Candela.
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Voy apretando mis manos todo el camino a mi casa, va hablando por teléfono con ni idea porque no presto atención, no formulo una sola oración porque en lo único que pienso es que vamos a llegar a mi casa y no sé qué va a pasar, y tengo muchísima vergüenza, porque no sé qué me va a decir, ¿que quería terminar la cosa y se asustó?, ¿que ahora se dio cuenta que quiere terminarla?, ¿que él no es asi?, no me imagino con que va a salir.
—Cande.
—¿Si?.
—Llegamos.
—No me di cuenta, —entramos los dos, por un momento crei que iba a irse pero bajó después de que me dijo que llegamos—. Bueno, me quiero dar un baño.
—Vamos. —se saca la remera y las zapatillas yendo al baño, cuando llega a la puerta me mira—. Ven, vamos a bañarnos.
—¿Los dos juntos?.
—Si, ven. —me agarra la mano llevándome con él, en el baño tiesa veo como se desnuda, miro a otro lado cuando se para delante mío agarrando mi remera—. Comencemos por esto.
—No me quiero mojar el pelo.
—No lo mojamos entonces. —agarro sus manos asi no me saca la ropa—. ¿Qué pasa?.
—Lo hago yo, báñate tu y yo después.
—Podemos hacerlo juntos.
—Prefiero sola. —salgo buscando la ropa que me voy a cambiar y junto la de él que la dejo en el suelo.
—Listo Cande.
—Si, pon la pava por fa, tengo hambre.
—Si. —me baño sin mojarme el pelo, tengo muchísimo pelo y no tengo ganas de secármelo, asi que cuando se vaya lo lavo.
—Uufff Dios, eemmm, ¿ERNESTO?.
—¿Si?.
—¿Me traes una toalla del ropero?.
—¿En qué puerta?.
—En... yo voy, no mires.
—Sabes que no voy a hacer eso.
—¿Qué es lo que quieres?.
—Bueno, —me envuelvo porque tengo frio, esta el otro lado de la cortina, veo su sobra marcada.
—¿Ernesto?.
—Sigo aca, pero no sé qué decir para no asustarte.
—¿Asustarme?.
—Quiero cogerte, muy duro quiero cogerte... Que te cueste caminar y sea difícil sentarte, agarrarte del cuello y que las piernas te tiemblen. —con cada cosa que dice abro mas los ojos—. Ponerte de vientre con la cola alzada y poder acostarme encima tuyo y metértela to... —abro la cortina de golpe, sonríe alzando las cejas—. Tu me dijiste que te diga lo que quiero hacer. —me envuelve por la cintura alzándome—. Ven aca que te tengo muchísimas ganas. —me agarro de sus hombros viéndolo a los ojos sorprendida porque con un solo brazo me alza y me lleva a la cama—. Uujjj cielo, te lo juro, esta vez no paro. —me acomoda en la cama sin perder la sonrisa—. Ay Dios, no sé por dónde comenzar.
—Mmmjjjj.
—Tu dime si te gusta o sino.
—¿Y cómo sé?.
—Probemos asi. —le entierro las uñas cuando besa mi pecho derecho.
—Oojjjj.
—¿Esto te gusta?.
—Si, se siente... Raro.
—¿Pero gusta o no?.
—Si, me gusta.
—Entonces sigo. —lo toco desesperada porque me chupa los pechos, cuando baja por mis costillas le doy unos golpecitos—. ¿Aca no?.
—No sé...
—Bien, subo de nuevo, eso vamos a trabajarlo de a poco.
—AAAGGGG.
—Siiiiggg. —besa mi cara moviendo los dedos en mi intimidad, me da besos en la orilla de la boca.
—Ooojjjjj Dios.
—¿Asi?.
—Siijjj, ojjjj.
—Mmmjjjj. —se mueve poniéndose mas encima mío y ya no siento los dedos, siento su pene presionar—. Ooojjjj por favor. —sigue dándome besos en la cara, sonrío porque no lo tenia de un hombre que besa y es tierno—. Dios Candela, eres hermosa.
—Ay... Uuffff. —lo aprieto mas y siento ese dolor enorme que sentí la vez pasada por unos segundos, ahora es mas grande porque no se retira, sino que presiona mas y mas—. Aaagggg.
—Ya pasa. —siento mis manos temblar en su espalda, apoya los codos en la cama por debajo de mis axilas dejándome mas apretada—. Ya pasa cielo, mírame... —abro los ojos viéndolo, no sé qué cara tendré pero acaricia mi cabeza—. Respira, ya pasa.
—Aaahjjjj Ernesto, me duele.
—Lo sé. —frunce el ceño chupándose los labios—. Ya pasa cielo, ya pasa y vas a sentir lo que siento yo.
—¿Y qué sientes?. —seca mis lágrimas con suavidad, siento que batalla con él mismo en qué hacer.
—Siento... Siento que no aguanto mas, necesito moverme pero entiendo.
—¿Entiendes qué?.
—Entiendo que debes hacerlo, tu sabes de esto y rodeas mujeres que no tienes que esperar. —sonriendo me besa de nuevo.
—No te preocupes, tu tranquila, yo entiendo y sé esperar.
Cierro los ojos disfrutando el momento, sus caricias, sus besos, sus suspiros en mi piel me ponen super nerviosa y que no dice nada, solo suspiros y debes en cuando maldiciones que quedan a medias de decirlas, y no sé qué hacer mas que suspirar, apretar mis dedos en su espalda y gemir, porque el dolor e incomodidad pasan, y viene una sensación nueva, como disfrutar tenerlo encima, al comienzo me sofoco pero ahora es electrizante, siento que mis pezones queman, que un choque eléctrico me recorre desde donde estamos unidos a todo el cuerpo.
—aaajjj... OOJJJ ERNESTOOOJJJ. —se mueve mas rapido y besándome siento una explosión interna y un gozo inimaginable y queda arriba mío, jadeando.
—¿Cómo estás?.
—Bien, creo.
—¿Por qué, creo?. —sonrio cuando me corre el pelo, no sé en qué momento llegó el pelo a mi cara pero lo corre acariciando mi cara—. ¿Estas sonriendo?.
—Si, fue... Fue algo maravilloso. —comienza a sonreir—. Te ves muy joven cuando sonríes Ernesto.
—Tampoco soy tan viejo.
—Lo sé, pero siempre estas serio.
—No creo que sea lindo ver a alguien todo el tiempo sonriendo sin motivo.
—Lo sé, pero puedes estar serio pero sin la cara de enojado que llevas.
—Existe una sola persona que me hace feliz y ahora esta lejos... —sonrie diciendo eso, acaricia mi cara entretenido—. Después el resto de mi vida no es para andar feliz, ni menos sonriendo.
—Ahora sonríes, ¿el sexo te hace sonreír?.
—Si, tener un buen sexo como el que tuvimos me hace sonreír. —sonriendo le acaricio la cara.
—Que bueno que te pude hacer sonreír, porque va a ser la última.
—¿De qué hablas?.
—Que ya esta, ya tuviste lo que querías, ahora agarra tus cosas y vete que tengo cosas que hacer. —lo empujo hasta que se corre encima mio.
—¿Pasó algo que quieres que me vaya?.
—No pasó nada. —junto las cosas de él dándoselas—. Toma, vístete rapido que de verdad, tengo cosas que hacer —agarra las cosas cuando se la tiro—. Ahora si voy a bañarme y lavarme el pelo, eso lleva tiempo que necesito. —aun desnuda voy a la puerta—. Ponte la ropa o sal desnudo, como quieras pero vete. —se pone el pantalón enojado—. Bueno.
—¿De verdad haces esto?. —señalo la puerta de nuevo—. No puedo creerlo. —se va con sus cosas en la mano y cuando cierro las lágrimas comienzan a salir.
—Estúpida que soy.
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*****
Ernesto.
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Llegamos a la iglesia en donde vamos a tener que entrar, Román y Anna se quedan afuera, ellos cuando supieron que son una familia evangélica me pidieron fervientemente que no los haga venir porque no creen y se ponen de mal humor, como estamos en estado de alerta venimos varios, ellos afuera del predio vigilando junto a Tato y Luis, en la casa quedaron Richard con Yake que ahora creo que voy a tener que cambiar algunas cosas, como Felipe que se dan miraditas con Ivka, se da cuenta Exequiel no voy a poder defenderlo, y ahora entiendo porqué le gusta venir a la iglesia, se pone hasta traje cuando venimos y todos lo molestaban pero él conquistando a la hija de su jefe, un idiota.
—Bien, Feli con Maca se sientan atrás de Exequiel y la señora, yo con Agustina nos quedamos atrás.
—Vamos asi oramos chico. —me quedo sentado atrás, al lado de los porteros, ya me se todo esto de memoria, trabajando hace mas de diez años conozco el movimiento y lo que hacen, asi que nos tiene dos sillas atrás preparadas para los que le toque venir, dos semanas vamos a estar como en emergencia, después volvemos a los normalidad.
—Titoooo. —Fedora viene corriendo con una bolsa de caramelos—. Toma toma.
—Te dijeron que no podías comer.
—Pero compré igual.
—Sshhhh. —reímos los dos cuando el portero nos hace callar.
—Ya va hermano, perdón. —me da un montón de cosas, caramelos, chocolates, chicles.
—¿Ey, y a mi?. —hace el intento que la risa no se escuche y lucha con Agustina por los caramelos—. Sueltaaaa.
—Listo listo. —se va corriendo y quedamos riendo porque va con Feli y Maca que la saquean también.
—Mmmm, Agus. —le doy el caramelo que le gusta que es de café.
—Uujj que rico, ay, llegó Cande, hace rato no la veía. —me giro enseguida y la veo pasar corriendo para adelante con una falda roja con flores larga, y un saquito n***o, va con lo que creo sus papás—. Que piba mas linda y divina. —quedo viéndola hasta que se acomoda en una silla—. Es hermoso.
—¿Qué cosa?. —pelo un caramelo intentando no hacer ruido, todos oran y nosotros no, la miro alzando las cejas.
—Que siempre dices, no mezclen el trabajo con el amor, te negaste un montón con la relación de Richard y Yake y ellos la llevan bien.
—Dime lo que quieres decir.
—Quiero decir Tito... —se acerca bien y sonriendo—. Que Cande es una buena chica, y asi como yo lo noto todos lo hacen.
—¿Qué cosa notas?.
—Que estas enamorado de ella.
—Ja, ¿Cómo un pendejo de quince años?.
—Deja eso, cuando tienes quince años es calentamiento, y lo sabes porque tienes una hija de dieciocho años, pero ahora no es calentamiento, ahora es algo real y profundo. —la miro a los ojos enojándome con cada palabra—. Y no es de hace dos días, es de hace años, y hace años no sales con una mujer, porque desde que comenzaste a sentir algo por Cande empezaste a sentir que si estas con otra la engañas, siquiera mirarla, y estuviste aguantando todo este tiempo porque no sabias qué hacer con esto que sientes porque estoy casi que segura que es la primera vez que sientes eso que sientes y no sabes cómo manejarlo ni lo tienes claro, pero sabes que la vez y te pones loco, se te para el amigo, el corazón se te acelera, te entra calor, y si alguien la toca como Felipe hace que esta encima de ella como ahora mismo... —miro enseguida y veo como esta arrodillada y Felipe casi encima haciendo que lo corra—. Eso que sientes son celos.
—Come caramelos mejor.
—¿Qué sientes?.
—Dímelo tu que tanto sabes de esto.
—No sé mucho, pero estuve enamorada una vez. —me susurra divertida—. Sabes que ellos son amigos, que Feli esta enamorado de Ivka y que la ve como una amiga, pero quieres ir y correrlo de su lado y decirle que ella es tuya y que no vuelva a tocarla.
—Eso no significa amor, y ya terminémosla aca.
Paso la reunión sentado viéndola al lado de Felipe y con el teléfono en las manos viendo los mensajes de los chicos para saber si todo esta bien, este tema me tiene nervioso, porque las cosas que cuestan me aburren, quiero que se resuelva de inmediato y sin problemas, y esto me esta llevando muchísimo tiempo, muchísimos problemas y no sé como lidiar con una mujer, es la realidad, no sé qué hacer con ella, no tengo idea si lo que me dijo Agustina es real y no me interesa, en este momento me interesan otras cosas, como que llegamos los dos a la vez, que fue la gloria pura, magnifico, y de la nada que me empuja, me tira la ropa y me dice que me vaya.
Hija—. Hola pa, ¿tendras unos pesitos que me mandes?.
Ernesto—. ¿Cómo que unos pesos si ya te mandé?.
Ernesto—. No salgas con que no te alcanza porque no te mandé dos pesos.
Hija—. Dale, no seas malo, con diez mil soy feliz, tengo ganas de tomar un jugo y le pedí a mamá y me dijo que no.
Ernesto—. Ahora hablo con tu mamá de porque no te alcanza la plata.
Hija—. No seas malo papaaaa, dale, diez mil no mas.
Ernesto—. Ahora hablo con tu mamá igual. —le mando cien mil porque sé que diez en realidad son cien, y le escribo a Patricia.
Ernesto—. Hola Pati, ¿Cómo estás?.
Pato—. Ey, que miedo cada vez que escribes.
Ernesto—. Va, no entiendo lo malo.
Pato—. Ya sé que es por plata, te pidió porque no le quise dar.
Pato—. Le dije que no voy a darle porque la plata que le diste este mes se la gastó toda en ropa.
Ernesto—. ¿Por qué hizo eso?, lo que te mando cubre todo, quedamos así, ¿o no esta alcanzando y no me dices?.
Pato—. Esta enojada porque no le quise comprar cuatro pantalones iguales pero diferentes tonos, le dije que no, que tiene que comer todo el mes y no desperdiciar asi, y deberías cortarle un poco porque cada vez que te escribe le mandas.
Ernesto—. ¿Y qué hago?, ¿La ignoro?.
Pato—. Le dices que no y ya, no es tan difícil.
—Como que no es tan difícil si lo es.
—Tito.
—¿Mmm?.
—Vamos, ya terminó.
—Si, estaba distraído.
—Lo noté, con la vista haca allá. —me paro sin decir nada y la veo, va saludando con esa sonrisa hermosa que veo hace años que le da a todo mundo.
—Hermosaaaa. —Agustina avanza abrazándola y me acerco.
—Agustina dame un momento, —la agarro del brazo cuando quiere escapar—. Candela espera.
—No, suéltame estamos en la iglesia.
—¿Y eso qué?, ¿tienes miedo de que sepan que no vas a casarte de blanco con uno de estos idiotas?.
—Pues estoy con un idiota, y me voy a casar y no de blanco, porque eso quería, por eso acepté que vayas a mi casa hoy, ¿o qué pensabas?, que lo hacia por gusto después de que me dejaste ahi toda confundida... Suéltame. —la suelto enseguida, miro hacia adelante apretando los labios.
—Amigo vamos, —miro la mano que agarra mi hombro y es Exequiel—. Vamos asi pasamos a comprar para comer.
—Si, vamos.
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