Capitulo V: Consigueme ese número

788 Words
FRANK Me desperté sintiendo un pequeño peso en mi pecho. Cuando baje la mirada, la vi. Su pelo castaño tapaba su cara, ocultando entre sus hebras sus hermosas facciones. Su cuerpo desnudo estaba estratégicamente entrelazado al mío. Su pierna izquierda sobre mí, me aprisionaba suavemente, como no queriendo dejarme ir. Como un reflejo y sin querer despertarla, suavemente retire los mechones de cabello para apreciarla mejor. Su respingada nariz combinaba a la perfección con sus carnosos labios, que estaban rojos e hinchados, recordándome todas las cosas que le hice la noche anterior. Todavía tenía un fuerte instinto de volver a besarlos y dejarlos más rojos. Maldición, nunca en mi vida dormí tan bien como lo hice anoche. Ni siquiera quería ir a esa Pub de porquería, no me gustaba perder el tiempo en reuniones sociales. Una sonrisa se asomó a mis labios. Voy a estar eternamente agradecido con mi hermano, que prácticamente me obligo a ir. De repente, una avalancha densa y pesada nublo mi mente. Todas las obligaciones y responsabilidades que llevo a cuesta. Todos los días. Necesitaba descomprimir. Ahora mismo. Vi el reloj en mi muñeca. 6 A.M. Me levante sigilosamente, tratando con el mayor de mis esfuerzos de no despertarla. Estaba profundamente dormida. Tenía ganas de despertarla, volver a agotarla con la cantidad de cosas inimaginables que pasaban por mi cabeza, y dejarla durmiendo nuevamente. Me puse mi ropa deportiva, la mire por última vez mientras ataba los cordones de mis zapatillas y salí del dormitorio. Correr era lo único que calmaba mi mente y mantenía mis pies sobre la tierra. En la sala se encontraban esperándome Daniel, mi fiel guardaespaldas, junto con Mary que cuidaba mi hogar y hacia el servicio. Eran personas de extrema confianza e indispensables en mi vida. -Buenos días Sr. Harper.- dijeron al unísono, asentí sonriendo en respuesta. -Mary encárgate de llevarle ropa limpia y nueva a la Señorita que se encuentra en el dormitorio principal. Luego llévale el desayuno. – Solo asintió y se fue corriendo a hacer las tareas que le pedí. – Daniel, vamos a hacer nuestro trote matutino.- dije mientras ya me dirigía al ascensor. 40 minutos, me indicaba mi reloj que llevaba corriendo. 40 malditos minutos pasaron y no podía dejar de pensar en cada escena, cada beso, cada roce. Su cara de placer, con sus ojos cerrados, era imposible quitármela de la cabeza. Mi entrepierna comenzaba a hincharse y molestarme. Maldición. Me pare resignado, tratando de recuperar oxígeno, aunque en realidad lo que quería era liberar toda esta tensión acumulada. Por atrás se escuchaban los pasos acelerados de Daniel. -Señor.- trataba de decir agitado.-Su secretaria está tratando de comunicarse con usted. Yo ya lo sabía pero no me importaba. Mi Apple watch parpadeaba mostrándome los recordatorios de dos reuniones que llevaba atrasado y las ocho llamadas perdidas de Anne. Mi secretaria, que manejaba mi complicada y atareada agenda. Seguro estaba volviéndose loca. -Regresemos Daniel.- comencé a trotar nuevamente, no sin antes hacerle la pregunta que más me interesaba.- ¿Hiciste lo que te pedí? -Sí señor, por supuesto.-dijo mientras se tocaba uno de los auriculares.- Miller Sienna, 23 años. Estudiante de periodismo a un examen final de recibirse. Soltera. Trabaja en…. Sonreí ante la palabra soltera. Era lo que más me interesaba. Los cuarenta minutos de vuelta, pasaron volando. Fueron un reporte completo y detallado sobre esta mujer que había obnubilado mi mente. Mientras subíamos en el elevador, mi pierna se movía instantáneamente de la ansiedad. Quería verla y proponerle algo discreto, fuera de las luces de la exposición mediática. Además conociendo a mi problemática “prometida”, si se enteraba iba a arder Troya, con Sienna adentro. Por más que fuera un compromiso político y meramente arreglado, no me encontraba en posición de generar malestar en los altos mandos del partido demócrata. No cuando estoy a punto de conseguir mi objetivo y en plena campaña. Al abrirse las compuertas nos estaba esperando Miss Mary con cara de preocupación. -Mi señor, la señorita que estaba en la habitación, no está. Se fue.- sus ojos se abrieron cuando vio mi cara de pocos amigos que no pude contener.-Cuando fui a llevarle el desayuno ya no estaba. Si no hubiera tratado de detenerla.- trato de explicar. Sin decir una sola palabra, fui hasta mi habitación, para comprobar que realmente no había nadie. Las sabanas negras seguían revueltas, el olor a la noche que pasamos, seguía en el aire. Completamente frustrado me senté en la cama tratando de tranquilizarme, pero algo pincho mi trasero. Una pulsera de plata brillaba con las iniciales S.M. Sonreí. Una broma del destino justo a mí. -Daniel.-grite autoritariamente.- Consígueme el número de la Señorita Miller. Urgente. -Sí señor, delo por hecho.
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