Prometida.

1222 Words
Mientras los guardias me conducían por el apartamento, mi mente no dejaba de dar vueltas. El miedo y la confusión me envolvían, pero había un pensamiento que se clavaba con fuerza en mi cabeza: la bolsa. De repente, recordé la bolsa oculta en el fondo del armario de mi habitación en Moscú. El dinero. El pasaporte. Mi boleto de escape. Lo había preparado todo hacía meses, desde que el compromiso con Dmitry se había vuelto una condena ineludible. Esa bolsa era mi salida, mi única oportunidad de huir lejos de la Bratva y de la vida que me tenían preparada. ¿Cómo pude olvidarla? Mis manos sudaban, el aire se sentía denso en mis pulmones, y un nudo se formó en mi garganta. Me la había dejado. ¡La dejé! Había tenido que actuar tan rápido, empacar lo mínimo y seguir las órdenes de mi padre sin preguntar. Pero ahora estaba a miles de kilómetros de Moscú, en Nueva York, y con una boda planeada en tres días. Y esa bolsa —mi única esperanza— estaba fuera de mi alcance. El pánico me invadía. Mi mente no dejaba de imaginar escenarios, planes que se desvanecían uno tras otro. Necesito esa bolsa. Necesito salir de aquí. Pero ahora era demasiado tarde. Mi cuerpo entero temblaba mientras me llevaban hacia mi habitación, y las palabras “Vincenzo Salvatore” resonaban como una sentencia. No conocía a este hombre, pero sabía que casarme con él solo significaría una nueva prisión, una jaula más dorada pero igual de impenetrable. Pronto estaría frente a él. ¿Qué se suponía que debía hacer? No tenía escapatoria. ❤️‍🔥 Cuando entra en la sala, todo el aire se espesa. Es como si el mismo espacio se encogiera para dar cabida a su presencia. Vincenzo Salvatore. Lo primero que noto es su altura, casi un metro noventa, y esa postura que exuda un poder intimidante. Sus ojos grises se clavan en los míos, y siento que me atraviesan, como si intentaran arrancar cualquier pensamiento que se esconda detrás de mi mirada. Su cabello rubio está atado en un moño descuidado, algo que de algún modo encaja con los tatuajes que asoman desde las mangas de su camisa. Manos fuertes, con tatuajes en los nudillos que parecen contar historias de luchas pasadas. Me pregunto si esos dibujos continúan por todo su brazo, y si se extienden a otras partes de su cuerpo. Hay algo en él que me resulta perturbador y fascinante a la vez, una mezcla de peligro y atracción que me deja sin aliento. En su cuello, noto más tinta, sombras y figuras que parecen fundirse con su piel. Los aretes en sus orejas y el aro en su nariz completan una apariencia que podría haber imaginado en mis peores pesadillas y, sin embargo, aquí está, frente a mí, real y tan amenazante como parece. Cuando Vincenzo se sienta frente a mí, la tensión en el aire se vuelve palpable. Su presencia es como un peso que me oprime el pecho. A medida que mi padre comienza a hablar, siento que el nudo en mi estómago se aprieta más. — Bueno, ahora que todos estamos aquí, hablemos de lo que realmente importa: la boda — la voz de mi padre es firme, pero hay un brillo en sus ojos que no me gusta —. Anastasia, tú y Vincenzo están destinados a ser una poderosa pareja. Este matrimonio no solo es una formalidad; es la unión de nuestras organizaciones. Las palabras de mi padre caen sobre mí como una sentencia. Siento un frío helado recorrer mi espalda. “Unir nuestras organizaciones”, repito en mi mente, como si eso pudiera cambiar el significado de mi situación. — Entiendo la importancia de esta unión, Viktor — responde, su voz calmada pero con un tono que me hace estremecer —. Pero quiero que quede claro: la boda no será solo un espectáculo absurdo. Necesitamos estar alineados en todo momento. Me encuentro atrapada entre la conversación, y mi corazón late con fuerza. No sé cómo se siente ser una parte de algo tan grande, pero sé que mi propia vida está en juego. — Por supuesto, Vincenzo. Pero es crucial que Anastasia entienda lo que esto significa para ambos. Es hora de que se prepare para su nuevo rol. La gente estará mirando, y debemos asegurarnos de que todo salga bien. — ¿Prepararme? —interrumpo, sin poder contenerme. Mi voz tiembla, pero intento que suene desafiante —. ¿No hay otra opción? ¿No puedo tener voz en esto? —cada palabra me cuesta, como si estuviera arriesgando demasiado, pero la desesperación me empuja a hablar. Vincenzo gira su cabeza hacia mí, sus ojos grises se clavan en los míos. Por un breve momento, parece sorprendido. Me gustaría que se sintiera amenazado por mis palabras, pero en cambio, hay algo en su mirada que me incomoda. — El poder de decidir se extiende más allá de una elección personal, Anastasia. Tu voz será importante, pero este es un juego en el que la supervivencia está en juego. Debes entender que, una vez que seas mi esposa, deberás asumir la responsabilidad que eso conlleva. Y eso incluye saber cuándo callar y cuándo hablar. Siento que mi cuerpo se tensaba ante sus palabras. Cada frase es como una cadena que me ata más a esta vida que no elegí. — ¿Y si no estoy de acuerdo con lo que se espera de mí? ¿Qué sucederá entonces? —mi voz sale más fuerte de lo que pretendía, pero la rabia y la frustración luchan por salir. Vincenzo se inclina hacia adelante, y su mirada se vuelve más seria. — Eso depende de ti, chiquilla. Si te sometes a lo que se requiere, serás más poderosa de lo que imaginas. De lo contrario, tendrás que enfrentarte a las consecuencias. — Vincenzo tiene razón, Anastasia. La familia es primordial. Pero también hay un compromiso de lealtad. Esta boda sellará la paz entre nuestras organizaciones, y tú serás el pilar de esta alianza. Debes estar lista para asumir el rol que te corresponde. Busco en el rostro de mi padre alguna señal de compasión, pero solo encuentro determinación. El miedo se apodera de mí, pero intento mantenerme firme. — Entonces, ¿mi voluntad no cuenta? Solo soy un medio para un fin —la pregunta escapa de mis labios, y, aunque no quiero mostrar vulnerabilidad, el desafío está ahí. — A veces, sí. Pero también puedes ser una fuerza a tener en cuenta. Si aprendes a jugar bien tus cartas, este matrimonio puede ser una bendición para ti. La decisión es tuya. ¿Vas a ser una víctima o una guerrera? Su desafío pesa en el aire, y me pregunto si realmente tengo poder en esta situación. La presión se intensifica, y aunque mi cuerpo tiembla, me prometo a mí misma que no voy a ceder tan fácilmente. — No quiero ser una víctima, Vincenzo. No soy débil —la determinación empuja mis palabras, aunque siento que mi voz tiembla un poco. — Entonces, demuéstramelo, Anastasia. En tres días, serás mi esposa. Te invito a ser parte de este mundo. Pero recuerda, este mundo no es para los débiles. Tendrás que luchar por tu lugar, y yo estaré observando.
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