Ayelen. De la nada siento mi cuerpo muy cansado, como si hubiera hecho mucho ejercicio y como que si no hubiera dormido nada, me giro al sentir a mi hija llorar, no la oigo, pero la siento y eso es raro, quiero abrir los ojos, pero no puedo, mis ojos pesan demasiado poniéndome media histérica porque ahora la oigo a mi hija llorar y mi cuerpo no reacciona, de golpe me siento y veo a Yas con mi hija en brazos que justo está con la mano estirada para tocarme. —¡Mierda Yas que susto!. —pone una mano en mi pierna calmándome del susto que me pegó—. ¿Qué haces?. —Esta quejándose. —me siento bien en la cama y estirando los brazos así me pasa a mi hija—. No quería despertarte perdóname. —Ya le toca. —me la da en brazos y me acomodo bien para alimentarla—. ¿Estás bien?. —Si. —Tienes terrible

