Al estar completamente agotada; Eider se dejó caer en su cama, había trabajado tan solo medio día, cada vez se sentía menos motivada y alejada de ella misma, todo le llegaba a preocupar causándole estrés. —¿Eider?— dos sujetos corearon su nombre, sabía de quienes se trataban, aquella pareja de tórtolos que asechaba su propiedad distintas veces a la semana. Al alzar la vista se encontró con Samara y su pareja, estos sonrieron de oreja a oreja causándole cierta molestia, ¿por qué eran tan felices, o como lo lograban?— se preguntaba la mujer en la cama. —Hola— saludó después de segundos, de cierto modo se había acostumbrado a la presencia del hombre, como todos en la familia Alcalá. —Ustedes— terminó al intentar acomodarse mejor en sus sábanas. —¿Qué haces?— cuestionó Samara al dar un

