Bailar con el diablo

1566 Words
—¿B.? Bárbara lentamente abrió los ojos y se topó con la mirada angustiada de su hermana, respiró y sintió un ligero pinchazo en la parte baja de la cabeza, como si alguien le hubiera golpeado con un bate de béisbol. Cerró los ojos de nuevo y unas ligeras nauseas le sobrevinieron. ¿Dónde estaba? ¿Qué rayos le había pasado? Intentó levantarse, pero se dio cuenta que tenía puesto un collarín en su cuello. Se alarmó un segundo, pero su hermana le sonrió para tranquilizarla y le tomó la mano. —Tranquila. Ella asintió un poco con la cabeza. Trató de tragar, pero sintió la boca demasiado seca, como si tuviera un montón de algodones en la boca. —Aquí, ten—Como si supiera lo que necesitara, su hermana le paso un vaso con agua—Tómalo con calma. —añadió cuando trató de sostenerlo tercamente con los dedos. Bebió unos cuantos sorbos y luego se recostó. Sus ojos recorrieron cada rincón de la habitación tratando de entender dónde demonios estaba. Es decir, estaba en un hospital, lo deducía por el catéter en su mano, pero no recordaba que en el pueblo hubiera un hospital que pudiera permitirse que un paciente tuviera una habitación privada. —¿Cómo te encuentras? —Algo adolorida… ¿Qué me pasó? Jenny acarició su cabello y le sonrió con cuidado —Hubo un temblor, fue fuerte. Traté de llamarte cuando terminó y al ver que no me respondías fui al hotel. Supongo que el temblor te atrapo en la bañera y que te desesperaste, te encontré tirada en el cuarto del baño, el doctor dice que te golpeaste la cabeza contra el lavamanos. Bárbara trató de enderezarse, pero su hermana se lo impidió. —Basta, te vas a lastimar. —No recuerdo eso Jenny, no recuerdo el temblor ni estar en la bañera. Su hermana rápidamente apretó sus manos tratando de confortarla —El doctor dice que sufriste una conmoción cerebral, están tratando de hacerte más estudios para saber si fue leve o moderada, pero es una buena señal que hayas despertado. Bárbara trató de controlar su respiración y calmarse, debía ser positiva, sabía que los temblores en Dillon eran fuertes y que tenía suerte de no haber quedado sepultada bajo escombros, pero los golpes en la cabeza eran cosa seria y el no poder recordar cómo pasó la ponía nerviosa. —¿Hubo algún herido? —No, solo tú y algunas cosas materiales, pero del resto todos están a salvo. Bárbara casi sonrió, evidentemente Dillon no la quería de regreso. —Por cierto, ¿dónde estamos? Su hermana desvió la mirada y fingió acomodar la sabana de su cama —En la clínica, a las afueras del pueblo. Bárbara frunció el ceño contrariada. —¿Hay una clínica en el pueblo? —Sí, obviamente es privada y la inauguraron hace solo un año por obra del alcalde...—titubeo aun sin mirarla y luego de un rato añadió—No nos pareció buena idea llevarte al hospital del pueblo. —¿Nos? Jenny no contestó. —¿Quién más está contigo? ¿Sarah? Jenny negó con la cabeza —¿Jenny? Y entonces Bárbara lo sintió. El escalofrío en la nuca, las manos sudadas y el aroma de su costosa colonia. Levantó los ojos para mirar justo cuando su jefe atravesaba la puerta de su habitación con su mejor traje de tres piezas y se detenía en la entrada con un gigantesco ramo de flores. Sus enigmáticos ojos azules la atravesaron como un rayo y cuando le pareció ver una sonrisa en su tiesa boca, Bárbara se asustó. —Jenny llama al doctor, creo que estoy alucinando. Jenny se rio y se acercó a su cama, bajó la cabeza y susurró en su oído lo suficientemente bajo como para que solo ella escuchara — No me regañes, tuve que llamarlo, como tu prometido pensé que debía saber lo que estaba pasando. ¿Prometido?... Bárbara trató de recordar que había hecho en las últimas 24 horas, pero sus pensamientos estaban mezclados, recordaba el funeral, a la odiosa señora Adams y su problema de tiroides, el restaurante con Sarah ahora de mesera y luego nada… ¿Por qué no recordaba nada más? Iba a vomitar. —Jenny yo… —Fue una suerte que haya encontrado su número en tu teléfono —dijo su hermana con una sonrisa— ¿No te alegras de verlo? Viajó de inmediato cuando le conté lo que había ocurrido. Bárbara fingió una sonrisa y se negó a levantar la mirada, estaba debatiendo entre fingir un desmayo o una apoplejía. No sabía cómo Jenny había llegado a la conclusión de que su jefe era su prometido, pero intuía de una manera horrible que el anillo de 25 quilates que tenía en su mano izquierda tenía mucho que ver. ¿Qué diablos había hecho? — Mi hermana es muy reservada, así que fue toda una sorpresa para mí enterarme que estaba comprometida con su jefe. Si no me dice ella misma de su propia boca, yo aún lo dudaría. —dijo dejando caer la bomba. Estaba jodida, muy jodida, pensó. Iba a ser despedida. Tal vez extraditada. Nadie jugaba con el diablo y salía ileso. Su jefe chasqueó la lengua, Bárbara trago en seco, conocía ese ruido, era cuando un mesero se equivocada con su orden y su jefe paralizaba todo el restaurante hasta que tenía un banquete en la mesa como disculpa. Cuando sus ojos se encontraron de nuevo, él se acercó, el ramo de rosas parecía tan irreal como su presencia, Bárbara tembló cuando él las dejo en la repisa cerca de su cama. —Hola. —Saludó y ella quiso arrodillarse y pedir misericordia. —¿No es un amor? —Comentó Jenny encantada mirando las flores — Bueno, yo voy a buscar al doctor para ver si ya tiene tus resultados—Su hermana tomó su bolso y salió por la puerta ignorando la cara de angustia de Bárbara. A pesar de no poder doblar la cabeza por el collarín, ella sentía su presencia, era difícil de ignorar, su costosa colonia aun flotaba en el ambiente haciendo su presencia más real, pero lo que le molestaba era el silencio, sabía que era una táctica, Kieran D’Amato no era mejor abogado de New York por nada. —Supongo que estoy despedida. —dijo. Kieran se rio, una risa que le causó escalofríos en la espalda. Era como la risa del verdugo antes alzar el hacha y cortar cabezas. —Debo admitir que estoy desconcertado. —Pudo escuchar como tomaba la silla y se sentaba a su izquierda—Al principio cuando recibí la llamada pensé que era una broma, es decir, mi prometida, bueno ahora Ex, estaba en mi oficina llorando y no en un pueblo alejado de la mano de Dios con una conmoción en la cabeza. Bárbara enrojeció. —Yo… —Pensé que quizás era una confusión—Interrumpió—pero su número era correcto y casi nadie tiene mi número, ni siquiera mi hermano, así que solo me concentré en la información que su hermana me daba, me concentré en que usted estaba herida. Bárbara giró con cuidado su cabeza y lo miró a los ojos, no parecía que mentía, pero era raro que Kieran D’Amato dijera que le importara que ella estuviera herida. Tal vez si estaba alucinando después de todo. —¿Puedo decir mis argumentos? Su jefe sonrió, una sonrisa lobuna que utilizaba en los estrados cuando sabía que estaba ganando. —Adelante. —La verdad es que no recuerdo—La sonrisa presuntuosa de su jefe se borró—Solo sé que fui al funeral y luego al restaurante y…. eso es todo—Su voz había titubeado y Bárbara se odio por eso, no quería que su jefe pensara que se estaba haciendo la víctima—…Sí en algún momento dije que usted era mi prometido, seguramente lo dije como una broma, pero al parecer mi hermana se lo tomó demasiado en serio. Yo lamento haberle importunado, le contaré toda la verdad a mi hermana y recogeré mis cosas cuando regrese. —añadió lo último mirándolo a los ojos, no esperaba seguir en la firma luego de todo esto, conocía la reputación de Kieran y estaba al corriente de su política de cero tolerancias, sabía que había despedido a gente por menos que eso. Sin embargo, si esperaba alguna reacción por su parte, se hubiera decepcionado, Kieran seguía mirándola con esos ojos fríos sin pestañar y Bárbara se inquietó por su aspecto, sabía que estaba sin maquillar, con el cabello revuelto, con un collarín horrible y era de conocimiento público que a nadie le favorecía una bata de hospital medio transparente, pero se negaba a amedrentarse, en unos segundos sería una desempleada más en el país, y él no podía decirle que hacer, además no recordaba las últimas 6 horas de su vida, sinceramente no podía ponerse peor. —Y si yo le dijera que pudiera conservar su empleo a cambio de algo La ceja de Bárbara se arqueó. Si el diablo quería negociar… Debía irse con cuidado. —¿A cambio de qué? —Ya que les dijo a todos en este pueblo que era mi prometida—Kieran alzó los hombros con indiferencia—mantengámoslo así. Oh…Tal vez si podía ponerse peor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD