Pantera gruñó en su boca, sus labios pegados a los de ella. —Joder… qué apretada, cielo… —murmuró entre embestidas. Cada movimiento era duro, profundo, arrancándole gemidos fuertes que se mezclaban con el sonido de su pelvis chocando con la de ella. La sostenía con fuerza, como si pudiera quebrarla en dos y aun así la reclamaba más duro. Evanya se aferró a él con todas sus fuerzas, sintiendo cómo la llenaba, cómo cada embestida la llevaba al límite. Se sentía poderosa, sabía que él la deseaba tanto que perdía el control, que su cuerpo podía hacerlo temblar. Y al mismo tiempo, se sentía dominada por completo, suya, rendida. Pantera la tomó con rudeza, sujetándola de las caderas, levantándola y bajándola contra su pene duro. El ventanal vibraba con el choque de sus cuerpos. Entonces su m

