Extrañaba tener a Bree en nuestra empresa, pero al pasar los días, me daba cuenta de que estar alejados, le hacía bien a nuestro matrimonio. Cada uno tenía tiempo de respirar y de enojarse estando lejos del otro. Me resultó más sencillo no hacerle dramas, porque no quería que trabajara en Green y, aunque no confiaba en el imbécil ese, ni siquiera se trataba de él, era yo que siempre quería estar con Bree. Volvía temprano de mi trabajo y la esperaba con la cena lista para después darle un masaje en los pies, mientras tomábamos una copa en el salón y finalizar la noche haciendo el amor. Esa se volvió nuestra rutina, la cual alternábamos con nuestras citas en los restaurantes que nos gustaban. Había estado tan absorto en nosotros y en no perder eso que teníamos, que me había olvidado de Chr

