CAP 6
Aiden no se levanta de su asiento. Sus cejas están levemente fruncidas; tiene cara de no haber dormido y luce un poco desprolijo. Lleva barba de varios días, su cabello está algo más largo, y sus ojos azules ahora se ven fríos, filosos.
Obligo a mis pies a moverse. Recojo todas las tazas de café, incluida la de Aiden, y las vacío en el fregadero. El aroma me revuelve el estómago. Dejo que el agua se lleve los restos de la bebida y regreso al comedor.
Me siento frente a Aiden. No ha dejado de seguir cada uno de mis movimientos desde que salí de mi nueva habitación.
—Habla, Emma. —Recuesta la espalda en la silla y se cruza de brazos—. ¿Por qué no respondiste mis llamadas ni mis mensajes?
Bueno… en mi defensa, recién ayer me enteré de que estoy embarazada. Y si no le respondí durante el último mes y medio, fue porque no tenía la cabeza en su lugar.
Tomo aire y suelto todo de golpe, sin detenerme:
—Pasaron muchas cosas después de que… bueno, ya sabes. Tuvimos sexo. Olvidé tomar la pastilla del día después, porque como sabes, tuve que viajar a Chicago por el funeral de mi padre. Después de eso, me tocó hacerme cargo de los problemas que papá nos dejó a mi hermano y a mí. El bar, las deudas, mi madre con su depresión, los empleados que llevan dos meses sin cobrar, unas cuantas demandas... todo recayó sobre nosotros dos. —Trago saliva, la voz empieza a quebrárseme—. Ayer, Thomas y yo descubrimos que papá estuvo desviando dinero a no sé dónde… y justo cuando estaba lidiando con eso, gracias al maldito café, mi hermano se dio cuenta de que estoy embarazada.
Aiden no dice nada. No interrumpe. No hace gestos. Solo escucha, palabra por palabra.
—¿Y por qué no me llamaste en cuanto te diste cuenta de que llevas a mi hijo en el vientre? —Su voz suena contenida, pero firme—. ¿Pensabas ocultármelo? ¿Ibas a decírmelo algún día o simplemente no pensabas hacerlo en absoluto?
-
—Aiden, ponte en mi lugar un momento. ¿Qué harías tú si las sospechas que te han estado torturando durante semanas se confirmaran? Que te quedaste embarazada de un tipo con el que te viste una sola vez y tuviste sexo casual. Suma todas las cargas que acabo de contarte, pero también agrega el hecho de que el padre de tu bebé es un completo desconocido. No sabes absolutamente nada de él. Solo sabes que se llama Aiden, que tiene treinta años, que tiene familia en Europa, y que el único dato que tienes es que es amigo de otros dos tipos que también son unos desconocidos.
Él sonríe, sin ganas.
—¿Qué tal si ese tal Aiden no ha dejado de pensar en la mujer que vio una sola vez y con la que pasó su mejor noche en mucho tiempo? Unas cuantas horas que, para él, no fueron solo sexo, Emma. —Se pone de pie y empieza a caminar por el comedor como un león enjaulado—. Le rogué a Greg que le robara tu número a Danielle. Cuando lo conseguí, te escribí mil mensajes, quería saber de ti, te llamé esperando que respondieras, quise venir a verte, preguntarte cómo estabas.
No lo interrumpo. Tengo que escuchar lo que tiene para decir.
Continúa. Su tono de voz ahora cambia a uno más enfadado.
—Tampoco te comunicabas con tus amigas, y anoche, durante la cena en casa de Bastian por su cumpleaños, por fin das señales de vida. Llamas a Danielle y, cuando ella se aparta con su hermana para que no escuchemos la conversación que se suponía era privada, le arrebato el móvil. Puse el altavoz. Quería escuchar qué excusa tenías para desaparecer. ¿Sabes lo que sentí cuando escuché que estabas embarazada, Emma? ¡De mí!
De un momento a otro me pongo a la defensiva. Me levanto de la silla tan abruptamente que cae al suelo.
—No voy a obligarte a nada, Aiden. Si vienes con la propuesta de que me haga un aborto, no lo haré. ¡Si quieres desaparecer, hazlo! No tengo idea de lo que sentiste anoche, pero lo que sí puedo confirmar es que en este momento estás muy enfadado conmigo por haberme embarazado.
Suelta una risita que me pone la piel de gallina.
—No volé toda la maldita noche desde Texas hasta aquí con una propuesta de aborto. He venido con una propuesta de matrimonio, Emma.
Confirmo que, además de enfadado, se ha vuelto loco.
—¡No voy a casarme contigo! ¿Te volviste loco?
—Loca estás tú si crees que el heredero de Aiden Harris va a venir al mundo como un bastardo. Te volverás a Austin, nos casaremos y seremos una familia.
Mi cerebro acaba de procesar lo que Aiden acaba de decir: que es...
—Sí, Emma. Soy ese Harris. No trabajo en la misma empresa que mis amigos como un empleado más. Soy el maldito dueño de las multinacionales Harris. ¿Comienzas a entender en el lío en que te metiste? Quiero a ti y a mi hijo en un avión de regreso a casa.
Froto mis sienes, invocando un poco de calma en este maldito universo, ya que mi vida se está volviendo un completo desastre.
—No pienso casarme contigo, maldito lunático. Ten un poco de sentido común y entiende que no podemos casarnos solo porque espero a tu hijo.
Está completamente loco.
—No conoces a mi familia, ni nuestras costumbres de mierda que se han pasado de generación en generación. Si mi hijo nace fuera del matrimonio, será rechazado.
Esto es el colmo... encima viene de una familia de costumbres arcaicas.
—Me importa un carajo que tu familia viva en la era medieval. Mi bebé no los necesita. De hecho, ni siquiera le diré que existen, así que vete de mi casa. Y vete a la mierda, de paso.
Señalo la puerta para que se largue de una vez por todas.
Aiden baja la cabeza, suspira con frustración y, con pasos lentos, se acerca a mí.
—No solo quiero casarme contigo por nuestro hijo. Te lo dije esa mañana: quiero citas, quiero conocerte. Me volví loco por ti, Emma. Me gustas. Eres hermosa. Y ahora esperamos un bebé. ¿Qué hay de ti? ¿No te gustaría conocer a tu metida de pata?
Escucho claramente lo que dijo mi hermano hace un rato.
—Por favor.
-
—No nos conocemos. Hicimos todo mal. Primero iban las citas, el noviazgo y, al final, la boda. Nos saltamos todo eso y ahora seremos padres. Pero tú llegas con una idea de matrimonio cuando no sabemos nada el uno del otro. Tengo una vida aquí. No me queda nada en Austin. El bar me necesita, mi hermano y yo hemos reconectado después de años... tengo una deuda millonaria, y estaba olvidando que no sé a dónde fue a parar el dinero de mi padre. No puedo simplemente abandonarlo todo y subirme a un avión contigo. —Mis ojos encuentran los suyos, un azul zafiro casi irreal. — No es que no quiera conocerte. También estoy un poquito enamorada de ti. Pero no puedo irme.
—Bien. —Sonríe cuando escucha eso último. Se acerca un poco más, su perfume me llega, y es el más delicioso que he olido. —Entonces, si no puedes volver, seré yo quien se quede contigo.
—Aiden…
—Nada. Ya deja las excusas y, por favor, bésame, porque creo que me voy a morir de ansiedad. —Sus labios se acercan a los míos. Levanto la mirada por la diferencia de altura. —Si tú estás un poquito enamorada de mí, puedo con eso. Haré que ese poquito crezca un poquito más cada día.
—No me agrada tu familia. —Suelto lo que me quedó atascado en la garganta. —No quiero que vuelvas a mencionarlos.
—No los conoces. Son buenas personas. —Dice, tomando mi cintura.
—No lo son si, por tener un niño fuera del matrimonio, lo marcan como un bastardo. —No entiendo cómo pueden pensar de esa manera en pleno 2025. —¿Qué dirán de mí cuando sepan que estoy embarazada? Sospecho que la palabra es “aprovechada”, y la verdad es que no me interesa ni tu posición social ni tu dinero.
—Me importa una mierda. Ellos no se van a casar contigo.
—Yo no dije que aceptaba ser tu esposa, Aiden.
Mi cuerpo reacciona a la cercanía del suyo, a sus labios rozando los míos cuando habla, a su perfume...
—Todavía no. Pero lo harás.
Cierro los ojos, y finalmente me besa. Un pequeño beso, sin profundizar, pero suficiente para que sienta la suavidad de sus labios en los míos.
La puerta se abre, pero Aiden no me suelta. Ambos giramos la cabeza para ver a la persona que acaba de entrar.
—Venía dispuesto a partirte la cara si encontraba a mi hermana llorando —dice mi hermano—, pero me alegra que se estén besando en lugar de gritándose. —De todas formas, le lanza una mirada fulminante a Aiden—. ¿Vas a hacerte cargo del bebé?
El chico que me tiene entre sus brazos asiente sin dudar.
—De los dos. No solo de mi hijo. Tengo buenas intenciones con Emma, no tienes que preocuparte ni amenazarme con golpearme.
—No es una amenaza. Es una advertencia. Si lastimas a mi hermana, no te va a reconocer ni tu madre después de la paliza que tengo planeado darte. ¿Estamos claros? Metieron la pata irresponsablemente, pero mi hermana no es una zorra. Es una buena chica.
—Lo sé —dice Aiden, mirándome con ternura—. Y estoy loco por ella. —Vuelve a besarme. Uno de esos besos suaves, como si estuviera marcando territorio con delicadeza—. Quiero casarme con ella, pero no quiere. ¿Podrías ayudarme a convencerla?
Ruedo los ojos con fuerza. Mi hermano se queda frente a nosotros y endereza la espalda como si estuviera en formación militar.
—No.
—¿Por qué no? —Aiden frunce el ceño, visiblemente confundido, pero aún no me suelta.
Me atrapó un pulpo.
—Tienes que demostrarle que vales la pena. Ni siquiera se conocen. Tuvieron una noche loca que terminó en embarazo. Si hubiera aceptado tu propuesta, yo mismo la habría obligado a entrar en razón.
Me río sin poder evitarlo.
—¿Ves? Bienvenido al año 2025, Aiden.