Se me hacía muy difícil concentrarme en algo mientras pensaba una y otra y otra vez en las honestas palabras de mi madre. Me puse de pie dispuesta a marcharme de esa sala de espera. No había sentido que me quedara, me habían pedido que saliera de la habitación para que mi madre descansara, cosa muy importante para su recuperacion, asi que mientras subía a uno de los múltiples taxis estacionados fuera de el hospital, dicté la dirección de la casa de mi familia prometiéndome al cruzar frente la casa de doña Lupe que junto con terminar el aseo iría a ver a mis renacuajos. Bajé luego de pagarle al chofer y tras agradecer me dediqué a abrir la puerta para entrar. Sujeté mi cabello con varios broches para liberar mi rostro y tras alzar las polvorientas sábanas que se usaban como cortinas, la lu

