de los aplausos aún resonaba en la sala de conferencias mientras ella bajaba lentamente del escenario, flanqueada por Rodrigo Téllez y dos asistentes que fingían nerviosismo, pero sabían perfectamente el papel que debían interpretar. Cada gesto, cada mirada, cada temblor de voz había sido ensayado como una ópera macabra. Afuera, los medios esperaban hambrientos por una imagen suya, por una palabra, por una lágrima que sellara su redención mediática. Pero Catalina no les dio nada más. Sonrió con calma, saludó como una santa perdonada por la Iglesia, y subió a su auto escoltada por la misma policía que un día la había esposado....En el interior del coche, la sonrisa se desvaneció. —Rodrigo —murmuró con voz tan fría como el cristal d

