Preparativos para Huir

1400 Words
Las sombras de la noche se extienden sobre Moscú, y desde mi ventana observo el paisaje urbano, la única cosa que todavía me da una sensación de libertad. Pero pronto, incluso esto desaparecerá, y yo estaré atrapada para siempre. En dos meses, mi vida dejará de ser mía, y eso me aterra. Dmitry… sólo pensar en él me da escalofríos. Su presencia es como una sombra oscura que siempre está detrás de mí, siguiéndome, observándome con esos ojos fríos y posesivos. Desde hace tres años, he intentado evitarlo, mantenerme fuera de su camino, pero cada vez que nos encontramos, veo en sus ojos algo más profundo, más oscuro, algo que hace que mi piel se erice y mi estómago se revuelva. Me habla como si ya le perteneciera, como si fuera una posesión que estuviera esperando el momento adecuado para tomar. No hay respeto, no hay humanidad en sus palabras, sólo esa certeza aterradora de que, para él, soy solo un objeto que adquirirá en dos meses. No soy suya. Nunca lo seré. El ruido de la puerta del vestíbulo me saca de mis pensamientos. Me asomo con cautela y escucho las pisadas pesadas de Dmitry. Está aquí. Me quedo congelada, inmóvil, rezando para que pase de largo, para que no entre en mi habitación. He aprendido a respirar en silencio, a hacerme invisible cuando él está cerca. Cuando finalmente el eco de sus pasos se pierde en el pasillo, exhalo. No puedo seguir así. No puedo convertirme en la esposa de ese hombre, en una prisionera más de la Bratva. Necesito escapar, encontrar la manera de salir de este infierno antes de que sea demasiado tarde. Mi libertad está a solo dos meses de ser arrancada de mí para siempre, pero no permitiré que me la arrebaten. He empezado a hacer planes, a tomar pequeñas decisiones que me permitan una salida. Cuento con una bolsa escondida en el armario, llena de dinero, ropa, y un par de pasaportes falsos que conseguí a través de un contacto. No sé a dónde iré, pero cualquier lugar será mejor que aquí, lejos de Dmitry y de la sombra que ha lanzado sobre mi vida. Mis manos tiemblan mientras pienso en lo que me espera, en el peligro de huir y el riesgo de ser atrapada. Sé que, si lo descubren, no habrá escapatoria para mí. Mi padre… no quiero imaginar qué haría. Y Dmitry… él simplemente me arrastraría de vuelta, rompiéndome aún más de lo que ya estoy rota. Pero aun así, el miedo de quedarme aquí es mucho mayor. Este es mi momento. No tengo elección. Mi vida depende de ello. ❤️‍🔥 El teléfono vibró sobre la mesita de noche, rompiendo el silencio opresivo que llenaba mi habitación. Miré la pantalla, y mi corazón dio un vuelco. El nombre de mi padre parpadeaba en la pantalla. No era común que él llamara directamente; casi siempre lo hacía a través de sus hombres. Dudé por un instante, pero sabía que no tenía opción. Descolgué el teléfono, llevándolo a mi oído con manos temblorosas. —Papá… —mi voz salió más baja de lo que pretendía. —Empaca tus cosas. —Su tono era autoritario, como siempre. Ni un saludo, ni una palabra de cortesía. Solo la orden, cortante y definitiva. —¿Qué? ¿Por qué? —intenté mantener mi voz firme, pero sentí el temblor en mis palabras. —No hagas preguntas, Anastasia. —El frío en su voz me heló hasta los huesos. —Tienes un vuelo a Nueva York en dos horas. Mis hombres irán por ti. —Hubo una breve pausa antes de que continuara, su tono ahora más bajo, más grave—. Esto es importante. Colgó antes de que pudiera protestar o preguntar más. Me quedé mirando el teléfono, sintiendo cómo la sangre se me helaba en las venas. Nueva York. ¿Por qué ahora? El sonido de pasos en el pasillo anunció la llegada de los guardias de mi padre antes de que la puerta de mi habitación se abriera de golpe. —Señorita, debe prepararse. —La voz firme de uno de ellos me sacó de mi parálisis. Intenté mantener la compostura mientras corría hacia el armario, mis manos temblorosas agarrando al azar lo primero que encontraba. Las preguntas rebotaban en mi cabeza. ¿Por qué ahora? ¿Por qué yo? ¿Qué es tan urgente? Metí la ropa en una maleta sin pensar demasiado. Sabía que fuera lo que fuera, mi vida, ya controlada de mil maneras, estaba a punto de cambiar una vez más. Y el miedo a lo desconocido me apretaba el pecho hasta hacerme casi imposible respirar. ❤️‍🔥 El aire gélido de Moscú aún estaba pegado a mi piel cuando los guardias de mi padre me arrastraron fuera de la mansión. Todo había sucedido tan rápido: la llamada, la orden de preparar mis cosas, y antes de darme cuenta, ya estaba a bordo del jet privado, dejando atrás el hogar en el que había estado atrapada toda mi vida. La tensión no me dejaba respirar. Mis manos sudaban y las apretaba con fuerza en mi regazo mientras el avión cortaba las nubes rumbo a Nueva York. ¿Por qué mi padre me estaba llamando con tanta urgencia? No era la primera vez que me pedía viajar, pero había algo distinto en su tono, algo que hacía que mi estómago se revolviera en nudos. Lo sentía venir. Algo malo estaba por suceder. Al aterrizar, más hombres me esperaban en el aeropuerto, su presencia intimidante como siempre. Me recogieron sin decir una palabra y me llevaron directamente a un apartamento de lujo en la ciudad. Entramos en silencio, y mientras recorríamos los pasillos, mis pensamientos eran un caos. Al llegar a la puerta de la oficina, me hicieron una señal para que entrara. Mi padre ya estaba allí, sentado tras un gran escritorio de roble, su expresión fría y controlada. —Siéntate —ordenó, sin siquiera mirarme a los ojos. Obedecí, las piernas me temblaban, pero traté de mantenerme erguida. Los minutos pasaban lentos, mi corazón retumbaba en mis oídos, y finalmente, él habló, cortante como siempre. —Te casarás en tres días. Mis ojos se abrieron de par en par, y el aire se me atascó en los pulmones. No. Esto no puede estar pasando. Mi cabeza empezó a girar, las paredes se estrechaban a mi alrededor. Sentí cómo el terror se apoderaba de mí. Dmitry. ¡La boda se adelantó! —Pero, papá, no… aún no estoy lista, no… —las palabras salían atropelladas, llenas de pánico. Todo mi cuerpo temblaba. —No será con Dmitry —su voz fue tajante, interrumpiendo mi balbuceo. Me quedé en silencio, la confusión reemplazando al miedo por un segundo. Lo miré a los ojos, buscando algo, cualquier cosa que pudiera calmar la tormenta dentro de mí. ¿Qué? —Te casarás con Vincenzo Salvatore —anunció, como si me estuviera diciendo algo tan mundano como la hora del día. No pude hablar. Mi mente no lograba procesar lo que acababa de escuchar. ¿Vincenzo Salvatore? El nombre no me era desconocido, por supuesto. El Don italiano. El hombre que controlaba uno de los imperios criminales más poderosos del mundo. Y ahora… ahora sería mi esposo. Una oleada de horror se apoderó de mí. Vincenzo. Había escuchado rumores, historias sobre su crueldad, su implacable mano en los negocios. ¿Cómo podría casarme con alguien así? ¿Qué había pasado para que mi padre hiciera esto? No con Dmitry, no con ese desagradable, pero ahora con Vincenzo. —Esto es una alianza —continuó mi padre, como si explicara un trato comercial. —Los Salvatore y nosotros compartimos enemigos. Esta unión es la única forma de mantener la paz. Mis manos temblaban en mi regazo. ¿Una alianza? Mi vida no era más que una ficha en el tablero de mi padre, una transacción para asegurar su poder. Apreté los labios, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. —Prepárate —mi padre se levantó y caminó hacia la puerta. —Vincenzo vendrá en unos minutos a conocerte. Sentí que me arrancaban el suelo bajo los pies. Mi cuerpo entero quedó congelado. ¿En unos minutos? Apenas podía respirar, y ahora tendría que enfrentarme a él, al hombre que, en solo tres días, se convertiría en mi esposo.
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