Guardar las Apariencias.

1963 Words
— Ahora que llevas el apellido Salvatore -me dice, cada palabra llena de una frialdad calculada-, espero que sepas cuál es tu lugar, Anastasia. Que tengas claro a quién pertenecen ahora tu lealtad y tu respeto. Vincenzo es tu esposo, y él debe ser tu prioridad, tu única prioridad. Su tono es inflexible, y siento una punzada de resentimiento en mi pecho. La idea de obedecer y respetar a un hombre que apenas conozco, un hombre que me ha convertido en su posesión, me resulta repulsiva, pero mantengo mi expresión neutra. Francesca no se detiene allí. -También espero que demuestres el respeto y la obediencia que se esperan de ti hacia Vittoria -añade, pronunciando ese nombre con una suavidad casi maternal, una calidez que no he visto en ella hasta ahora-. No olvides que ella también es parte de esta familia, y merece tu respeto, sin excepción. Vittoria. La mención de ese nombre, acompañado de ese afecto inesperado, me descoloca. ¿Quién es Vittoria? Nunca había escuchado de ella, ni Vincenzo ha mencionado su existencia. La forma en que Francesca habla de ella me hace pensar que debe ser alguien muy cercano a Vincenzo. Mi mente empieza a elaborar teorías en el breve instante que dura este tenso silencio. ¿Será la amante de Vincenzo? Me pregunto, sintiendo una extraña mezcla de celos y desconcierto. Francesca se refiere a ella con tanta ternura que no puedo evitar imaginar que prefería tener a Vittoria como nuera. Tal vez la mujer que Vincenzo realmente quiere, la que él amaría si no estuviera obligado a esta alianza conmigo. Una punzada amarga se abre paso en mi interior, y me siento atrapada en una red de secretos y expectativas desconocidas. No sé quién es esta Vittoria ni qué papel juega en la vida de Vincenzo, pero ahora, con cada palabra de mi suegra, tengo la sensación de que, además de las sombras de esta familia, también estaré compitiendo con alguien más. Mantengo el rostro impasible, pero mi mente sigue girando, tratando de entender mi lugar en esta familia desconocida, en la vida de este hombre que me ha impuesto su apellido y sus reglas. El ascensor finalmente se detiene, y las puertas se abren con un sonido suave, pero no me siento más libre. Bianca y yo salimos, Francesca se queda adentro, mirándonos con una expresión decidida. - Bianca, te dejo encargada de ayudar a Anastasia a cambiarse. Asegúrate de que se sienta cómoda y lista para la recepción. Con un movimiento de su mano, Francesca presiona el botón del ascensor, y las puertas comienzan a cerrarse lentamente. El eco de las palabras de Francesca aún resuena en mi mente, y no puedo evitar sentir un peso extra en el pecho, una mezcla de incomodidad y resentimiento. Bianca, sin embargo, parece percibir la tensión en mi expresión, y toma la iniciativa de romper el silencio mientras me guía por un pasillo alfombrado, elegante y sereno. -No te preocupes demasiado por mi madre -dice en un tono bajo, casi confidencial, mientras caminamos-. Ella no es tan dura como pareció serlo hace un momento. Supongo que la situación la tiene un poco estresada. Todo esto ha sido tan repentino... No ha habido tiempo para conocernos como se debería antes de una boda. La miro de reojo, observando la sinceridad en su rostro. Sus palabras alivian un poco la carga en mi pecho, aunque aún tengo muchas preguntas y dudas. Bianca parece más accesible, y tal vez incluso genuina en su intento de suavizar las cosas. Al menos, eso me gustaría creer. Finalmente llegamos a una puerta que ella abre con suavidad, dejándome entrar primero. Al cruzar el umbral, una elegante salita decorada con tonos suaves y cálidos. Un cómodo sofá de terciopelo color marfil se extendía frente a una mesa de centro de cristal, sobre la cual descansa un ramo de rosas blancas. Las paredes estaban adornadas con cuadros de paisajes románticos, y una lámpara de araña colgaba del techo, proyectando una luz suave y acogedora. A medida que avanzaba, noté un pequeño bar en la esquina, equipado con una selección de vinos y champán, perfecto para un brindis íntimo. La alfombra bajo mis pies era suave y lujosa, invitándome a descalzarme y disfrutar del confort del lugar. Finalmente, llegué a la habitación principal. El aroma a flores frescas y a sábanas limpias me recibe. Mis ojos recorren el cuarto, deteniéndose en la decoración en tonos cremas y dorados, que dan un aire acogedor y elegante. Al otro lado de la habitación, veo una cama adornada con pétalos de rosa, y por un instante se me hace un nudo en la garganta. El ambiente, aunque hermoso, me recuerda la realidad de esta noche... y lo que significa. -Este es el cuarto nupcial -dice Bianca con una leve sonrisa, tratando de hacer que el momento sea menos abrumador-. Supongo que te gustaría ponerte algo más cómodo - señala un lugar en la habitación. Mis ojos siguen el movimiento de su dedo y se posan en el vestido crema que está cuidadosamente extendido sobre el pequeño sofá. Su color suave y su tela ligera contrastan con el peso y la rigidez del vestido nupcial. Lo tomo con manos temblorosas, notando la suavidad del tejido, y me permito un pequeño respiro de alivio. Al menos, esta prenda es más sencilla y cómoda, sin las pretensiones y el simbolismo del vestido de novia. - ¿Quieres que te ayude a desabrochar el vestido? -asiento, agradeciendo en silencio su sensibilidad. Sin decir más, Bianca comienza a ayudarme a deshacerme del pesado vestido de novia, soltando con cuidado los lazos y botones que lo sujetan. Sus movimientos son rápidos, pero al mismo tiempo delicados, como si comprendiera lo vulnerable que me siento en este momento. - Sabes, espero que podamos conocernos mejor con el tiempo, Anastasia -comenta mientras trabaja-. No fue la bienvenida que planeé darte, pero las cosas en esta familia suelen ser... complicadas. La miro a través del espejo de la esquina, sorprendida por su honestidad y por el atisbo de una sonrisa genuina en su rostro. Su disposición me desarma un poco, y siento una pequeña chispa de esperanza de que, quizás, no esté completamente sola en esta nueva vida. - Me gustaría eso, Bianca -respondo en voz baja, intentando que mi tono refleje una apertura que aún no siento del todo, pero que necesito cultivar si quiero sobrevivir en esta familia. Ella me devuelve una sonrisa que parece sincera y, por primera vez, siento que podría tener al menos una aliada en esta familia. Una vez que Bianca ha terminado de ayudarme a desabrochar el vestido de novia da un paso atrás. - Tómate tu tiempo, te esperaré en la sala -me dice con una sonrisa alentadora-. Te verás increíble en este nuevo vestido. - Gracias -con un asentimiento se da la vuelta. La veo salir de la habitación y al escuchar el clip de la cerradura me quito el vestido de novia. El vestido blanco se desliza por mis brazos y cae al suelo en un suave susurro, amontonándose a mis pies. Lo miro por un momento, la tela blanca que simboliza pureza y esperanza amontonada en el suelo, ahora vacía de significado. Me siento un poco más ligera al dejarlo atrás, aunque el eco de la ceremonia aún resuena en mi mente. El vestido crema que tengo frente a mí es sencillo pero elegante. Al ponérmelo, me miro en el espejo por un breve instante, la tela suave y cálida abraza mi figura. Al salir de la habitación, Bianca me observa con una mirada satisfecha. - Te queda perfecto -comenta, y en sus ojos veo una chispa de admiración. Le agradecí con una inclinación de cabeza, tratando de ocultar mi nerviosismo. Me siento un poco más cómoda en el vestido crema, aunque la opresión en mi pecho no desaparece del todo. Bianca me guía de regreso al ascensor, y mientras descendemos, trato de prepararme mentalmente para la recepción. Sé que será un desafío mantener la compostura frente a tantas miradas inquisitivas. Al llegar al salón de recepción, la opulencia del lugar me abruma. Las luces brillan con una intensidad casi cegadora, reflejándose en los cristales y espejos que adornan las paredes. Los invitados ya están reunidos, conversando en pequeños grupos tomando champán, y el murmullo de sus voces llena el aire, el suave sonido de la música de fondo creando una atmósfera casi irreal. Me encontré con una multitud de rostros desconocidos. Parecía haber más gente de la que había en la iglesia durante la ceremonia. Mi corazón latía con fuerza mientras buscaba con la mirada a mi nuevo esposo. Finalmente, lo vi. De pie junto a una mesa, Estaba junto a su madre y mi padre. A su lado, dos hombres que no reconocía conversaban animadamente. La verdad era que no conocía a nadie del clan italiano. Solo reconocí a algunos rusos presentes, porque eran hombres de mi padre o socios frecuentes. Bianca y yo caminamos hacia donde ellos están. Cada paso que daba sentía las miradas sobre mí, evaluándome. Vincenzo levantó la vista y nuestros ojos se encontraron. Al verme, su mirada se endurece por un instante antes de suavizarse y sonreírme en una sonrisa calculada. Sus ojos evalúan mi nueva vestimenta. Escaneándome de arriba abajo. Su mirada es intensa, casi impenetrable. Al llegar a su lado, rodea mi cintura con su brazo, acercándome a él con una firmeza que me recuerda la posesión que ahora ejerce sobre mí. - Anastasia, quiero presentarte a Giovanni Russo -señaló al hombre a su derecha, un hombre de mediana edad con cabello oscuro y ojos penetrantes -. Es mi Consigliere, mi consejero de confianza -Giovanni me ofreció una sonrisa leve y asintió con la cabeza. - Y este es Lorenzo Romano -añadió, señalando al otro hombre, que tenía una expresión seria y una presencia imponente -. Es mi subjefe aquí en Nueva York -Lorenzo me ofreció una sonrisa cálida y extendió su mano. - Es un placer conocerte, Anastasia -dijo, su voz suave pero segura. Apreté su mano, sintiendo la fuerza de su apretón. - Es un honor conocerlos. - Bienvenida a la familia -dijo Giovanni, Su mirada era intensa, como si estuviera evaluando cada uno de mis movimientos -. Estoy seguro de que te adaptaras rápidamente a nuestra familia. - Gracias -respondí, tratando de mantener la compostura-, eso espero. - Francesca, ¿qué me dices tú? -preguntó Giovanni, provocando que me tensara al instante. Francesca me miró con una expresión evaluativa antes de responder. - Creo que Anastasia tiene la determinación y la gracia necesarias para hacerlo. Con el tiempo, se ganará el respeto y el cariño de todos -dijo, su voz suave pero firme. Mis ojos se desviaron hacia mi padre quién se acercaba a mí. Parecía haber sido ignorado por Giovanni y Lorenzo cuando llegué. Su expresión era seria. Sabía que esta situación no le agradaba, pero también sabía que estaba aquí por las apariencias. - Recuerda, Anastasia -susurra cerca de mi oído en un tono bajo pero duro-. Todos están observando. Debemos dar una buena impresión. Sentí un nudo formarse en mi estómago. Me obligué a sonreír, aunque la tensión era palpable. Vincenzo me apretó la cintura ligeramente. Lo miré y vi la pregunta en sus ojos, como si hubiera sentido mi incomodidad. Le sonreí tratando de que viera que todo estaba bien. Pero al parecer, Vincenzo no estaba convencido. Su mirada se dirigió a mi padre con desaprobación. La tensión entre mi padre y Vincenzo era evidente, y me di cuenta de que tendría que navegar cuidadosamente estas relaciones para encontrar mi lugar en la familia Salvatore. La recepción seguía a nuestro alrededor, pero en ese momento, todo lo que importaba era mantener la compostura.
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