Sí, era un sueño, lo sentía...y era cuestión de percibirlo, de oler el aroma de las flores, de escuchar el eco de mi voz y ver el sol en lo alto del cielo, que con aquel calor irradiaba mi cuerpo.
Parecía todo tan real.
—¿Y quién eres tú? —le pregunté al chico, quién estaba juntando margaritas y mirándolas de forma extraña.
—Mi nombre es Tanner, un gusto.
Su presentacion fue incluida con las flores, que las tendió esperando a que las tomara.
Miré las flores y luego la sonrisa iluminada de él, quién parecía ansioso para que las aceptara.
Las agarré y le sonreí, ruborizada.
—¿Gracias?
—Ahora corre —miró detrás de mí.
Fruncí el entrecejo y miré hacía atrás.
Abrí los ojos de par en par al ver un montón de abejas zumbantes que se volaban a todas velocidad hacía mí.
Pegué un grito, solté las flores y corrí.
Escuché su risa y él también corría a mí lado.
Las abejas fueron hacía las flores, dejándome a salvo.
—¡Eres un idiota! —exclamé, un poco agitada.
—Tú aceptaste las flores, así que tú aceptaste tu destino.
—¡¿Ahora eres filosofo?!
—¿Y cómo sabes si no lo he sido antes? —preguntó, llevándose la mano bajo el mentón y mirando el cielo, con aire pensativo.
Aquel chico me resultaba un tanto extraño, me parecía ahora, algo familiar.
¿Dónde lo había visto?¿Acaso soñaba con él desde hace mucho tiempo y no lo recordaba?¿O era la primera vez que aparecía?
—Ven, siéntate conmigo —invitó.
Se sentó y yo hice lo mismo, y nos quedamos mirando el río que pasaba sobre las rocas sobresalientes y de tonos preciosos.
—Nunca había venido a un lugar así —comenté—, mi madre y yo no salimos mucho de casa.
—Aquí te olvidas de la tecnología, de las amistades, de la familia...de todo.
—¿Olvidarse de las amistades? —pregunté—¿De la familia?¿Por qué lo dices?
—¿Es qué no lo ves? Estamos aquí porque queremos olvidarnos de la realidad—apretó los labios, mientras arrancaba algo de césped y los soplaba con delicadeza de sus manos.
—Bueno...en eso consiste soñar ¿no?
Me miró a los ojos y luego desvió la mirada hacía el río, contemplándolo.
—¿Te conozco? No te he visto en mi vida, Tanner.
Sonrió, e intuí que algo guardaba en aquel reflejo de su rostro.
—Yo tampoco te he visto en mi vida y aún así estás aquí...
—Me gusta estar aquí —confesé.
Cerré los ojos y el viento pegó en mi rostro, un viento delicado y bonito, de esos que te recuerdan lo viva que estás.
Sentí unos labios sobre mi mejilla, me sobresalté. Ahora Tanner estaba mucho más cerca. Me ruboricé, llevándome una mano a la mejilla en donde había depositado su beso.
—Te estoy esperando, Aurora...de verdad.
Era un sueño, no debía de olvidarlo, porque ahora ya no distinguía la realidad de los sueños.
Tanner parecía un buen chico y era lindo, muy lindo.
Tenía un lunar a la altura de la mejilla, casi llegando al ojo. Una sonrisa que marcaba los hoyuelos de las comisura de sus labios y la confianza que transmitía ahora se sentía mucho más verdadera.
¿Quién era él? Me tenía encantada.
Me levanté un poco y me senté más cerca, casi pegada a su cuerpo y apoyé mi cabeza en su hombro.
Él acepto mi acercamiento colocando su cabeza sobre la mía, largando un corto suspiro.
—Tanner...—murmuré.
Fui a conocer la Torre Eiffel con su mano aferrada a la mía y me sacó muchas fotografías para poder recordar uno de los momentos más hermosos que estaba viviendo.
Tanner era gracioso y eso me mantenía feliz a cada momento.
En Paris nos revolcamos en el césped con la mirada en el cielo y lloré de la emoción cuando vi por primera vez el Arco de Triunfo. Rocé mis manos en él, sintiendo que mi sueño se había hecho realidad...bueno, algo así.
Comimos pan francés y muchas comidas que no recordaba su nombre. Alquilamos un hotel y no dormimos, porque charlábamos mucho.
Él era muy charlatán, y eso lo hacía más interesante.
Fuimos en barco a New York con nuestra vestimenta parisina que consistían en una remera de rayas blancas y negras, un pantalón n***o y una tela roja atada a nuestro cuello.
Tanner no paraba de abrazarme y besarme el cuello. Yo se lo permitía y no sabía por qué, pero al tenerlo cerca todo era mejor.
—¡Mira todo el montón de gaviotas que se aproximan!—gritó, trepándose a los barandales del barco, me miró desde allí, alegre—¡Ven Aurora!¡Ven conmigo!
Verlo con esa emoción que contagiaba mi alma, provocó que se me llenaran los ojos de lágrimas. Sonreí nuevamente, y no quería dejar de hacerlo. Era imposible que no lo haga.
Corrí hacía él y lo abracé por detrás, hundiendo mi nariz en su espalda tan dura como una piedra.
—¡No quiero despertar jamás!¡Esto es hermoso!—grité, feliz.
Se volvió hacía mí y bajó un barandal para quedar casí a la misma altura que yo.
Tomó mi rostro entre sus manos, clavando sus ojos grises en los mios.
Era la primera vez que sentía aquello por alguien, era una energía tan fuerte que no podría llegar a comprender por más que lo intentara.
Tenerlo cerca, explotaba los fuegos artificiales en mi vientre.
Con el cielo de fondo detrás de él y el bello atardecer que pintaba el mundo de colores, reflejándose en el agua que se mecía con cuidado, lloré.
Eran lágrimas de que por fin estaba segura...de que por fin...
Él sonrió y secó mis lágrimas con su pulgar, dejándome una caricia que vibró en todo mi cuerpo.
Aproximándose poco a poco, posó sus labios sobre los mios.
Entonces, en ese momento...me aferré a él, me aferré a su cuerpo, me aferré a sus besos, me aferré a sus caricias, me aferré a su sonrisa, me aferré a su alegría...simplemente me aferré a alguien que...a alguien que no había visto en mi vida...pero que conocía como la palma de mi mano.
Conocer a Tanner fue como un susurro de ángel.
Y que aquel beso fuera correspondido, fue justamente una marca que significó todo para mí y esperaba que para él, fuera así.
Pero...ese beso fue el final que no esperaba.
Si tan solo hubiera prevenido, si tan solo me hubiera concentrado para que mi mente solo se enfocara en él y en los paisajes...
Mi alrededor se distorsionó y lo que me aterró fue que Tanner, también.
Un manto n***o me cegó, y todo lo que me hacía feliz desapareció.
—No, no, no, no ¡No!—grité.
Esa fue la ultima vez que vi a Tanner antes de despertar en el hospital después de estar cuatro días en coma.