CAPÍTULO 6 — Salvaje

2632 Words
Desperté al día siguiente, en la mañana. Ya no sentía cansancio, o al menos no como el día anterior. Ya no tenía mis manos atadas a la cama, cosa que me tranquilizó. Estiré mi cuerpo y me desperecé. Me senté y miré alrededor de la habitación. Estaba sola. No había nadie conmigo en ese lugar. De hecho, estaba todo en silencio, cosa que me pareció rara. Me levanté de la cama y traté de caminar lentamente, porque hace horas que no me levantaba de aquel lugar, por lo que, sentía las piernas extrañas. Caminé despacio hasta el baño y entré en él. Estaba oscuro, así que, encendí la luz. Pero me horroricé al ver que estaba lleno de sangre por todos lados. La luz comenzó a parpadear y de los desagües comenzó a salir más sangre. Miré hacia abajo y no lograba ver mis pies, porque la sangre seguía aumentando dentro del baño. Desperté asustada y gritando. Había sido una pesadilla, por suerte. El hijo de Erik corrió a la cama, se sentó a mi lado y me pidió que me calmara. —Lena, tranquila— me dijo mientras yo trataba de recuperar la respiración. —Yo… Fue una pesadilla— le respondí agitada. Cuando me calmé, me di cuenta de que el chico me estaba abrazando y eso me pareció extraño, así que, carraspeé un poco y me alejé de él —Gracias, ya estoy bien. —Genial— dijo él, se notaba avergonzado. —Gracias por desatarme— le dije mirando mis manos, al fin libres. —De nada. Te lo dije, no somos los malos. Hemos venido hasta aquí para ayudarte. —Ayudarme en qué, si ya les dije que no me interesa nada— le contesté seria, mientras me recostaba en la cama otra vez. — ¡Vamos, Lena! ¿Dejarás que el legado de tu padre muera? No lo creo— me dijo levantando una ceja. — ¿El legado de mi padre? — le pregunté extrañada. —Así es… No me digas que… ¿Acaso no sabes de qué es la empresa de tu papá? — solo me quedé callada mirándolo. Realmente no sabía qué era lo que mi padre había desarrollado en todos esos años. Solo sabía que él era doctor y que tenía una empresa, nada más — ¿Alguna vez te interesó lo que tu padre hacía en aquel lugar? —La verdad… No. Nunca me llevó al edificio de su empresa, ni me dijo qué es lo que hacía en aquel lugar— dije confundida. Recordaba haberle preguntado, cuando era pequeña, pero él solo me había dicho que era doctor y que le gustaba ayudar a las personas. — ¡Vaya! Te gustará cuándo sepas en qué trabajaba tu padre— me contestó. Lo miré atenta y, en ese momento, recordé que él era un extraño, que todos lo eran y que él estaba invadiendo mi espacio personal. Eso me hizo enojar mucho. —Vete de mi habitación— le dije enojada, mientras me giraba en l acama para darle la espalda, haciendo que él se levantara de la cama con el movimiento que yo había hecho. —Sé que tratas de hacer que nos vayamos, por eso eres una maleducada. Pero déjame decirte, que eso no pasará. No nos iremos sin ti de esta maldita isla— me respondió molesto. —Pues que pena por ti y esos tipos. Por mí se pueden ir ¡a la mierda! — le grité, mientras me cubría la cabeza con la ropa de cama. A los segundos, escuché la puerta de la habitación cerrarse fuerte. Estaba siendo infantil, lo sabía perfecto. Pero no confiaba en nadie. Después de todo, yo no tenía más familia, sin mi padre, no era nadie. No tenía a nadie. Estuve durante horas en la habitación. Al menos para mí, habían sido muchas horas. No había podido dormir ninguna sola vez, de todas las veces que había tratado. Me levanté de la cama y decidí darme un baño. Pero cuando estaba llenando la tina, recordé que no estaba sola en casa y que estaba rodeada de muchos hombres, todos desconocidos para mí. El miedo se apoderó de mi ser y comencé a imaginarme escenarios distintos, en donde me violentaban, abusaban y mataban. Yo estaba sola, completamente sola en el mundo y en esa casa, llena de hombres, de los cuáles, no sabía nada, ni siquiera sus nombres. Bueno, solo el de Erik, pero, aun así, podían ser unos asesinos en serie que estaban buscando algún objeto de valor que mi padre hubiese dejado. Mi mente voló de un pensamiento a otro, en tan solo veinte segundos y me asusté muchísimo. Así que, dejé de llenar la tina y me fui directo a la ducha para bañarme lo más rápido que pudiese, sin antes, colocar el seguro en la puerta del baño. Pero cuando me estaba bañando, recordé que no había llevado la ropa hasta el baño. Eso me haría salir a la habitación semi desnuda, solo con la toalla cubriéndome. Me odié por eso. Había olvidado que estaba con personas desconocidas y que no podía pasearme, así como así por la casa, mucho menos por la habitación. Me bañé en tiempo récord, por primera vez en la vida. Envolví mi cuerpo en la toalla y salí rápidamente a la habitación. Corrí hasta el armario y me encerré ahí. Por fortuna ese lugar tenía una puerta con seguro. Busqué mi ropa lo más rápido que pude y una vez lista, corrí al baño nuevamente. Ahí me encerré de nuevo. Me apoyé en la puerta, porque tenía la adrenalina a mil por hora. Me sentía demasiado asustada como para tomarme las cosas a la ligera. Me dio una taquicardia, que pensé, me tuvo con un pie acá y el otro en el cementerio. Realmente estaba asustada. No sabía dónde estaban todos los hombres, ni qué estaban haciendo en aquel momento. Me senté en el suelo del baño y puse mi cabeza entre las piernas, tratando de calmarme. “Debes ser valiente, Lena” me repetí muchas veces, hasta que mi respiración y mi corazón se calmaron. “Eres una chica excepcional, hija. Eres la mujer más valiente que he conocido en esta vida” me dijo mi padre hace muchos años atrás, cuando tropezó y cayó en una de nuestras caminatas por la isla. Su pie se había torcido y yo tuve que tomar las riendas del asunto, porque él no podía caminar. Revisé su pie e ideé un plan para llegar a casa. Afortunadamente y con mi rápido actuar, logramos llegar en tiempo récord hasta el bote para ir a la ciudad. Él era doctor, pero no tenía los implementos necesarios para tratar su torcedura. Recordar esas palabras de mi padre, me hizo armar de valor. Así que, me levanté del suelo, me miré en el espejo del baño y cepillé mi cabello y mis dientes. Una vez lista, estaba decidida a bajar la escalera y averiguar qué estaban tramando esos hombres. Me miré por última vez en el espejo, me dije “Tú puedes, Lena” y salí del baño. Llegué hasta el primer piso y me asombré de ver, que los mil hombres armados y con trajes negros de comando, no estaban por ningún lado. En cambio, la casa estaba en silencio. Recorrí la sala de estar y no había nadie. Miré por un ventanal hacia afuera de la casa y no se veía movimiento. Caminé hasta la cocina y ahí estaban el señor Solberg, el señor Evans, el hijo de Erik y el otro señor, del cual no sabía su nombre. Me paré en el umbral de la puerta de la cocina y me quedé mirándolos por un momento, pero recordé que yo era la dueña de esa casa y me obligué a empoderarme para sacarlos de ahí como fuera. —Lena, que bueno que has decidido bajar— me dijo Erik. Era un señor mayor, pero se veía agradable. Aunque por un instante, pensé que, quizá, era una mentira. —Quiero que se retiren de mi casa, en este mismo momento— les dije a los cuatro, lo más calmada posible. Ellos solo se quedaron mirándome, estáticos. —Lena, creo que eso no será posible. No somos los malos, para nada. Amábamos a Sygurd tanto como tú a él— me respondió Erik calmadamente. —Dudo que mi concepto de amor sea igual al de ustedes. Él era mi padre, de ustedes, solo un amigo— les dije cruzándome de brazos. —Sí, en eso tienes razón querida… —No me llame así. Mi nombre es Lena— le respondí seria. —Discúlpame, Lena. No quise faltarte el respeto. Creo que hemos iniciado con el pie izquierdo, así que, ¿qué te parece si comenzamos de nuevo? — me preguntó Erik con media sonrisa. —Les daré… Déjeme pensarlo… Cinco minutos para que me expliquen qué quieren realmente y luego quiero que se vayan, y que jamás vuelvan. No soy estúpida y me sé defender sola. Y como supuse, ni siquiera han encontrado mi arsenal de armas ocultas por la casa. Soy demasiado rápida y en menos de lo que ustedes se imaginan, tendré un arma en mis manos y le dispararé al primero que se rehúse a salir de mi casa— les dije lo más tranquila posible. De seguro pensaban que estaba loca y mintiendo —Y sepan de una vez, que no estoy mintiendo— les dije levantando una ceja. —Muy bien, Lena. No queremos más heridos en esta casa— me contestó Erik, mientras miraba a su hijo. A uno lo había mordido y al otro le había disparado, cosa que confirmé en ese momento. Realmente, mi disparo había rosado su oreja, porque tenía un vendaje pequeño en aquel lugar. Pero, sinceramente, no me iba a disculpar por nada de lo que había hecho con anterioridad —Bueno, mi nombre es Erik Solberg, él es mi hijo Alvar Solberg, él es Peter Evans, a quien creo que ya conoces por su extraordinaria labor en la ciudad como el detective principal de la policía, y por último te presento a Ull Eide, amigo de Sygurd también— miré a Ull y le hice un leve movimiento con mi cabeza para saludarlo —Hemos sido amigos de tu padre durante muchísimo tiempo. Los tres nos conocemos desde niños y hemos crecido juntos. Tu padre siempre no dijo, que cuando tuviese mucho dinero, compraría esta isla. Nosotros solo nos reíamos de él. Pero, finalmente, cuando tú naciste, ese deseo se acrecentó. Él no quería que tú crecieras en el ambiente de la ciudad, donde la maldad está al acecho del día y donde tu amor por la vida se pudiese ver afectada... —Deténgase…— lo interrumpí con mi mano —Me sé al revés y al derecho la historia de cómo Sygurd compró la isla, y que la culpable, también, de esa decisión fue mi madre, que nos abandonó cuando yo tenía un par de meses de nacida. Eso lo sé, yo quiero saber quién mierda son ustedes— le contesté ya cabreada por la situación —Vinieron a mi casa, sí, claro, porque yo los llamé, pero haberme drogado dos veces wow, en eso sí que se pasaron. —Y te pedimos perdón por lo sucedido— me contestó de inmediato Erik —No fue nuestra intensión asustarte ni mucho menos causarte daño. El doctor te revisó las dos veces que te inyectamos y estás perfectamente bien— me dijo Erik con una enorme sonrisa en el rostro —Bueno, para no estresarte más con mi palabrería, tu padre fundó una de las compañías más modernas del mundo entero en robótica y ortopedia. Somos reconocidos a nivel mundial y no te explicaré acá qué es lo que hacemos realmente, porque eso debes verlo tú misma, con tus propios ojos. Como tu padre ha fallecido, eres la única heredera de todo lo que él ha dejado, incluyendo esta isla enorme, pero debes volver a la ciudad y tomar el lugar que te corresponde. Te lo dije, no somos los malos. Siempre hemos creído en la visión de tu padre y sabemos que tú eres exactamente igual a él. Entendemos que estás pasando por mucho en este momento, debes tener un enredo enorme en tu cabeza, pero prometo que todo se solucionará una vez que vengas con nosotros a la ciudad— me dijo Erik. Para ese entonces, yo solo quería estar sola y no pensaba irme a ningún lado. —Bien, les doy diez segundos para que salgan de mi casa— les contesté. Y luego, sin que se lo esperaran, salí corriendo de la cocina a buscar el arma que tenía guardada en un libro falso, en uno de los muebles de la sala de estar. Escuché cómo todos corrieron y traté de ser más rápida que ellos. Alcancé el libro, lo abrí y cuando iba a pasar bala, Alvar me alcanzó y trató de quitarme el arma. — ¡Ey, salvaje! No es hora de jugar. Te puedes hacer daño— me dijo irónicamente mientras forcejeábamos con el arma. — ¡Suéltame! ¡Maldito idiota! — ¡Maldita salvaje! — que me dijera eso, me hizo enojar muchísimo, así que le di un rodillazo en su parte de abajo y tomé el arma rápidamente. Corrí hasta la entrada de la casa, detrás de Erik, Ull y Peter, quiénes iban saliendo de la casa lo más rápido que podían. A medio camino, Peter se detuvo y sacó su arma de servicio. Había olvidado que el tipo era un detective y que, obviamente, debía estar armado. En ese momento entré en razón y me detuve a medio camino con mi arma. Dejé de apuntarles, pero disparé al aire. ¿Por qué lo hice? Ni siquiera yo lo tenía claro, solo quería que se fueran. En ese momento vi cómo Peter pasó bala y disparó el arma. Nuevamente todo pasó en cámara lenta para mí. Con mis manos en el aire aún, por haber disparado hacia el cielo, cerré mis ojos y me entregué a la muerte, porque estaba segura de que esa bala daría en mi pecho. Pero, nuevamente, eso no pasó, porque Alvar me empujó y recibió el balazo. Este tipo era realmente molesto, ya no sabía cuántas veces me había salvado de morir, cuando yo solo quería eso. Morir y ver a mi padre una vez más. Cuando caí al suelo, me pegué fuertemente en la cabeza, pero jamás perdí el conocimiento. Vi toda la escena. Erik comenzó a gritar desconsolado y a correr en dirección a su hijo. Lo siguió Ull, quien ya estaba por entrar en el sendero que yo sabía, llevaba hasta el muelle de la isla. Peter guardó su arma en la funda que llevaba amarrada a la cintura y corrió a ver al chico que estaba inconsciente en el suelo. En ese momento me sentí fatal. Estaba actuando muy mal, como una salvaje. Me desconocía, porque yo no era así. Al contrario, siempre analizaba y pensaba muy bien las cosas antes de actuar. Me levanté del suelo como pude, porque me sentía rara, quizás por el golpe en la cabeza, y caminé lentamente hasta donde estaban todos. Pero comencé a ver borroso y a sentirme muy mareada. Me toqué la cabeza y miré mi mano, porque sentí húmedo. Mi mano tenía sangre. No mucha, pero si una cantidad que me asustó un poco. Miré hacia donde estaban los hombres y Alvar estaba sentándose en el suelo. “Lena” gritó él y todos me miraron. En ese momento sentí cómo mi mente se nublaba, mientras veía a Alvar correr hacia mí. Luego de eso, todo fue oscuridad.
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