Capítulo 5

1701 Words
        Dos semanas después mi rodilla está bien del todo, aún recuerdo como fue el accidente.. Ian. Ese morenazo irresistible que después de tratarle como una perra judía se presentó en mi casa preocupado por mi y aunque ni siquiera cruzó el umbral de la puerta, pude disculparme con él. Mientras pienso en aquella vez, la última vez que le vi, retuerzo un mechón de mi pelo oscuro en mi dedo. —¡Lucía! ¡Lu.. Ci... A! —unas manos que se sacuden frente mi cara me hacen salir de mi mundo interior—. ¿Otra vez? —Martina chasquea su lengua mientras se pone las manos en las caderas—. Creo que estás obsesionada con el policía. —No... —niego alargando la o—. Es sólo que sigo pensando.. Bueno, ¿para qué vino realmente si no pasó de la puerta? —Yo también me lo pregunté cuando me lo contaste pero eso ya es pasado y tienes que trabajar. Te traigo ahora mismo los planes de hoy, un momento. —levanta el dedo pulgar y sale corriendo del despacho. Desde que me hicieron jefa de la editorial, la cual ahora era una gran empresa editorial distribuidora de libros, Martina y yo nos habíamos hecho más amigas, le había contado todo lo que había pasado hacía dos semanas y la de veces que ese chico se colaba en mi mente. Ella también me contaba los problemas con su novio e intentaba ayudarla.. Yo y mi manía de dar consejos cuando no sé qué hacer con mi vida. Martina vuelve a entrar con su agenda morada y unos cuantos papeles, hoy tenemos trabajo pero.. ¿A quién le importa? Es viernes y después hemos quedado con mis amigos para ir al cine y a cenar. —Bueno superwoman.. —me río ante ese apelativo tan suyo—. Hoy tienes tres reuniones con distintos proveedores, también una reunión con la distribuidora ULB de Francia.. Y oh, tienes que revisar estas rectificaciones, son de Parrado y me ha pedido que lo revises personalmente. —Vale, no hay ningún problema. Sólo dime los horarios e iré preparando las cosas. Por favor, tráeme un café de Starbucks. —¿Frappuccino de café? —asiento y se va. El día había pasado rápido y por suerte todo había ido a las mil maravillas. Estoy saliendo del cine con mis amigos cuando suena el teléfono. Bien, era mi padre. Nada de un policía buenorro que hubiera hecho algún trámite ilegal para obtener mi número de teléfono. Ya está bien, Lucia. Me digo a mí misma. Suspiro dos veces y pidiéndoles un segundo a mis amigos, contesto a la llamada. —¿Papá? ¿Pasa algo? —pregunto alarmada. —¡Hola hija! No chiquilla, no. Te llamaba para ver que hacías, ¡llevo sin saber na de ti casi un me! —adoraba a mi padre y era cierto, llevaba sin llamarlo mucho tiempo. Su acento me recordó a mi tierra y sonreí. —Lo siento papá, he estado ocupada. —lo cierto era es que hablar con él me recordaba tanto a mi hermano que se me hacía todo más difícil de superar—. ¿Cómo estáis? —¡Tu hermana tan quejica como siempre! El pequeño Tomás es un bicharraco y tu madre se vuelve majara con él, pero todos estamos bien. ¿Cuando vienes? —habla esforzándose en pronunciar las s y eso me hace mearme de la risa. —Volveré pronto papá, mañana tengo que ir a por la moto al taller y todavía hay cosas que.. Bueno, supongo que tengo que contarte.. Ahora soy la jefa de E.L.I. —¡Eso es genial mi niña! ¡Lo harás genial! ¡Eh Paqui! Nuestra hija es la nueva jefa de E.L.I —retiro el teléfono de mi oído al oír los gritos de mi madre y mi hermana. —Cariño.. —era la voz de mi madre. Después de la cena con mis amigos y la charla con mis familiares, me sentía en paz. Lo mejor de todo era que no hubo ningún intruso en mi cabeza. Al llegar a casa, a pesar de estar reventada, saco a Coco para que me deje dormir tranquila ya que a la mañana siguiente, a pesar de ser sábado, tengo unas reuniones importantes. —Mi empresa es la mejor para lo que buscáis, sin duda. E.L.I es una distribuidora de libros independiente al servicio de medianas y grandes editoriales, a parte de tener nuestra propia editorial dentro de la empresa. Operamos en todo el territorio Europeo atendiendo sobre un millón de librerías directamente y otras más mediante acuerdos con distribuidores. Nuestra logística es simple y eficaz. —sonrío al ver que todos me miran interesados y vuelvo a coger aire—. Cubre perfectamente cada una de las necesidades de nuestros clientes y da un servicio rápido. Además, trabajamos con los editores para diseñar y definir el lanzamiento comercial de cada libro. Ofrecemos nuestra opinión personal sobre promoción, marketing, diseños, tirajes, reediciones.. En definitiva, tenemos en mi humilde opinión, todo lo que necesitáis según vuestras peticiones. Las reuniones fueron todo un éxito y no podía estar más feliz. Por fin, tras lo de mi hermano, mi vida mejoraba poco a poco. Cuando salgo del trabajo, es la hora de ir a por la moto, mi preciosa bebé. Me encanta correr con ella hasta el límite. Desde pequeña mi padre me llevaba junto mi hermana a diferentes circuitos para ver las carreras, pero solo yo lo cogí por costumbre y se acabó convirtiendo en una de mis pasiones. Cuando llego al taller Rolling's no doy crédito de lo que veo. Ian, el morenazo, está aquí. Voy directamente a Paco, el chico que siempre se encarga de arreglar mi moto o mi coche después de hacer una de las mías. Sigo mirando a Ian y aprovecho que no me ha visto para darle un repasito. Moreno, pelo más bien largo, cejas oscuras, mandíbula cuadrada y esos labios carnosos... Resoplo. Resoplo y maldigo. Al final decido no mirarle más pero en ese momento sus bíceps se tensan mientras agarra algo, que no veo bien que es. Y yo babeo. No puede ser real.. La llegada de Paco me obliga a dejar mi repaso descarado. —¡Ey morena! ¿Vienes a por tu moto? —¡Claro! La tienes, ¿no? —pregunto presa del pánico. —Me falta una cosa, pero en seguida te la traigo. ¿Tienes diez minutos? —Para ti veinte. —le guiño un ojo pero cuando se va vuelvo a gruñir. No me creo que el hombre de mis pensamientos esté a siete metros y no me haya visto. Me indigno. Doy con mis tacones en el suelo, pero ni esas. ¡Será cabezón el tío! ¿Está sordo o que? Bueno sordo no sé, pero más bueno que el pan... Sí. ¿Me acerco? No, mejor no. Consigo girarme y empiezo a mirar las otras motos que tiene mi mecánico por aquí. Hay unas que son una pasada, ojalá mi sueldo fuera suficiente como para mantener una moto de ese precio más el coche, la casa y encima, ayudar a mi hermana Amelia. ¡DIOS! ¿Estoy viendo bien? ¡Una Triumph Thruxton 900cc negra y reluciente, delante de mi! Sólo había visto una hacía unos dos años enfrente de la comisaría y en ese momento me enamoré de ella. —¿Te gusta mi moto? —Ian. Era la moto de Ian. No me giro, disfrutando su proximidad. —Sí, es una pasada. Me encantaría tener una Triumph Thruxton 900cc como esta. —me giro y veo su expresión de asombro y no sé si es por saberme el nombre de la moto o por ser yo. —Tú.. Me suena tu cara. ¿Te conozco? —cataplafff. Adiós a mi orgullo. —Casi me rompes una rodilla, deberías. —adiós orgullo, hola mala leche. —¡Ah sí! Silvi.. Laur... ¡Lucía! ¿Tú eras Lucía no? —y tu eres un c*****o, pienso. —Resulta difícil creer aquello de.. Cómo era.. ¡Ah sí! —carraspeo e imito su voz mientras digo.. —En ese caso tú serías la primera en mi lista. —Yo nunca he dicho eso, morena. —¡y encima se cachondea el tío! Resoplo en su cara y no le doy una patada en los huevos porque no tengo ganas, que si no.. Se iba a enterar este de quién soy. Seguro que si le dejo sin descendencia no se olvida de mí. Me río ante mis pensamientos, estoy colgada. —Lucía, aquí tienes a tu hija. —dice Paco. Me voy hacia él, dejando a Ian junto a su preciosa moto. —¡Perfecto Paco! ¿Tienes mi casco por ahí? Te lo dejé para irme directamente con la moto cuando viniera a por ella.. —Ah sí, claro. También tengo tu chupa de cuero. Doy un salto de alegría. Echo de menos mi chupa, así que sin pensar mucho, me quito el fino saquito que llevo quedándome así solo con un top n***o y dejando una parte de mi barriga al aire libre. Cojo la chupa y me la pongo, en el momento que retiro mi pelo hacia atrás y empiezo a recogerlo en una coleta, llega Ian junto dos hombres. ¡Vaya con los amiguitos de Ian! Toma pan y moja. Al llegar al mostrador del taller, uno de ellos chifla de aprobación. —¿Cómo te llamas chica? —me dice el más alto. Es rubio, tiene los ojos verdes y una sonrisa angelical. Pero como podéis comprobar, es un c*****o. —Me llamo Lucía. —al guiñarle un ojo, miro a Ian—. ¿A que sí Ian? —Tío, ¿conoces a este pivón? —él solo asiente, ¡claro que se acuerda de mi! —Claro que me conoce rubito, pero si quieres tú también me puedes conocer. —¡toma perraca y mala! Chúpate esa Ian. Éste parece haberse tragado un limón pocho y yo sonrío ante mi pequeño triunfo. Su cara es todo un poema mientras el rubio se gira y apunta su número de móvil en un papel. Cuando me lo da, entra Paco y se lleva al rubio y al otro amigo con él. —Llámame Lucía. A la hora que sea. —grita el rubito por encima de su hombro. Sonrío y miro a Ian antes de irme. Su cara es de cabreo total, ¡qué le pasa al sordo este! Quizás está enfadado porque su moto se ha roto o porque hoy no ha mojado el churro en leche. Al final cojo mi casco el cual Paco ha dejado encima del asiento de mi moto y cuando me dispongo a salir, Ian me agarra del brazo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD