Otro día más, ella miró el lugar antes de fijar su vista al monitor frente a ella, diferentes títulos de libros eran presentados, el trabajo no resultó ser pesado, pero si un poco aburrido para Eider, ya que al estar en silencio constante su subconsciente jugaba con ella incontables veces, sobre pensar las cosas se había intensificado en aquellos días. —Basta— se ordenó al cerrar los ojos e intentar despejar los comentarios que transcurrían en su mente, deberías irte y jamás volver, debiste aceptar Francia— esos eran algunos de sus pensamientos. —¿Hola?— la voz de una mujer la hizo abrir los ojos de prisa para corregir su postura, frente a ella una mujer con grandes ojos verdes y cabellos rubios, cortos; la miraba de una manera curiosa, examinándola. —Hola, buenos días, ¿En qué le pu

