—¿podemos hablar?— cuestionó Eider a su madre la cual disfrutaba del jardín como cada tarde, Lidia parecía estar más tranquila que de costumbre, el sufrimiento se desvanecía, aunque en realidad solo ella sabía lo que sucedía. Las mentiras piadosas a ti misma pueden salvarte por un tiempo— pensaba por las noches al intentar no culparse por la muerte de Marcus, lo extrañaba tanto, al grado de no tomar su lado de la cama, al despertar este seguía frío y con pocas arrugas. —Claro, ¿Sucedido algo de lo que me deba preocupar?— atajó la mujer después de segundos, con cierta pena Eider tomó asiento a su lado, donde una vez compartieron un cigarrillo y su madre lució tan humana e imperfecta. Los gestos de la castaña fueron suficientes para que su madre frunciera las cejas con fuerza, pues tal

