Capítulo 7: Dudas

1308 Words
―Fue Sinclair, y antes de que te enojes, no le he dicho que sí, y tampoco puedes juzgarme por el beso. El idiota lo hace delicioso― mi amiga me mira con advertencia y yo sonrío ―está para besarlo hasta desmayar, está para dejarlo usar su lengua en lo que quiera, está para amarrarlo a la cama y cada vez que da hambre comérselo. Está para ponerle chocolate y que él sea la fresa, el gilipollas está para nosotras ser el helado y él nos ponga la leche condensada― mi amiga carcajea y yo tras de ella. Siempre le ha hecho gracia que sea virgen y se me ocurran estas cosas, pero el sexo es algo natural en mi familia y yo santa solo por mi virginidad. Siempre escucho a mi madre y sus amigas hablar de las cosas perturbables que hacen con sus esposos y compañeros de juegos. ―Estás loca, ¿No te da vergüenza haberte burlado de las mujeres que lo llaman constantemente a la oficina y ahora te des cuenta de que razón tenían?― asiento bastante avergonzada. ―No quería corresponder, pero cuando sus labios tocaron los míos sentí algo que no puedo explicar― miro a mi amiga a los ojos y con seriedad pregunto: ―¿Puedo enamorarme por un beso?― ella me mira igualmente seria, sabe que no bromeo. ―Sabes la respuesta y si la quieres olvidar solo mira a mis padres― asiento, Los padres de Francia solo tuvieron que darse un beso y fue todo para pasar sus vidas juntos. ―¿Sabes? Tengo algo de miedo, no quiero dejar la apuesta y claramente no la dejaré, pero Sinclair es el único dispuesto a estar conmigo, y sabes que él...― callo y miro en dirección a los niños, creo que pasaré toda mi vida bajo las burlas de mi hermana y bajo los señalamientos de los medios. Todos están seguros de que seguiré los pasos de mis padres. ―Tienes miedo de sufrir― dice mi amiga abrazándome ―es normal. El tío es terrible y con la reputación que tiene en los clubes no es para menos. Tendrás que espantar a muchas― me gira para mirarme a los ojos ―pero también sabemos que es un hombre de promesa. Te ha dicho que lo dejaría todo y aceptaría cada una de tus reglas. Me has dicho que dejó plantada a Danna, a la operación estética ambulante, ¿Sabes lo que es eso? Todos en el país pensamos que ellos llegarían a algo serio― frunzo el cejo, eso me preocupa, he tenido la desdicha de tratar personalmente con esa modelo de pacotilla. ―No lo sé Francia, de por sí toda esta apuesta es una locura. No tengo cabeza para pensar en todo lo que debo soportar por ser pareja del mejor abogado de todos los tiempos― tuerzo la boca ―pero debo hacer esto, mi hermana no se saldrá con la suya. Ya estoy harta de que gane en todo, y también les dejaré claro a todos que no por ser hija de mis padres seré como ellos, y aceptar la propuesta de Sinclair me ayudará. Estaría con un hombre que le va esa vida libertina. Así verán que conmigo lo dejará todo y que yo no participo en nada de eso― sonrío por lo grandioso que se visualiza todo a largo plazo ―soy capaz de enamorar a un hombre, él me querría y nos casaríamos amándonos― mi amiga suspira. ―Sigo creyendo que es una locura, no debería importarte lo que digan las personas, pero sé que no darás tu brazo a torcer, así que te apoyo en todo, de esa manera tendré excusas para arrancarle las pelotas a un idiota si te hace daño― carcajeo a la par que mi amiga. Cansadas de corretear a mis sobrinos decidimos irnos a casa, mi amiga irá a la inauguración del nuevo Club así que se quedará conmigo. Adoro tenerla como amiga, ella me lo vuelve todo mucho más fácil, a veces, no puedo negar que es una maniaca del orden y la puntualidad, pero la quiero. ―Chicas― nos llama mamá cuando entramos a casa ―¿Cómo les ha ido?― les da un beso a los niños y los manda con su cuidadora. Mi amiga resopla. ―Ya sabe usted como son esos terremotos. ¡Me han hecho correr como de costumbre!― Francia se acerca a mamá y le da un abrazo ―está preciosa― la halaga mi amiga, mi madre que está con unos vaqueros ajustados y una blusa con escote sonríe coqueta. ―Y mira que estoy descalza, cielo― se mira los pies y ríe, mi madre es divertida, pero yo no pudiera estar siendo el centro del deseo y las perversiones más oscuras de los hombres. Joder, que fue la portada del calendario Playboys por mucho tiempo, medio mundo la ha visto desnuda y semidesnuda, no comprendo a papá. ―Aún desarreglada eres la mujer más sexy y más deseada del planeta― papá, con posesividad le pasa las manos por las caderas y tira de ella hasta chocarla con su cuerpo, después de sonreírle y mirarla a los ojos la besa. Ese gesto que tuvo papá con mamá me recuerda automáticamente a lo que hizo Sinclair conmigo. Esa posesividad, esa mirada y esa maldita sonrisa antes de besarme me dijeron algo que no logré comprender en el momento y que no logro comprender ahora. Nosotros no estamos enamorados. ―Calma guapo, debemos cenar para irnos, además están las chicas presentes― susurra mi madre acariciando la mejilla de mi padre y mirándolo a los ojos, Francia ríe y tira de mí para dirigirnos al comedor. ―Por nosotras ya no habrá más problemas― se despide de mis padres quienes sueltan una risotada. Francia al contrario de mí, participa en los clubes. ―Pero si ha llegado mi hermanita la virgen puritana de los ángeles― resoplo al escuchar a mi hermana, le miro con enojo. ―Quedamos en algo Ira― ella asiente sin perder su sonrisa, Francia se sienta a la mesa y mete mano inmediatamente al tazón de frutas. ―Tengo que conocer a mi cuñado― sonríe con maldad ―quiero ver quién es ese loco, y claro para regocijarme desde ya, que voy a ganar― ruedo los ojos. ―Pues bien, pronto lo vas a conocer, pero si sigues molestándome romperé mi promesa― mi hermana queda seria y asiente. ―Vamos hermanita, no tienes que dar tan bajo― sonrío orgullosa por hacer que se callara. Los niños entran corriendo y abrazan a su madre, ella se los come a besos. Es una maldita como hermana, pero como madre absolutamente nadie se la gana, ama a mis sobrinos de una manera admirable. ―Bien, a cenar― da la orden papá y cada uno se va sirviendo lo que más le guste. Soy comelona, y creo que la comida se me desvanece, no engordo y como cómo constructor. Pasamos la cena entre risas, anécdotas, burlas de parte de mi hermana y suspiros por los preciosos que tengo como sobrinos. La hora de arreglarnos para irnos al club llega, aún me estoy debatiendo si aceptar a Sinclair o tratar de buscar a alguien más. ―Por el amor de Dios― mi amiga me mira con su sonrisa ladeada ―cariño― da un silbido sin dejar de mirarme ―van a querer jugar contigo y nadie se molestará por ocultarlo o disimularlo. Estás buena― carcajeo ante las palabras de mi amiga. ―No exageres, a ti sí que te van a dar hasta para llevar― ella asiente divertida y moviendo sus caderas inicia a gemir.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD