Suleiman Me encontraba discutiendo con Azhar. —No puede ser que aún no lleguen las concubinas —gruñí, golpeando el escritorio con el puño. —Vendrán en dos días, mi señor —respondió él con voz tensa—. Si lo desea, puede usar a alguna mujer del harén mientras tanto. Rodé los ojos con fastidio. Hace una semana que no tengo sexo. Desde que expulsé a Alessia de mis aposentos, nada me satisface.Necesito un heredero, necesito asegurar mi linaje… pero el solo pensamiento de tocar a otra mujer me repugna. Azhar siguió hablando, pero apenas lo escuchaba. Todo lo que decía sonaba lejano. Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro, su maldita sonrisa altiva, su cuerpo temblando bajo el mío.Me estaba volviendo loco. —Tráemelas antes —repliqué con frialdad—. No pienso pasar otra noche soñando

