| Delirio oscuro |

2615 Words
Mi abuelo se va, finalmente con sus hombres haciéndome respirar. El que esté en mi lugar de trabajo me pone ansiosa y en estado de alerta. Camino suavizando mi cuello pensando en lo que acaba de decirme, como una bomba fulminante para mí. La mente se me vuelve un caos, en mi cabeza da vueltas la idea de que debo de casarme con un mafioso de forma obligada. Un matrimonio… ―¿Te encuentras bien, Alora? ―Pregunta Dalton haciéndome detener mis pasos y alzar el rostro encontrándome con sus ojos claros. ―No me siento muy bien, ¿habría algún problema si me retiro antes? ―Cuestiono porque no creo poder seguir trabajando si no resuelvo esto con mi abuelo y le pido una explicación. Me da una sonrisa ladeada posando su mano en mi hombro, mismo que levemente acaricia. ―No hay problema, ve a casa y descansa ―dice a lo que dejo salir un suspiro de alivio. ―Gracias, Dalton ―digo apresurando mis pasos para buscar mis cosas e irme. ** Abro la puerta de mi apartamento y lo primero que mis ojos ven es a los lacayos de mi abuelo y a él sentados en mi sofá. Vislumbro a Lorenzo; amigo de la infancia y camino hacia él abrazándole. Me responde el abrazo y solo estoy un poco alegre porque no nos veíamos desde que me fui de México. ―No sabía que me habías extrañado tanto ―dice en español siendo sarcástico. Sus ojos miel y cabello oscuro combinan bien con su aspecto de “matón” es muy bueno en defensa y mi abuelo lo mantiene a su lado. Además de que le tiene aprecio al verle crecer a mi lado. ―No lo hice, pendejo ―espeto manoteándole en pecho. Se saca un cigarrillo encendiéndolo―. ¿No me vas a ofrecer? ―Pregunto. Hace ademán de darme uno. ―Sin fumar, Alora ―interviene mi abuelo. Ruedo los ojos cruzándome de brazos luego de tirar mis cosas al suelo―. Dices que debo casarme, asistes a mi trabajo, invades mi sala con tus mafiosos y ahora no me dejas fumar, ¿qué más quieres? Ya mátame ―espeto molesta. ―No hagas drama. ―¡¿Por qué debo casarme con un mafioso?! ¡¿Acaso no has notado que deseo escapar de tu mundo?! ―Ladro. ―Te quedaste sin opciones, Alora. Te he criado como princesa del cartel, y no puedes contraer matrimonio con cualquiera, solo por medio de alianzas, misma que es necesaria en este momento ―dice con dureza. ―¿Por qué? ¿Debes dinero? Puedes pagarlo. ―Es más que dinero, ocurrió un problema con la última embarcación de mercancía, cruzó los límites entre mafias y nos declararon la guerra, es La Camorra, la más grande y peligrosa, nos van a destrozar si no hacemos una alianza entre familias; su hijo con mi nieta. Me dieron esa única opción en un intento de negociación ―Explica―. Prácticamente te pidieron a cambio. ―Puta madre ―gruño quitándole el cigarrillo a Lorenzo para darle una calada. Comienzo a caminar de un lado a otro con mis pulsaciones a mil. ―¡¿Por qué me pusiste en la mira de esa mafia?! No quiero, abuelo. ―No tienes opción, Alora ―Me recuerda una vez más. ―¡Mierda! ―Blasfemo con el nudo presionándose en mi garganta. Tengo ganas de llorar, porque estaré atada a un hombre a quien no amo, obviamente no conozco, y me limitará a ser su obediente esposa de adorno mientras me hundo en la oscuridad―. ¿Quién es? ―Pregunto en inglés. Él se levanta y camina hacia mí, sostiene mi rostro besando mi frente. Aprieto los ojos y una lágrima se desliza por mi mejilla. ―Lo conocerás pronto ―murmura. Les hace una seña a sus hombres para irse y Lorenzo pasa por un costado de mí, deteniéndose. ―¿Estarás bien? ―Pregunta y él no suele ser muy conversativo. ―No. ―Llámame si necesitas ayuda con lo que sea ―dice y asiento con la cabeza―. No fumes, es malo. ―Añade sacándome una risa nostálgica. ―Descarado ―gruño. Él se va detrás de los demás. Cuando se terminan de ir, cubro mi rostro para sollozar. Llena de impotencia y frustración. ―Te entiendo, madre, por esto quisiste huir ―murmuro para mí. Lanzo una de mis lámparas junto a un gruñido, mientras tiemblo por el llanto. ** Horas después… Paso una mano por mi cabello, me he quedado sentada en el suelo viendo a la nada, como si mi vida se hubiera acabado. Así se siente quizás un pájaro a punto de ser enjaulado de por vida. Estiro mi brazo sacando mi celular de la cartera con la segunda llamada de Chantel. Contesto colocándolo en altavoz. ―¿Cómo estás? Fui a buscarte al trabajo y Dalton me dijo que te sentías mal ―pregunta y por primera vez la escucho preocupada por una persona y que no sea un bolso de marca. ―Estaría mejor si supiera la forma de salir de un matrimonio pactado ―murmuro. ―¿Quién es tu prometido? ―Ella conoce a la mayoría de este mundo. ―No lo sé, solo sé que es de La Camorra. Hace silencio al otro lado de la línea, como si estuviera pensando. ―Puedo ayudarte a fastidiar un poco ese compromiso. Conozco a un heredero de mafia enemiga, y cuál es el club nocturno que frecuenta buscando chicas lindas como tú, eres su tipo, le encantan las latinas ―explica y muerdo mi labio. ―Eso sería meterme en más problemas ―digo tratando de ser madura. ―¿Cuándo ha sido eso un impedimento para Alora Del Rey? ¿O prefieres no intentarlo y que te obliguen a casarte con un feo mafioso? ―Pregunta, conociéndome demasiado, como para saber que esas dos preguntas son suficientes para hacerme aceptar. Si no lo intento, ¿qué más podría sucederme? Ya estoy sentenciada. ** POV Malachi Ferrari Salgo de mi edificio ejecutivo de Falcone Media, mientras mi vista está clavada en mi celular viendo cómo Alora saca ropa de su armario y se prueba vestidos uno tras otro con desespero tomando mi atención. Mi entrecejo se aprieta en cuanto abren la puerta de mi auto para mí. Y aparece la motocicleta de Pandora Salerno; asistente e hija del Sottocapo de La Camorra. Nos conocemos desde pequeños, ahora trabaja para mí. Se quita el casco batiendo su melena oscura y me da una sonrisa que no respondo. ―Eres el jefe más amargado de la historia ―dice al bajarse de su motocicleta. Su belleza es una mezcla italiana con francesa y su piel es morena y sus ojos de un intenso café. ―E tu sei il peggior assistente (Y tú la peor asistente) ―espeto, rueda los ojos. Desearía poder despedirla, es muy despistada por más buen hacker que sea, suele molestarme―. Necesito que hackees un celular de nuevo, al parecer ha cambiado por seguridad ―añado. ―¿La de tu gran amor? ―Pregunta riéndose. Le fulmino con la mirada. Alza las manos mostrando inocencia. ―Tranquilo, lascia fare a me (déjamelo a mí) ―menciona, le doy la información necesaria y se va. ―Envíame la información ―demando―. Debo saber qué trama. Se coloca el casco y hace rugir la motocicleta acelerando. Subo al auto y aclaro mi garganta. Recuerdo lo que escuché mientras hablaba con su amiga, el calor se posa en mi nuca mientras que mi polla da un salto por la imaginación morbosa que tiene Alora. El deseo hierve en mi sistema, queriendo hacerle realidad cada una de esas fantasías, una tras otra, hasta dejarla seca y satisfecha. Aprieto mi mandíbula pasando saliva porque mi pene bombea de solo imaginármelo. Ella es una psicópata, manipuladora y egoísta que usa a todos a su alrededor para conseguir todo lo que quiere. La he visto actuar así durante mucho tiempo y eso solo me hace enloquecer más porque…también soy así o por lo menos, una parte de mí. Esbozo una sonrisa por eso. ** Salgo de la ducha mirando por una de las pantallas cómo se coloca unos tacones, verifica su celular y retocándose el labial, se dirige a la salida. Bajo la toalla con la que me secaba el cabello para posar mis manos sobre el escritorio clavando mi mirada en la imagen de ella usando un lindo vestido apretado de color rojo carmesí, su escote se nota más marcado igual que sus caderas pronunciadas y sus piernas desnudas haciéndome apretar los dientes por lo bien que se ve. Como la diavolessa (diabla) que es. Pandora me envía la información justo a tiempo y me da acceso de meterme en el celular de Alora, entro al chat de su amiga y veo una ubicación con un mensaje que dice: él estará allí, usa un vestido muy provocador. Con mis manos en empuñaduras mi molestia reverbera, al saber que se ha vestido así para alguien más. Alora Del Rey quiere hacerme enojar y lo está logrando. Me aparto de las pantallas para vestirme rápidamente, me coloco el pantalón de mezclilla azabache, la sudadera del mismo color y tomo el pasa montañas en mi mano pasando por el espejo de mi baño. Detengo mis pasos al ver mi reflejo. No de nuevo… Cierro los ojos negando con la cabeza, mi cuerpo experimenta la tensión. ―No, no me mires ―gruño hacia mi reflejo. Abro los ojos observando, y está sonriéndome, disfrutando de esto. Ahí estás. Dice mi subconsciente. ―No, no ahora por favor ―espeto con mi cuerpo temblando. Te ves jodidamente asqueroso. Terrible, patético, y no le gustas ni le gustarás a nadie. ―Es suficiente ―gruño. Nadie se preocupa ni se preocupará por ti. Eres malo. ―Para, detente. Estás solo y sinceramente, mereces estar solo. Porque eres una persona egoísta, arrogante, malvada, e ingrata. Mis ojos se escuecen de la impotencia, porque esa voz no se detiene. ¡No vales nada! ―Cállate… ¡No mereces sentir amor ni ser amado! ―¡Detente! ―Exclamo rasgándome la garganta hacia el espejo, mismo que destruyo con mi puño sin importarme el haberme cortado. Bajo la mirada a la sangre que brota de mis nudillos, mi corazón late muy fuerte, la garganta se me cierra―. Maledizione (Maldición) ―farfullo con mis ojos escocidos. Y respiro con desespero. ** Azoto la puerta del auto dejándolo cerca y cruzo la calle vislumbrando la fachada del club, me coloco la capucha escondiendo el pasa montañas en uno de los bolsillos para pedir entrar. ―¿Tiene pase? ―Pregunta el de seguridad. ―No, pero más le vale que me dejen entrar ―digo con ronquez. Se miran entre sí, y cuando estoy a punto de sacar mi navaja para atacarlos, aparece Pandora usando un vestido e interponiéndose. ―Guarda tu personalidad de gánster italiano, también me encargué de investigar el lugar y conseguir los pases ―indica enseñando los permisos para que nos dejen entrar, levantan el cordón rojo para nosotros. Pandora entra y la sigo sin decir nada más. Vine a este lugar con un propósito y no me iré sin cumplirlo. ―Me he acostumbrado a que no me des las gracias ―menciona y suelto un resoplido buscando con mi mirada a Alora. Subimos las gradas del acceso VIP y tener vista hacia la parte del primer piso, donde están la mayoría de las personas. Sosteniéndome de la baranda, arrastro mi mirada por la ola de personas. Y la veo, bailando sobre una de las barras, puedo notar también que ha sido irresponsable bebiendo alcohol y todos los hombres están mirándola. Trato de calmarme, pero la rabia reverbera desde mis adentros haciéndome respirar como un toro. ―¿A dónde vas? ―Pregunta Pandora en cuanto me muevo para bajar. No le respondo y acomodo mi capucha esperando que no me reconozca. Camino entre las personas con mi objetivo danzando sus caderas de forma lasciva e hipnótica. Cuando llego a sus pies, uno de los hombres intenta tocarla y lo aparto doblándole los brazos hacia atrás y lo golpeo, este cae al suelo. Las personas se apartan pensando que está demasiado ebrio. Otro hace ademán de colocarle algo en la bebida y hago lo mismo deteniéndole y botando el trago que se iba a beber. ―¡Oye, eso era mío! ―Alora se queja. ―¡Alora! ―La llama una chica. Giro mi rostro y es la rubia de la otra vez. A su espalda camina alguien que no es de mi agrado, en lo absoluto. Aprieto mis manos en puños y rechino mis dientes viendo a Castiel Endekov, el descendiente del Pakhan de la mafia rusa, un hijo de perra que no debería de poner sus manos sobre mi Diavolessa. Ella baja de la barra con mi ayuda, pero no me mira, se va directamente hacia él con una sonrisa, Castiel besa sus nudillos provocándome repulsión. La respuesta de ella es de coquetería ¿Qué mierda está haciendo con ese sujeto? ¿Por qué no se puede quedar sin crear problemas o dejar de poner en riesgo su vida? Tengo que alejarla de él. Alzo mi vista viendo a Pandora y asiento hacia ella, esperando que sepa qué hacer. De repente, la música cambia a una más electrónica, las luces en intermitente y las personas enloquecen a nuestro alrededor. Me coloco el pasa montañas cubriéndome por completo el rostro, esperando no me reconozca, aunque lo dudo en su estado de ebriedad. Tengo que evitar que Castiel se la lleve con él, la reclamará como suya. ¿Dónde mierdas están los guardaespaldas de Alora? Ladeo una sonrisa porque conociéndola, puedo intuir que se les escapó. ―¡Una rueda en el medio! ―Exclama Pandora en la caja del DJ motivando a las personas a enloquecer. Estas se cruzan en medio de Castiel y Alora separándolos. Las aparto de mi camino sosteniendo el brazo de Alora, sacándola de la estampida de personas evitando que le lastimen, la saco, pero ella forcejea conmigo a lo que me agacho y en un movimiento la alzo en mi hombro terminando de alejarla del ruso. ―¡Bájame! ¡Me secuestran! ¡Ayuda! ―Grita golpeándome la espalda y pataleando, intento cubrir su delicioso trasero con mis palmas y eso solo me está calentando más―. ¡Te voy a destrozar, no sabes con quién estás tratando! ―Chilla haciéndome sonreír. Porque sé muy bien con quién trato; con mi Diavolessa. Me golpea el rostro, baja mi capucha, araña mi nuca y me hace soltar un gruñido. Eso no está resultando quizás como ella desea. ―Si no me bajas, te voy a… ―La bajo cuando llegamos a un lugar con menos personas y sostengo sus muñecas encarándola. Le observo a través del pasa montañas y sus mejillas están rosadas, labios entreabiertos viéndose tan jugosos mientras mis pulsaciones estallan en mi sistema con sus ojos azules clavados en mí. Decido no hablar, me reconocerá. Sabrá que la he perseguido durante mucho tiempo. ―¿Eres quien me ve mientras…duermo? ―Pregunta de repente en un balbuceo. Mis ojos se abren y respiro profundo, al sentirme atrapado. ¿Cómo me reconoció? ¿No he sido tan bueno ocultándome? Mi piel se eriza y mi m*****o palpita, porque no está corriendo en dirección contraria luego de enterarse de mi delirio oscuro…
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