Boda interrumpida.

760 Words
Aún recordaba la reunión de la tarde, y no podía sacar de mi mente las palabras de Andrés. Mi corazón estaba lleno de confusión y miedo. No quería pensar en él, no quería pensar en nada que tuviera que ver con él. Solo quería concentrarme en Alex, en mi pequeño que dormía tranquilamente abrazado a mí, ajeno a todo el caos que me rodeaba. Mi prioridad era él, su bienestar, su felicidad. Miré su carita tranquila mientras respiraba suavemente, sintiendo la calidez de su cuerpo cerca del mío. No quería que él sufriera por nada de lo que había pasado. Andrés ya había causado suficiente daño en nuestras vidas, y ahora parecía que quería volver a entrar de alguna manera. Pero yo no iba a permitirlo. Recordé lo que había hecho, cómo me había usado, cómo me había manipulado. No podía entender cómo un hombre podía rechazar a su propio hijo antes de que naciera y luego regresar años después, como si nada hubiera pasado, buscando respuestas que ni él mismo sabía. ¿Qué clase de padre era ese? Lo peor era que él no parecía arrepentido. De alguna forma, Andrés estaba dispuesto a seguir manipulando todo a su alrededor, incluso a mí. Me había mudado de país, había tomado decisiones difíciles para alejarme de todo lo que tenía que ver con él, y ahora él aparecía como un fantasma del pasado, dispuesto a destruir todo lo que había logrado reconstruir. Pero no. No lo iba a permitir. Miré a Alex nuevamente, sintiendo la determinación crecer dentro de mí. Yo no iba a ser la misma mujer que él había conocido. Mi hijo merecía una vida mejor, lejos de las sombras de Andrés del Pino. Nadie me iba a robar esa tranquilidad, ni él ni nadie más. —Lo que él quiera, no me importa —murmuré en voz baja, como si fuera una promesa a mi hijo. Lo único que importaba era mantener a Alex a salvo y alejado de ese mundo oscuro al que Andrés parecía tan ansioso de arrastrarnos. Y aunque él volviera a aparecer una y otra vez, yo estaba dispuesta a luchar, por mí, por Alex, y por el futuro que merecíamos. Era un día soleado y perfecto para salir al parque. Alex y yo caminábamos por la acera, él iba saltando y corriendo a mi lado, contándome emocionado sobre sus amiguitos del jardín de niños. Su risa era contagiosa, y por un momento logré olvidarme de todo lo que me preocupaba. Solo estábamos él y yo, disfrutando del día. —¡Mira, mamá, una iglesia! —dijo Alex señalando hacia una iglesia antigua y majestuosa a lo lejos. Me detuve, mirando la iglesia con curiosidad. La puerta estaba abierta, y pude escuchar el suave murmullo de la música y las voces dentro. Alex, que siempre se mostraba tan curioso, me miró con ojos brillantes. —¿Vamos a ver? —preguntó, mientras comenzaba a caminar hacia la entrada sin esperar mi respuesta. Sonreí y lo seguí, pensando que no pasaba nada por echar un vistazo. Al acercarnos a la puerta, nos detuvimos. La iglesia estaba decorada con flores blancas y una atmósfera de alegría envolvía el lugar. La ceremonia de una boda estaba en pleno apogeo. Entonces, algo hizo que mi corazón se detuviera por un segundo. Vi a un hombre de pie junto a la novia, con su traje elegante y una sonrisa de felicidad que parecía de ensueño. Era él. Elliot Morgan. Él estaba allí, con su chaqueta de novio, de pie junto a la mujer que iba a casarse con él. Pero lo que me sorprendió más fue lo que hizo Alex en ese preciso momento. —¡Mira, mamá! ¡Es él! ¡Es mi papá! —exclamó, señalando con entusiasmo a Elliot. Antes de que pudiera detenerlo, Alex corrió hacia la entrada de la iglesia, directamente hacia Elliot. Mi corazón dio un vuelco mientras lo veía abrazar a aquel hombre, con una sonrisa de felicidad en su rostro, como si finalmente hubiera encontrado a su papá. —¡Papá! ¡Te encontré! —gritó Alex, mientras lo abrazaba con fuerza. Mi mente se nubló, y por un instante no supe qué hacer. Me quedé paralizada, observando lo que estaba sucediendo. Elliot, visiblemente sorprendido, miró al niño que lo abrazaba, sin saber cómo reaccionar. La novia, que había estado observando la escena, se acercó rápidamente. Su cara se transformó en una mezcla de desconcierto y enfado. Sin pensarlo dos veces, se acercó a Elliot y le dio un fuerte cachetazo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD