Desperté, otra vez, sin entender nada. Traté de sentarme en la cama, pero me dolía mucho la cabeza, así que, me volví a recostar. Me quejé del dolor y unas manos trataron de sacar las mías, de mi propia cabeza, porque me estaba tocando la zona que me dolía mucho. — ¡Ey, salvaje! No hagas eso— me dijo Alvar, de forma calmada. Lo miré extrañada y recordé que le habían disparado. — ¡Oh, mierda! Te dispararon, yo lo vi— le dije asustada. —Tranquila, estoy bien. Ya sabía de tus armas, las había encontrado cuando registré tu casa. Sabía que tarde o temprano ibas a utilizarlas, así que, llevaba un chaleco antibalas. De hecho, todos lo llevamos aún— me respondió levantándose la camiseta que llevaba puesta, para mostrarme que aún llevaba el chaleco. Pero bajo el chaleco, alcancé a divisar unos d

