—Nadie te dijo que vinieras —duce entre diente Max. —Si esta como aburrida —concuerda Scarlett. —Esta es mi habitación de juego, solo yo puede entrar y solo yo puede permitir que tú entres —dice la niña. —Ohh —ruedo los ojos. —Deberías agradecerme que te permito entrar... —Daisy se cruza de brazos en espera de mi agradecimiento. —Oye niña —me bajo un poco para quedar a su nivel de altura—. Yo no te pedí venir, tu deberías agradecerme de que vine. —¡Eres insoportable! —chilla enojada. La habitación de Daisy era todo un sueño para cualquier niña. Tenía una decoración de princesa, las paredes tenían una especie de dibujos que simulaban un pueblo de la edad antigua, habían vestidos guindados, una mesa para toma té y un... ¿Eso es un tobogán? —¿A dónde da ese tobogán? —pregunto acercánd

