POV RÒSE
—Ròse, espera —El grito de Emmet, uno de los que me ayudaban con los planos del hotel, me hizo dar la vuelta y sonreírle—. Caminas demasiado rápido.
Él lucía agitado, pero igualmente jodidamente atractivo. Su cabello castaño estaba alborotado y sus ojos miel brillaban de una manera que no había visto antes. Había algo en la urgencia de su voz que, de alguna manera, lo hacía más impresionante.
—¿Pasó algo? —pregunté, agarrando los papeles que estaban a punto de caerse de su mano—. Parece que has estado corriendo hace mucho.
—Es que estoy corriendo hace mucho —dijo, mirando de un lado a otro mientras caminábamos hacia mi oficina—. El hermano de la jefa ha llegado y tiene a todos de arriba para abajo, pidiendo documentos y planos que no tenemos a la mano, y que están contigo.
—¿Liam Grey está en el edificio? —traté de que la pregunta no sonara como si me importara, aunque la verdad sí me importaba—. No debería estar aquí, se suponía que iría a la empresa de los Matthew, no que aparecería acá. Daisy me aseguró eso esta mañana.
—Ocurrió un problema con uno de los edificios del sur —dijo, señalándome los documentos que sostenía con cuidado—. Es uno de los proyectos que tenemos con los Matthew. Él está en representación de ellos y no de su hermana. La que representa a su hermana eres tú. Tú estás a cargo de las decisiones aquí; él solo necesita información.
—Bien —dije, poco convencida, colocando los papeles sobre el escritorio y entregándole los que Liam necesitaba—. Si no entiende algo, dile que te pregunte directamente. Yo revisaré los documentos y después iré a la zona sur para ver el problema directamente. Se suponía que todo estaba listo para la inauguración.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó, y me tomó por sorpresa. Nunca ofrecía acompañarme, pero su compañía era la única que me resultaba cómoda en este lugar. Además, probablemente no sería seguro que me quedara sola allí, sobre todo con la situación del sur.
Lo miré, confusa. Siempre había pensado que Henry tenía todo controlado en la zona sur, así que escuchar que las cosas estaban mal me puso alerta. Emmet sabía algo que nosotras no habíamos considerado, y la verdad odiaba sentir que no tenía toda la información.
—Dimitri me lo comentó hace unos días —aclaró, refiriéndose a su hermano, uno de los hombres del padre de Adriel, por lo que estaba al tanto de situaciones que nadie más conocía—. No me dio muchos detalles, solo que podrían presentarse problemas, porque las cosas están más difíciles de lo que parecían hace unos meses.
—Bien —le respondí, tratando de sonar segura—. Terminaré de leer los documentos y nos iremos. Le diré a mi secretaria que reserve dos habitaciones de hotel a nombre de alguien que no se relacione con nadie de la familia de los Bloper. No podemos correr riesgos, necesitamos seguridad para poder atender los problemas en el sur.
Emmet tomó los papeles que tenía que entregar a Liam y me dejó sola con toda la información sobre los problemas en la zona sur.
La situación era más complicada de lo que había anticipado. Había denuncias sobre usurpación de terrenos, acusaciones de amenazas e incluso muertes vinculadas al proyecto. Si las autoridades no investigaban correctamente, podrían asumir que los terrenos fueron comprados de forma ilegal, pero eso afectaría la inauguración y pondría en riesgo la reputación de los otros hoteles de Nueva York y los que estaban tambien en Roma.
No sabía cómo íbamos a solucionar todo esto antes de la inauguración, programada para dentro de una semana. Cualquier retraso significaría pérdidas enormes, no solo para Alana y Rozana, sino también para los inversores que habían confiado en nosotras.
Terminé de leer todos los informes y me dirigí a la oficina donde estaba Liam. Tenía que hablar con él, aunque no quisiera. Este era un problema que necesitábamos enfrentar juntos, y su influencia podría acelerar la solución más de lo que yo sola podía lograr.
Salí de mi oficina y caminé hacia la zona donde debía estar Liam. No utilizaba cualquier oficina; seguramente estaría en la de su hermana, que era la más espaciosa y equipada.
Al llegar, confirmé que Emmet no había exagerado. Todo el piso superior estaba en un caos: empleados corriendo de un lado a otro, documentos dispersos, teléfonos sonando sin parar. Busqué a Emmet, pero no lo vi. La única cara conocida era la secretaria de Rozana, que dejó de teclear para mirarme con preocupación.
—El hermano de la señora Rozana nos va a despedir a todos —me avisó, conteniendo las lágrimas—. Encontró muchos errores en los informes y está muy enojado.
—Él no tiene el poder de despedirlos —la calmé, suspirando—. Es mejor que termines tu trabajo y me dejes el resto a mí.
Ella asintió y volvió a teclear. La tensión era palpable; la presencia de Liam podía causar errores masivos solo por el miedo que inspiraba. Yo debía mantener el control, aunque por dentro sentía que todo estaba a punto de desmoronarse.
Avancé entre los empleados, sintiendo cada mirada nerviosa. La tensión me golpeaba el pecho como un martillo. Mis manos sudaban, mis pensamientos se aceleraban, y cada paso hacia la oficina me hacía sentir que estaba entrando en un territorio peligroso.
Al abrir la puerta, lo vi: impecable, concentrado, revisando documentos con una intensidad que intimidaba. No era solo su autoridad, era su presencia. Una mezcla de poder y magnetismo que me hacía querer huir y acercarme al mismo tiempo.
—Ròse —dijo sin levantar la vista—. Necesito estos informes correctos antes de salir al sur.
Asentí, tratando de sonar firme: —Vamos a revisar todo y solucionarlo. No podemos permitir que los errores de unos cuantos retrasen la inauguración.
Mientras hablábamos, mi mente no dejaba de recordar la primera vez que lo había visto así: seguro, dominante, y de alguna manera inalcanzable. No podía concentrarme del todo; cada vez que sus ojos se posaban en mí sentía una corriente que me recorría la espalda, un recordatorio constante de la tensión que había entre nosotros.
—¿Tienes todo listo para salir? —preguntó, cortando mis pensamientos.
—Sí —respondí, obligándome a enfocar—. Vamos a revisar la zona sur y luego coordinamos las medidas de seguridad en los hoteles restantes.
Solucionar todo iba a ser caótico, pero esperaba poder hacerlo antes que las chicas volaran hacia aca.
…
El viaje hacia el sur fue silencioso, pero cargado. Cada semáforo en rojo era una oportunidad para mirarlo de reojo, para sentir cómo su mera presencia hacía que mi pulso se acelerara. Sabía que no podía dejar que eso me afectara, que debía mantenerme firme y profesional. Pero no era fácil.
Al llegar, los problemas eran peores de lo que pensaba: maquinaria descompuesta, trabajadores faltando, conflictos legales inesperados. Liam tomó el control de inmediato, dando órdenes precisas, y yo no pude evitar admirar su habilidad para manejar el caos. Aunque no quise admitirlo en voz alta, necesitaba que estuviera ahí.
Mientras coordinábamos las soluciones, no pude dejar de pensar en cómo cada interacción con él me recordaba lo que estaba prohibido y deseado al mismo tiempo. Cada mirada, cada palabra, cada silencio compartido tenía un peso que ninguno de los dos podía ignorar.
Y ahí, en medio del caos de la obra y las amenazas externas, entendí algo: por más que quisiera mantener la distancia, por más que intentara ser fuerte, Liam Grey no era solo un problema que necesitaba mi atención profesional. Era un huracán que había irrumpido en mi vida y que, de alguna manera, sabía que no podría controlar.