Alessia Todavía no podía asimilarlo… embarazada. La palabra me golpeaba una y otra vez en la cabeza como una ola imposible de contener. Tenía las manos temblorosas apoyadas sobre mi vientre, intentando sentir algo, alguna señal que confirmara que todo eso era real. Suleimán había rezado por nuestro hijo… por mi hijo… y después se había marchado, dejándome a solas con Mireya. Ella se acercó despacio y me abrazó con ternura, como si temiera romperme. —Felicidades, sultana, —susurró con emoción contenida—. Ese niño será muy amado por todos. Tragué saliva, incapaz de responder. Mis labios temblaban. —No sé qué sentir, Mireya... —murmuré con la voz apagada—. Isabel también está embarazada. Mireya guardó silencio por unos segundos, bajó la mirada, y luego habló casi en un susurro, como te

