Las ideas de Irina me estaban comenzando a desagradar. Simplemente ella y yo no éramos parecidas. Insistió en que hoy llevara un vestido n***o floreado que había comprado en una tienda. —Tienes que dar una muy buena impresión —dice arreglando mi cabello—. Si él piensa que te arreglaste por él, pensara que te gusta mucho... —Irina, odio esto —gruño. —Pero él lo va a amar —gruñe de vuelta jalando mi cabello. —Maldita sea Irina... —Sí, maldita seas Irina —brama Max desde la puerta. Últimamente se había puesto más fastidioso y metiche. Sabia porque Max tiene que estar al tanto de todo lo que sucedía, era el que daba, al final de la misión, el reporte de todo lo que dijimos e hicimos. Pero ahora... ahora no quería contarle nada, tal vez en otro momento lo haría. —Hoy estoy de humor, así

