Suerte Negra

1324 Words
Algunas veces, la suerte no es únicamente para los humanos… Aquella noche la luna resplandecía con intensidad desde nublado cielo, por las calles reinaba el silencio y los postes iluminaban nada más que las ceras vacías. Para estas horas, sería raro encontrar alguna luz encendida en una habitación, pero para el caso de la pequeña niña de la casa de la esquina era la excepción. La asustada niña, yacía en su cama bajo su cobija cubriéndola completamente. No era la primera vez que se aterraba de la oscuridad. Por ello, había decidido dejar la luz prendida y tener su manta protectora puesta. Mientras que en el resto de la casa se sumía en tinieblas y quietud. El padre, por razones misteriosas se demoraba más de la cuenta. La madre, sintiéndose traicionada, se había quedado dormida en una posición incómoda en el sofá de la sala. La bebé dormía plácidamente en su cuna, de una manera ridículamente profunda. Por alguna razón, el seguro de la puerta de la casa no estaba puesto, pues al parecer alguien pensó que el marido llegaría borracho...así que nada impedía que algún extraño indeseado ingresara… y así fue. Con suma cautela, el intruso abrió la puerta e ingresó en la casa sin más que un ligero sonido de puerta cerrándose. Bajo la tenue luz de la luna, captura la imagen de la mujer esperando por su esposo durmiendo en el sillón, sin darle importancia ubica las escaleras y las sube. Como conociendo el camino de memoria, ve que bajo una puerta se escapa un tramo de luz encendida, se dirige allí. El cuarto, para variar, de la niña asustada. Quien, por cierto, no ha salido de su escondite. Temblaba, pensaba que si asomaba la cabeza sería su fin; no se atrevía ni a asomar la cabeza. El ente se acercaba paulatinamente a la puerta, un frío se coló dentro, la luz comenzó a parpadear; la niña se acurrucó con su almohada esperando que todo acabara. La manilla comenzó a girar haciendo un sonido delatador, la puerta se abrió lentamente. El parpadear de la luz no permitía construir su figura completa. Ingresa en la habitación con una sonrisa macabra que se distinguía aún en los momentos oscuros. Apenas puso un pie dentro, la puerta se cerró y aseguró sola de un portazo, la niña pareció percibirlo bajo su cobija, pues se estremeció tras el sonido. Las ventanas se aseguraron solas, era imposible abrirlas. Aquel ente se acercaba sin preocuparse de nada. Se sentía confiado, no creía que nada le pudiera detener de su destino. Finalmente llegó a la cama, se posó frente a ella y levantó su mano revelando su arma. Entre los cortes de luz, destellaba la hoja del gran cuchillo que cargaba, mientras que con la otra se desabrochaba el cinturón. Al parecer, no pretendía más que una violación y un homicidio, nada del otro mundo. Pero entonces llegó un momento en que la luz se terminó de cortar. El intruso solo pudo escuchar los latidos de su corazón, hasta que surgió un nuevo sonido desde la oscuridad. Algún líquido baboso corría por un lugar cercano. Pasó un carro por la calle, y con su luz delantera iluminó la habitación por un breve instante. Las paredes estaban cubiertas con una masa negra viscosa, el intruso perplejo no alcanzó a reaccionar bien hasta que la luz del auto pasó de largo. Y de la nada empezó a escuchar objetos cayendo con estruendo, vidrios rompiéndose y todo tipo de cosas esparcirse en desorden por el suelo. Un extraño relámpago ilumina nuevamente el cuarto. Comprobó los objetos rotos en el suelo. Incluso le pareció haber visto una cruz partida por la mitad. No se le ocurrió mirar la cama de la niña. Quedó sumergido en la oscuridad de nuevo. Comenzaba a asustarse, pero en su mente la perversión persistía. Estiró su mano en dirección a la cobija de la niña, listo para entrar en acción. Palpó la tela, la tomó y tiró de ella con fuerza. Entonces la luz del cuarto regresó aún parpadeando muy rápidamente, y entre cada que lo hacía distinguía un rasgo a la vez de la niña: su sonrisa macabra de oreja a oreja, sus ojos desorbitados al punto de salirse, una piel tan pálida que parecía a punto de desmoronarse, y finalmente las manchas negras alrededor de sus parpados y sus labios, que además estaba babeando. La luz se apagó de nuevo, el intruso sintió una gran fuerza lanzarlo por las aires directo a la pared cubierta de aquella masa negra El cuchillo salió volando a cualquier parte. Quedó pegado a la pared, no importaba lo poco que tocara se pegaba, privando su movilidad por completo. Forcejaba para escapar, pero no podía, ni siquiera la ropa cedía para romperse. Empezó a escuchar fuertes pisadas desde la cama, llevaba un ritmo pausado pero igual sabía que se aproximaban hacía él. Aterrorizado comienza a sudar, se desespera por intentar liberarse hasta que por fin lo consigue, pero sintiendo su ropa y piel desgarrarse, cayó en el suelo de bruces, sintiendo algo filoso en su mano; se había cortado con su propio cuchillo. Se levanta adolorido, intenta evocar en la salida y recuerda la puerta a su izquierda. En todo momento habían unos ojos blancos destellantes que lo observaban en todo lo que hacían, mientras el sonido de los pasos persistía a su mismo ritmo paulatino. Mientras avanzaba no pudo evitar tropezarse con los objetos del suelo. Terminó con un hombro cortado, y una pierna severamente lastimada, más la mano cortada y la piel ardiendo. Llegó la puerta tras palpar con dificultad todo aquello que no fueran las paredes. Lo logra, pero la puerta simplemente no cede ante su inútil intento de abrirla. En ese momento recuerda la manera en que se cerró cuando entró; se sintió estúpido. Un destello del exterior le dio el recuerdo de la ventana, se encaminó hacía ella viendo su esperanza cercana. Pero tras llegar y recordar que se aseguraron solas cuando entró, se sintió aún más estúpido y ahora vio su esperanza tan lejanas como el sol aquella oscura noche. Golpeaba las ventanas desesperado, cosa que le destrozaba las ya lastimadas manos, incluso hasta lloraba por el miedo, quería salir, ya no le importaba nada en ese momento. Pero entonces algo lo tomó de su brazo malo y lo volvió a arrojar a la pegajosa pared. En ese momento, supo que era el fin, pues aquella vez ya no podría liberarse menos cuando sentía la respiración de aquella cosa. La luz parpadeó por unos segundos, pudo ver entonces que no quedaba ni el más mínimo rastro de la pequeña que quería violar. No pudo ver mucho, pero pudo contemplar una piel negra babosa, unos dientes afilados demasiado grandes para pertenecer a aquella mandíbula descuadrada, sus ojos (que la parecían ser más de dos) se salían de sus cuencas y guindaban de un hilo, su cuerpo no era humano, no tenía palabras para describirlo. Y sin más, el monstruo devoró su presa. Una víctima más de la extraña suerte de esta criatura que se alimenta del deseo y la perversión de los seres humanos. Tras ser engullido, la habitación retomó su estado natural, la criatura abandonó el cuarto saliendo por la ahora abierta ventana. Una niña ingresó de regreso a su habitación tras haber ido al baño, para ella solo habían pasado cinco minutos. Su padre nunca se apareció por la casa aquella noche, de hecho más nunca volvió a ser visto. A la que más le alegraba aquello, era a la pequeña niña, quien estaba aliviada de que por fin su pervertido y pedófilo padre desapareciera, pues estaba cansada de que la acosara y le hiciera “cosas para adultos” todo el tiempo. Nunca supo el porqué su padre desapareció, pero, realmente no le importaba, pues para ella era una extraña suerte… y para el monstruo… una suerte negra...
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