Jamás había imaginado que podía sentirme tan incómoda como me sentía en este momento. Liam había decidido viajar en el mismo auto en el que íbamos Emmet y yo. Ellos se habían ubicado junto a las ventanas, mientras a mí me había tocado el asiento del medio.
Pero lo realmente incómodo no era eso…
Lo incómodo era que cada vez que Emmet abría la boca para decirme algo, el que terminaba contestando era Liam.
Y sus respuestas eran jodidamente hirientes. Aunque, para ser justa, Emmet tampoco se quedaba callado. Sin embargo, el no era un empleado más de la empresa de Rozana, él era un inversionista y si estaba trabajando en la empresa era porque odiaba no hacer nada, ya que con la fortuna de su familia podría haber vivido sin mover un dedo por el resto de su vida.
—Al parecer no te enseñaron a no meterte en conversaciones ajenas —dijo Emmet, cansado de las interrupciones de Liam. A ese punto, yo también lo estaba. Solo quería llegar rápido al hotel y poder deshacerme de los dos—. Por si no te estás dando cuenta, con la persona con la que quiero hablar es con Ròse, no con vos.
—No me trates como tu igual —le contestó Liam con los ojos cargados de furia—. Soy el hermano de tu jefa. Si quiero, puedo despedirte.
—No tienes autoridad para despedirlo —intervine, ya agotada de la discusión—. Soy la encargada de las decisiones en la empresa de tu hermana, y no importa lo que tú quieras hacer con los empleados de Rozana. No puedes hacer nada ni en su contra ni a su favor.
—Puedo llamar a Rozana —replicó él, desafiante.
—Hazlo —lo desafié a mi vez, sabiendo perfectamente cuál era mi posición—. Te va a decir lo mismo que yo. Tu hermana me dio el control de la empresa, no a ti. Así que no puedes venir a imponer una autoridad que no tienes, por más que lleves su apellido.
Liam se quedó callado. El silencio fue tenso, casi asfixiante, hasta que finalmente llegamos al hotel. Fui la primera en bajar detrás de Emmet, sin dirigirles una palabra a ninguno de los dos. No pensaba pasar un minuto más con ellos.
Mi único plan era encerrarme en mi habitación y descargar mi frustración con un balde de helado de chocolate.
Emmet intentó tomarme del brazo al pasar junto a él, pero me aparté antes de que me tocara. No sabía por qué, pero sentí que si él llegaba a ponerme una mano encima, Liam no se iba a contener. Era una intuición extraña, casi irracional, pero algo dentro de mí me gritaba que si cualquier otro hombre se atrevía a tocarme, Liam iba a reaccionar… y no precisamente bien.
…
Tuve que llamar a la recepción para pedir el helado. Cuando finalmente lo trajeron, busqué una película al azar y me dejé caer en la cama. Necesitaba un par de horas para mí. Un respiro. Mañana tendría que soportar a esos dos otra vez, y necesitaba reunir paciencia para no perder la cabeza.
No sabía qué se traían entre manos, y sinceramente, no me importaba. Pero el hecho de que dificultaran mi trabajo con sus juegos de niños me sacaba de quicio.
Lo peor era que ni siquiera teníamos un plan sólido para sacar adelante el edificio sin tener que atrasar los plazos. Liam había hablado con Henry antes de viajar, y la única “solución” que él ofrecía era pagarle a las supuestas familias de las víctimas. Pero yo sabía que Rozana y Alana no iban a aceptar la culpa de algo que ellas no causaron, todo esto era porque querían algo de abuelo de Adriel y ellas no se querían meter en nada de eso.
No porque les tuvieran miedo, sino porque sus esposos ya estaban involucrados en cosas turbias, y si algún día los atrapaban, al menos ellas estarían a salvo. Por eso habían separado cuidadosamente sus empresas de todo lo que ellos hacían.
Esa distancia era su escudo… y su límite.
Por eso no querían que Dilan interviniera.
Y eso, claro, complicaba aún más las cosas.
El conflicto no era con ellas, era con él, y aunque la decisión de mantener distancia era la correcta, también era la más difícil. Solo esperaba que Liam pudiera resolver todo antes de la inauguración, porque si no lo hacía, habría que cambiar muchas cosas… y no precisamente pequeñas.
Mi momento de paz se interrumpió con el sonido del celular.
No era ninguno de los dos que me habían acompañado —para mis amigas tenía un tono diferente—, pero cuando vi el nombre en la pantalla, me sorprendí igual, Alana.
No es que nunca me llamara, pero era la que menos lo hacía.
—Hola.
—¿Cómo estás? —preguntó sin preámbulos.
—Primero se dice “hola”, Alana —la regañó Rozana desde el fondo—. Se supone que te enseñaron modales cuando eras chica.
—Me importa más saber cómo está —replicó Alana, alejándose un poco del teléfono—. Me convenciste de mandar a Liam en mi nombre, y ahora ella tiene que aguantarse a tu hermano, que se comporta como un idiota porque no puede aceptar que está celoso y no tolera que ella no le dé pelota.
—Alana, sigo acá —recordé, molesta. Odiaba que hablaran de mí como si no estuviera—. Y no te preocupes por cómo me siento respecto a Liam. Te aseguro que no me afecta en lo más mínimo lo que él haga.
—Claro… —escuché que Rozana lo decía con ese tono cargado de sarcasmo que me daba ganas de colgarle—. Por eso te encerraste en la habitación y no quisiste hablarle a ninguno de los dos, ¿no?
No supe qué responder.
No entendía como eran capaces de saber las cosas cuando estaban a miles de kilómetros.
Aun asi sabía que podía parecer raro que me encerrara, pero necesitaba distancia. No era solo cansancio, necesitaba estar lejos de Liam.
No entendía qué estaba intentando hacer. Que me celara, como si le importara, me confundía más de lo que quería admitir. Porque, aunque intentara ignorarlo, algo en él había cambiado. Desde hoy en la oficina, lo había notado. Su mirada, sus silencios, la forma en que reaccionaba cada vez que Emmet se me acercaba.
Pero me repetía una y otra vez que no debía darle importancia.
—Soporten a Liam y a Emmet pelear como mellizos, y después me cuentan —dije finalmente—. No me importa lo que hagan esos dos, pero están dificultando todo, y la verdad no estoy para cuidar a dos chiquillos.
—No te preocupes, se lo diré —aseguró Alana—. Igual tienes que entender que los hombres son idiotas de nacimiento. Liam está descubriendo sentimientos que pensó que no volvería a sentir, y Emmet solo lo hace por joderlo. Rozana se lo pidió. Pero te prometo que hablaré con ella para que hable con Emmet asi lo deje en paz.
—No entiendo por qué les gusta molestar a Liam de esa forma.
—Porque, para su desgracia —suspiró Alana—, Liam solo se da cuenta de lo que siente cuando está a punto de perderlo.
—No siente nada por mí.
—Sí lo siente —afirmó ella con una seguridad que me descolocó—. Liam siente mucho más de lo que muestra. No quiero que cometa contigo los mismos errores que cometió conmigo, por eso te lo digo. Si no, me quedaría callada.
No respondí.
No sabía qué decirle.
Cualquier palabra podía delatarme, y lo último que quería era que alguien descubriera lo que yo misma no quería admitir.
Podía engañarme todo lo que quisiera, pero no podía engañar a Alana.
Ella leía a las personas mejor que nadie, y si ya sospechaba lo que yo sentía por Liam, era porque, por más que intentara negarlo, había fallado.
Y eso… eso me daba miedo.
Miedo de lo que podría significar.
Miedo de él.
Y, sobre todo, miedo de mí misma.