Sus pupilas se quedan clavadas en mí, como si pudiera verme a través del pasa montañas, pero no es así. No ha visto mi rostro, no sabe quién soy y que ya he besado sus jugosos labios, escuchado sus gemidos y sentido cómo es que siente su inmensurable placer estallar sin control. Me relamo los labios viendo los de ella, porque se denotan apetitosos provocándome un cosquilleo en mi nuca. ―Sí, eres él…te he visto ―balbucea. Alza sus brazos acercando sus manos hacia mí, las coloca en mis hombros y busca levantarme el pasa montañas. Le detengo sujetando sus muñecas. Se abalanza hacia mí y me besa los labios por encima de la tela. ―Déjame besarte de mejor manera ―pide calentándome. Niego con la cabeza. Parezco un idiota que no habla. ―Vamos, no seas aburrido, tengamos sexo en el baño

