Confrontación.

1222 Words
Mientras el silencio se cierne entre nosotros, la realidad de mi situación se cierne sobre mí como una tormenta inminente. Sé que mi vida está a punto de cambiar para siempre, y lo único que puedo hacer es prepararme para la lucha que se avecina. Cuando mi padre se levantó de su asiento, sentí cómo una parte de mí quería salir corriendo detrás de él, pedirle que no me dejara sola con Vincenzo. Pero me quedé quieta, las manos apretadas sobre mi regazo, intentando mantener el control sobre mi respiración. Sabía que no serviría de nada. Viktor siempre tomaba las decisiones, y esta no sería la excepción. Cuando llegó a la puerta, se detuvo un segundo, mirando a Vincenzo con un leve asentimiento. — Los dejo para que se conozcan mejor. Y con esas palabras, cerró la puerta detrás de él. El silencio en la habitación se volvió ensordecedor. Vincenzo no se movió de inmediato, pero pude sentir su mirada sobre mí, evaluándome, como si fuera una presa acorralada. El peso de su presencia llenaba cada rincón de la sala, y el aire se volvió denso, difícil de respirar. No me atrevía a mirarlo directamente, no todavía. Finalmente, escuché el crujido de la silla cuando se levantó. Mis músculos se tensaron. Vincenzo dio un par de pasos hacia mí, y aunque no lo estaba viendo, podía sentirlo acercarse. Me obligué a levantarme también. Si íbamos a enfrentarnos, no lo haría sentada. Necesitaba al menos esa pequeña ventaja de sentirme a su altura, aunque fuera solo una ilusión. Me quedé de pie frente a él, inmóvil, intentando mantener una postura sumisa. Pero por dentro, todo en mí gritaba. No voy a rendirme sin luchar, me repetía. Mi cuerpo tal vez obedecía, pero mis ojos no podían evitar mostrar lo que sentía: el miedo, sí, pero también el desafío. Estaba asustada, aterrorizada incluso, pero no estaba vencida. Él comenzó a caminar hacia mí, con pasos calculados, cada uno más pesado que el anterior. Sentía su mirada evaluándome, como si intentara descifrar lo que escondía en mi interior. Cuando llegó lo suficientemente cerca, se inclinó un poco, bajando la cabeza hasta que nuestras miradas quedaron a la misma altura. Su proximidad me hizo contener el aliento. Cuando por fin lo miré a los ojos, su rostro era inescrutable. No había una pizca de emoción, solo esa calma impenetrable que lo hacía parecer aún más intimidante. — ¿Por qué quieres casarte conmigo? Las palabras salieron más duras de lo que pretendía, pero estaba demasiado asustada como para suavizarlas. Él arqueó una ceja, como si mi pregunta lo hubiera divertido. Dio un paso más, invadiendo mi espacio personal, y me obligué a mantenerme firme, aunque todo en mí gritaba que diera un paso hacia atrás. — No es una cuestión de querer, Anastasia —su voz era baja, controlada, pero llena de un poder que parecía vibrar en el aire—. Es una cuestión de necesidad. Esta alianza entre tu familia y la mía es lo que ambos bandos necesitan. No es una decisión que tú, ni yo, podamos evitar. Mis labios temblaron, pero no podía quedarme callada. Él hablaba de mí como si fuera un simple peón en un tablero de ajedrez, y aunque sabía que mi voz no tenía peso, no podía evitar resistirme. — Yo no quiero esta alianza. No quiero casarme contigo. Esperaba una reacción, algún signo de frustración o enojo. Pero él solo me observó, con esa mirada de acero que me atravesaba como si mis palabras no significaran nada. — No importa lo que quieras —respondió con una frialdad que me dejó helada—. Las decisiones ya están tomadas. El poder en sus palabras era incuestionable, aplastante. Sabía que lo que decía era cierto. No importaba lo que yo dijera o lo que sintiera. Mi vida ya no me pertenecía. Pero algo en mí se resistía a aceptar esa realidad. — ¿Por qué yo? —insistí, esta vez con un tono más desesperado—. ¿Qué ganas con esto? Vincenzo se inclinó ligeramente, tan cerca que sentí su aliento contra mi piel, haciendo que se me erizara la nuca. Su mirada era intensa, casi peligrosa, y por un momento, temí que fuera a hacerme daño. — Porque eres valiosa, Anastasia. Eres la llave que mantiene a tu padre bajo control, y con eso, mantengo el equilibrio que me conviene. —Se enderezó, sin apartar los ojos de los míos—. Eres una pieza en este juego. Y yo soy quien lo dirige. Sentí un escalofrío recorrerme. Él no tenía interés en mí, en lo que quería o necesitaba. Era todo una cuestión de poder, de control. Y yo solo era el medio para conseguirlo. Pero había algo más en su mirada, algo que no alcanzaba a descifrar. — Anastasia —pronunció mi nombre lentamente, su voz dura, cortante, como si quisiera marcar el inicio de lo que sería nuestra dinámica. 🖤 Pov: Vincenzo 🖤 La discusión había tensado cada músculo en su cuerpo, pero lo que más me llamaba la atención era esa mirada en sus ojos. Un desafío constante, a pesar de su miedo. Una parte de mí lo encontraba irritante; otra parte lo encontraba fascinante. Doy un paso adelante, acortando la distancia entre nosotros de nuevo. Puedo ver cómo su respiración se vuelve más rápida, cómo sus labios se presionan en una fina línea, intentando contener cualquier palabra que pudiera delatarla. Ella no se mueve, pero veo el leve temblor en sus manos, casi imperceptible. Doy otro paso, esta vez más cerca. La cercanía entre nosotros se vuelve palpable, casi sofocante. Siento el calor que emana de su cuerpo, aunque ella se mantiene erguida, desafiándome en silencio. Me inclino hacia ella, lo suficiente para que nuestra proximidad se convierta en una invasión. Mis ojos la recorren, buscando la grieta en esa fachada que intenta mantener. No puede retroceder. No hay más espacio entre ella y la silla detrás. La veo dudar por un segundo, como si evaluara sus opciones. Pero antes de que pueda hacer nada, me inclino aún más, hasta que mi sombra la cubre por completo. Noto el leve fruncimiento de su ceño, la tensión en sus hombros. Mi mera presencia la obliga a bajar la guardia, y sin tocarla, la empujo a someterse. Mi rostro está lo suficientemente cerca del suyo como para sentir la calidez de su respiración, pero no lo suficiente como para intimidarla por completo. Quiero que sienta el poder, la autoridad que traigo conmigo, pero también la inevitabilidad de lo que está por venir. Sus ojos verdes clavados en los míos, llenos de una mezcla de desafío y miedo. El aire entre nosotros es tenso, cargado de palabras no dichas y de una confrontación que ninguno de los dos quiere ceder. Después de nuestro enfrentamiento inicial, Viktor salió de la habitación dejándonos solos, como si esto fuera lo más natural del mundo. Como si no hubiera dejado a su hija en manos de un hombre como yo. La miro, evaluándola una vez más. La confrontación me hizo ver algo en ella, algo que me intriga y a la vez me molesta. Está claro que no va a ser fácil de domar. Finalmente, se sienta, forzada por la presión de mi proximidad. No le doy opción.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD