Esmeralda de Esclavitud.

1298 Words
Saco una pequeña caja del bolsillo de mi chaqueta, y la coloco sobre la mesa frente a ella. El sonido de la madera contra la caja rompe el silencio, y ella dirige sus ojos rápidamente hacia el objeto, para luego volver a mirarme, desconcertada. - Esto es tuyo -digo sin preámbulos, mi voz firme, dejando claro que no estoy aquí para negociar. Lentamente abro la caja, revelando el anillo. La piedra, una esmeralda de un verde profundo, refleja la luz y, por un momento, pienso en cómo ese color me recordó a los ojos de Anastasia cuando lo vi en la joyería. No elegí este anillo porque fuera bonito, sino porque es simbólico. Es una forma de dejarle claro que, aunque piense que tiene opciones, todo está fuera de su control. - Lo elegí porque me recordó a tus ojos -añado con un tono que no deja lugar a dudas. No es un halago, es una declaración fría. Este anillo no es una muestra de afecto. Es una marca. Una señal de lo que vendrá. Ella traga saliva, mira la caja como si fuera una amenaza. No puedo culparla. Noto cómo su respiración se vuelve aún más irregular, aunque su rostro intenta mantenerse impasible. Aprecio esa lucha interna, pero también sé que es inútil. No hay salida para ella, no de esta situación. - Nos casaremos en tres días -digo, manteniendo mi mirada fija en la suya-. Y este es el símbolo de nuestro compromiso. Lo que pienses o sientas al respecto no cambia nada. La caja está ahí, abierta, pero ella no se mueve. Me acerco un poco más, apoyando una mano sobre la mesa, inclinándome lo suficiente para que sienta el peso de mis palabras. - Póntelo cuando quieras -le digo, mi voz baja, controlada-, pero asegúrate de que, cuando llegue el momento, lo lleves puesto. No te estoy dando una opción, Anastasia. Esto va a suceder, te guste o no. Por un momento, pienso que va a responderme, pero solo se queda en silencio, su mandíbula tensa, sus ojos aún fijos en los míos, desafiantes. Ella sabe que no puede escapar, pero no va a rendirse fácilmente. Esa voluntad de acero me irrita, pero también despierta algo en mí, algo que me hace querer ver hasta dónde puede llegar antes de quebrarse. Me incorporo de nuevo, dando un paso hacia atrás, pero sin apartar la mirada. El enfrentamiento entre nosotros ha dejado claro que no será sumisa de inmediato, pero eso no cambia el resultado. Anastasia será mía, y aprenderá lo que significa estar bajo mi control. - Tres días -repito con un tono final-. Prepárate. Me doy la vuelta, pero no salgo de inmediato. Aún quiero ver si hace algún movimiento. La dejo con el anillo frente a ella, sabiendo que, al final, no tendrá otra opción más que aceptarlo y me voy. ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥 Cuando empujo las puertas de la mansión de mi madre, siento el eco de mis pasos rebotando en las paredes. El mármol bajo mis pies es frío, inmutable, como yo trato de ser. La mansión Salvatore siempre ha emanado poder, con sus techos altos y arte renacentista, pero hoy el peso que llevo encima parece más denso que nunca. No sé cómo tomará esta noticia mi madre, y menos mi hermana. Francesca siempre ha tenido una opinión fuerte, y esta vez no será diferente. Avanzo por los pasillos hasta el salón, donde sé que las encontraré. Mi hija Vittoria está sentada en el suelo, jugando con sus juguetes de madera, tan ajena a todo lo que está por suceder. Mi madre está en su sillón habitual, con un libro en la mano, mientras Bianca hojea una revista, más por costumbre que por interés. - Mamá, Bianca -saludo, tratando de mantener la voz firme, aunque no puedo ocultar el cansancio que arrastro desde mi encuentro con Anastasia. Francesca levanta la vista de su libro y me observa con esa mirada escrutadora que ha perfeccionado con los años. Siempre sabe cuándo algo no anda bien, y hoy no será la excepción. - Hijo, llegas más temprano de lo esperado. ¿Cómo te fue en la reunión? -pregunta mi madre, su tono cargado de esa preocupación habitual que nunca desaparece desde que asumí el mando. Suelto un suspiro y camino hacia Vittoria. - Papá -Vittoria dice en voz baja, corriendo hacia mí. Me agacho, cargándola fácilmente en mis brazos. Siento la presión suave de sus manitas rodeando mi cuello, y por un momento, todo parece estar bien. Pero no puede durar. Siento su calor inocente contra mí, como un ancla que me recuerda por qué hago todo esto. Le doy un beso en la cabeza y la a miro a los ojos. - Vittoria, ve a buscar tus cosas. Nos vamos a casa. Ella asiente con esa seriedad que siempre ha tenido, una niña de cinco años que entiende más de lo que cualquier niño debería. La dejo en el suelo, y la observo mientras sube las escaleras en silencio. Su figura pequeña desaparece al doblar la esquina. Mis ojos se deslizan hacia Francesca y Bianca. - Me casaré -la expresión en el rostro de mi madre cambia cuando dejo caer las palabras con la precisión de una bala. La sala queda en silencio. Francesca cierra su libro lentamente, sus ojos no me dejan, mientras que Bianca deja caer su revista al suelo, boquiabierta. - ¿Qué? -la voz de Bianca rompe el silencio como una explosión-. ¿Te casarás? ¿Con quién? Mi madre sigue callada, pero su mirada se endurece. Sé que está esperando que explique más, y lo hago. - Con la hija de Volkov. Anastasia. Mi madre se levanta del sillón y da un paso hacia mí, su rostro tenso. La incredulidad en sus ojos es evidente, pero también esa preocupación que nunca desaparece del todo cuando se trata de las alianzas. - ¿Con la hija de Viktor Volkov? -pregunta, midiendo sus palabras, como si no pudiera creer lo que está escuchando-. ¿Una alianza con los rusos? Asiento, apretando los dientes mientras busco la manera correcta de explicar esto. - Los Volkov... Vincenzo, ¿qué estás haciendo? Esto es peligroso, incluso para ti -se lleva una mano a la boca, sus ojos se ensombrecen. - Lo sé -miro a mi madre, sin apartar la vista -. Pero es necesario. Los rusos y nosotros compartimos los mismos enemigos. Esta alianza es la única forma de asegurar que no destrocen lo que hemos construido. - ¿Y ella? ¿La conoces siquiera? -Bianca me mira, aún sorprendida. - No lo necesito -digo con frialdad -. Esto no es por amor. Esto es por la familia, por lo que debemos proteger -sé que la siguiente parte les gustará menos -. Me caso en tres días. El silencio es instantáneo, pesado. Mi madre parpadea, procesando lo que acabo de decir, pero no puede ocultar su sorpresa. Su semblante, siempre compuesto, se tensa. - ¿Qué? -pregunta finalmente, su voz afilada, casi incrédula. Mi madre rara vez pierde el control, pero puedo ver el impacto de la noticia en ella. - ¿Tres días? ¿Estás bromeando, verdad? -Bianca deja escapar una risa corta, incrédula. - No -respondo con firmeza, cruzando los brazos -. No es una broma. Esta es una alianza que se debe hacer, y no hay tiempo que perder. Bianca me observa con los brazos cruzados, el ceño fruncido. Sé lo que está pensando, no necesito que lo diga en voz alta, pero lo hace de todos modos. - ¿La embarazaste? -suelta abruptamente, su voz cargada de incredulidad y algo de rabia -. ¿Es esa la razón por la que tienes que casarte en tres días?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD