—Si terminas atado a una, pierdes la posibilidad de disfrutar del afecto de las demás y aunque digamos que aceptara llevar una vida así, al final todo es un problema. Las mujeres son sencillas cuando se les ponen las cartas sobre la mesa. Sexo, dinero, sexo, dinero—repitió con tranquilidad, afirmando sus manos al borde del sofá—. Cuando pierdes esos dos factores y agregas emociones tenemos problemas. Es mucho más sencillo vivir por convicciones y poder que por amor. —Tiene un concepto interesante. —Y creo que usted lo representa bien. —¿Disculpa? —¿Usted ama a su marido, señora Arslan? —preguntó de forma directa y decisiva tomando completamente por sorpresa a Elif. Era una pregunta muy profunda. Ella consideraba que al final los sentimientos eran valiosos y también debían respetars

