Capítulo 4: Realidad sin color.

1522 Words
Abrir los ojos fue como dormir y tener una pesadilla tras otra. Vi el rostro demacrado de mi madre, agotada y la caricia de su mano aferrada a la mía sobre unas sabanas blancas. No tenía la intención de soltarme. Las paredes blancas a mi alrededor irradiaban frío y la luz del sol ingresaba por la ventana, cegándome por momentos. —¿Ma..má?—cómo una pregunta podía causarme tanto dolor. Ella levantó la cara con brusquedad, dejando a la vista sus lágrimas y con una clara sonrisa de alivio en sus labios. Se inclinó hacía mí y me abrazó con delicadeza. —Oh mi Aurora, creí que te había perdido—dijo, con la voz partida. Fruncí el entrecejo, tratando de recordar lo que me había sucedido...Zaz. Palidecí ante el recuerdo del disparo que pegó en mi vientre, y vi el rostro de mis amigos, perplejos. Y después...Tanner. Tenía ganas de llorar...creí que él era real... Mamá vio que lloraba en silencio y secó mis lágrimas con sus suaves dedos. —No te asustes mi amor, mamá ya está aquí—prometió—, ya no llores, lo peor ya ha pasado. Has estado en coma por cuatro días, bueno, contando cinco con el día de hoy. La bala por poco rosa tus pulmones. ¿Dónde realmente había pegado la bala? Me costaba formular palabras, me costaba hasta respirar sin sentir un dolor punzante desde el cuello hasta la cintura. —No, no hables—me dijo, al ver que intentaba balbucear algo—. Debes cuidarte, lo que te ha sucedido es un milagro Aurora. Los médicos me han dicho que no era para tanto pero...por Dios, pensé que perdía a mi única hija. La cabellera rubia de mi madre caía como cascada en las sabanas y sus ojos azules reflejaban la angustia por aquellos días de ausencia. Pobre de mi mamá, ella no merecía quedarse sola. —Zaz ha sido expulsado de la escuela—contó—y he estado esperando a que te despiertes para ver si tú querías que levantáramos cargos contra él. Si fuera por mí, ya lo hubiera hecho...pero preferí esperarte a ti y decidir entre las dos. Negué lentamente con la cabeza. Dolió también aquel movimiento por estar quieta demasiado tiempo. No quería levantar cargos contra él, fue un accidente por el amor de Dios. —Está bien, no te pido que decidas ahora Aurora...quiero que,cuando te encuentres mejor, lo hagas.—se puso de pie y depositó un beso en mi frente—Iré a buscar al doctor para avisarle que ya estás aquí con nosotros. Mamá ahora estaba de buen animo, lo comprendía y me alegraba poder estar viva...pero ahora ¿Quién demonios me quitaría el maldito vacío que me había dejado Tanner? Tenía ganas de chillar, una parte de mí quería quedarse toda una vida con él y la otra, cuidar a mamá. Tanner era la única persona que me había hecho sentir especial, que me había mostrado el mundo. ¿Mostrado?¡No! Él me lo había dado, me lo había regalado con un suave beso suyo... Mis ojos se volvieron cristalinos. Quería volverlo a ver y era desesperante estar allí, sin poder moverme y con el alma partida en dos. ¿Quién era él?¿Por qué apareció en mi vida sin dejar rastro en ella?¿Cómo fue que todo su ser fue brindado en mi mente? Jamás te olvidaré Tanner, pensé, jamás. Cuando el sol ya amenazaba con marcharse para aparecer al otro día, Juana y Zaz aparecieron en la puerta, frenando bruscamente al verme con los ojos abiertos. Las lágrimas de mis mejores amigos fueron algo que me tomó por sorpresa. No caí en la cuenta de lo importante que era para ellos cuando los vi en ese estado tan descuidado. Mucho más me sorprendió el estado de él, quien estaba vestido con ropa arrugada, sin color y con unas ojeras de muerte por debajo de sus ojos. Les di una sonrisa débil, fue lo único que pude hacer para que supieran que estaba bien. Zaz se llevó una mano a la boca, ahogando un sollozo y corrió hacía mí, derrumbándose en la cama a la altura de mi cintura y sosteniéndose solamente por sus rodillas. —¡No puedo creer lo que te hice, soy un cerdo hijo de puta, perdóname por favor!—lloró desconsoladamente, hundiendo su rostro en mi pierna. Verlo así, me partió el alma. —¡Yo tuve la culpa, yo grité y provoqué que él te disparara!—exclamó Juana, casi gritando por su llanto. Hasta se les escapaba los mocos. Evadí una risa al verlos así...pero esa risa no me pertenecía. Yo no era capaz de reírme en ese momento tan serio... —¡Pero por qué sonríes, idiota!—me gritó Zaz, furioso—¡Creí que te había matado!¡Estaba apunto de suicidarme!¡Dime que soy una mierda!¡Golpéame si es necesario pero no sonrías así!¡Ay como te amo!—volvió a derrumbar su rostro contra las sabanas. —¡El humor de mi amiga ha vuelto!—sonrió de emoción Juana, apretando mi mano izquierda. —Te han extrañado, y yo aquí, muerto por tu ausencia, Aurora. Abrí los ojos de par en par al escuchar su voz dentro de mi cabeza...el corazón comenzó a latirme con fuerza. Me costaba respirar y mis amigos se dieron cuenta al ver mi alteración. Era él, estaba aquí, conmigo. —Ta...Tanner...er—logré decir, con la respiración contraída. Ellos se miraron entre sí, un poco descolocados. —¿Qué sucede? —¿Quién es Tanner? Clavé los ojos en Juana y apreté su mano con tanta fuerza que chilló. —Ta...nner—tartamudeé—, Tann... —Dime quién es Tanner—dijo Zaz, incorporándose muy asustado. Me dolía la cabeza, estaba segura de que él quería hablarme y que yo quería hacer lo mismo pero...¿cómo? —¿Estás ahí?—pregunté en mis pensamientos—¡Tanner!¡Te extraño! Esperé y esperé pero no hubo respuesta. —¿Quieres que llamemos al doctor?¿Él se llama así?—preguntó Juana, aterrada. Negué con la cabeza y cerré un momento los ojos tratando de verlo, tratando de recordar su rostro y pude hacerlo, aún seguía allí con aquella ultima mirada suya que irradiaba rebeldía y sensualidad a la vez. Su rostro pícaro...me quitaba el aliento. Volví a abrirlos, feliz. —Límpiense los...los mocos—logré decir para quitar cualquier rastro de preocupación en ellos. Lo logré al escuchar sus risas y me brindaron el más cálido de sus abrazos.          Estuve en casa tres semanas más. Al principió me costo caminar porque cualquier movimiento muscular provocaba una punzada en todo mi pecho y estomago. La bala dejó una cicatriz horrible, estaba más arriba del ombligo pero no llegaba a las costillas, pegó justo en el centro. Mamá me compró una crema para que con el tiempo se desvaneciera. Algunos médico no pudieron explicar el por qué de mi entrada al coma, ya que sólo se trataba de un disparo simple pero fatal si hubiera pegado en otro sitio de mi cuerpo. Sí, era un milagro que Zaz no haya apuntado mal y me hubiera matado de una. Él venía a verme todos los días, sus padres pagaron la estadía en el hospital y las medicinas, hasta la operación. Venían a visitarme, pero no con mucha frecuencia porque trabajaban. No levanté cargos contra mi mejor amigo, porque no fue intencional, lo sabía y él estaba haciendo todo lo posible para que volviera a confiar... No recuerdo cuantas veces repetí: ¡Nunca has perdido mi confianza! Él quería pagarme un tatuaje para cubrir mi cicatriz, el que yo quisiera...pero me daban miedo las agujas así que me negué rotundamente. Todos trataban de mimarme. Mis abuelos viajaron desde España para venir a verme, se quedaron una semana con nosotras. Me trajeron ropa, peluches, libros y maquillaje. Mis tías, Diamante y Sheldy, me llenaron de besos y juntaron dinero para que mamá guardara por si yo necesitaba alguna medicación o algo. Los padres de Juana pasaron a verme y me desearon una mejor recuperación. Ella se quedaba a dormir en casa para cuidarme, ayudar a mamá con los mandados y la limpieza. ¡Yo estaba cansada de estar encerrada en mi habitación! A pesar de que todos mis seres amados estuvieron presentes por el accidente...a pesar de que me regalaron millones de cosas para que yo mejorara pronto...nadie pudo regalarme una ultima sonrisa de Tanner. Nadie pudo regalarme una ultima mirada suya o un abrazo, prometiéndome que todo estaría bien, que él estaría allí, conmigo, pasara lo que pasara. Pero...eso no quiere decir que no estuvo presente su voz en mi interior. Nadie podría explicar el por qué su voz sonaba tan real en mí...creí que estaba loca pero...no, yo sabía que no iba por la rama de la locura. —¿Cómo te sientes?—me preguntó. —Estoy bien, aunque ellos no comprenden eso—contesté en voz alta, mirándome al espejo, acostada desde el centro de mi cama. —Se preocupan por ti, déjalos que te quieran. —Por supuesto que lo he hecho, es más, lo agradezco de corazón pero...quiero salir de esta cama de una vez por todas. —¿Y a dónde quieres ir? —Contigo, Tanner...quiero ir a Francia contigo. Apreté los labios evadiendo el llanto y mirando mis manos contra el edredón. ¿Por qué su ausencia me angustiaba de tal manera? De pronto, involuntariamente, mi mano izquierda buscó la derecha y ambas se entrelazaron. Abrí los ojos de par en par. —No te asustes, ese he sido yo—dijo tras soltar una risa—.Es mi manera de demostrarte que estamos juntos. Asentí, volviendo mi mirada hacía el espejo. —¿Controlas mi cuerpo? Había algo de pánico en mi voz, pero nada de eso cambiaba mi sentimientos hacía él. —¿Recuerdas aquella vez que golpeé a un mimo con un pan francés en la nuca?—preguntó, ignorando mi intriga. Olvidé lo que había dicho, porque aquel recuerdo me hizo reír entre dientes. —Sí, y también nos hizo correr por toda la Torre Eiffel como unos malditos desesperados. —Corres muy lento, Aurora—soltó, burlón. —¿Y cuanto tengo que correr para que me beses otra vez?—pregunté con cierta timidez. —Tú y tu romanticismo barato. Acuéstate, duérmete y ven conmigo a recorrer el mundo.
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