Pasaron los días y la pequeña Sarah, no aparecía, nadie sabía que había sido de su paradero. Sin embargo, el viejo Rey, seguía teniendo sus dudas respecto a la extraña desaparición de la niña.
—Dorys, es muy extraña la desaparición de la Luna, nadie que no estuviera al tanto de la profecía, pudiera tener la idea de llevársela. Solo Golnet, ese desgraciado siempre ha querido que su hijo cumpliera los designios de la Diosa, pero lo que él no sabe es que aunque secuestre a la Luna destinada, nunca su hijo podrá hacer cumplir los mandatos de los ancestros. Nunca, Dorys. —expresa con mucha rabia el viejo Rey, golpeando la mesa de su despacho.
En ese ínterin, los niños están merodeando el despacho, y alcanzan a escuchar que hay probabilidades de que, quien la tenga secuestrada sea un fulano Golnet, a quién Lyam, susurra:
—Es mi tío, ese señor malvado es mi tío.
—¿De qué hablas Lyam?, ¿Cómo que ese señor del que habla tu padre, es tu tío?
—Sí, está peleado con mi padre desde hace muchos años, muchos... antes que yo pensara en existir, y él, su nombre no lo puedo decir, porque mi padre puede escucharme, pero él fue desterrado de la familia y es por esa razón, que vive lejos de aquí, adentro en el bosque oscuro. Mi papá dice que lidera una manada malvada.
—¿Manada? ¿Por qué hablas de manada? Como si fueran hombres lobos.
Lyam se calla, recordando que Ian, no sabía nada de la existencia de ellos como hombres lobos, sino como humanos normales. Su r**a licántropa, la habían escondido muy bien, en el tiempo en el que ellos han estado allí, precisamente para evitar estos problemas o que haya algún tipo de malentendido, o en su defecto, que Ian se fuera de la aldea y se internara una vez más en el bosque espeso, del que alguna vez salió, pero solo por mucha suerte que tuvo en ese momento.
—No me prestes atención, anoche antes de dormir me quedé viendo una película de esas de hombres lobos y me quedó eso en la mente, imaginándome cómo seríamos si fuéramos licántropos, —le dijo el niño, tratando de enmendar su error.
Pero Ian estaba demasiado ocupado, pensando como hacer para salvar a su hermana, que no le prestó mucha atención, cosa que agradeció Lyam... Aunque su padre, ya lo había escuchado.
—Ustedes dos, ¿Qué hacen ahí? ¿Están escuchando conversaciones ajenas? —sale enseguida del despacho el Rey Demetry y más atrás, la fiel Dorys.
—No, no Rey, perdone usted, no estábamos escuchando, más bien veníamos aquí para preguntarle si ha sabido algo de mi hermana y si, yo podría ayudar en su búsqueda, necesito encontrarla, la verdad estoy muy preocupado por ella, han pasado varios días y no hay ni rastro. —expresó Ian, mostrando gran preocupación por la pequeña Sarah.
—A mí me pareció otra cosa, ¿Lyam? ¿Qué tienes tú que decir de esto? El muchacho, ¿Está diciendo la verdad? —le pregunta mirándolo fijamente y dándole a entender que ya lo había escuchado.
—Sí, padre. Ian dice la verdad, solo queríamos saber en qué podíamos ayudar para encontrar a nuestra pequeña Sarah.
El viejo rey, sabía que su hijo no estaba siendo cien por ciento sincero con él, pero también sabía que conocía muy bien cuál era el verdadero significado de la lealtad y de la amistad, por esa razón, lo dejó pasar, sabía que su hijo sería el mejor Rey para la manada Luna Plateada y todas las manadas a su alrededor. Por lo que escuchándolo atentamente, le guiñó el ojo, y los invitó a pasar al despacho, para escuchar las ideas que estos pudieran tener e ir en la búsqueda de la dulce Luna.
El Rey escuchó atentamente las ideas de los muchachos, no obstante, él había tomado una decisión, casi que la misma noche en la que su malvado hermano, decidió llevarse a la pequeña Luna de su techo.
—Muy bien chicos, me gustan los planes que han ideado para buscar a Sarah, sin embargo, antes de llevarlos a cabo, yo iré a buscar a la persona que creo responsable de lo que ha acontecido, y... en dado caso, que esto no funcione, ponemos manos a la obra para llevar a cabo este plan, que no es nada descabellado.
—Padre, no creo que sea buena idea que vaya a encontrarse con ese señor, a solas.
—¿Cómo sabes que iré a solas?
—Padre, con el debido respeto, lo conozco y sé que es la forma en la que usted pretende acercarse a ese señor, no es una buena idea, padre, recuerde que es muy malvado y...
—Debo tomar el riesgo, además, en dado caso que algo no salga bien, ustedes pueden tomar la cabeza de la aldea y tú, ocupar el puesto que debes y que te ha sido destinado por nuestros ancestros.
Ian no entendía absolutamente nada de lo que estos hablaban, sin embargo, su atención estaba puesta en encontrar a Sarah, le importaba poco de qué hablaran padre e hijo, al fin y al cabo, él ya no tenía padres y solo tenía a su pequeña hermana a quien buscaría hasta por debajo de la tierra, de ser necesario.
—Perdone que me meta, amo —interviene Dorys, —pero creo que no es un buen momento para hablar de ese asunto y menos aquí, con los niños y...
—Disculpen ustedes, no sé a qué puedan referirse pero, estoy de acuerdo con la señora Dorys, hay que buscar la manera de rescatar a mi hermana, sé que está viva, hay una conexión con ella, un poco extraña pero me lo dice, y me está pidiendo ayuda. Vamos a buscarla, señor, por favor. —le pide casi en súplica al viejo Rey.
—El muchacho tiene razón, Lyam, y este tema no se va a discutir.
Al heredero al trono, no le quedó de otra que callar y asentir a lo que su padre le ordenaba. Aunque su padre era muy amoroso y un tanto “blandengue”, como su propio tío lo decía, sabía que tenía un buen corazón y que haría lo que hubo decidido, nadie lo iba a sacar de su ideal, Si bien es cierto, que su hermano no era un lobo con el que se podría entablar una conversación, también tenía en cuenta que debían hablar de ese tema por el cual se habían separado hace tantos años atrás y por el cual, aquel fue desterrado.
«Golnet me va a tener que escuchar, debemos hablar del pasado, le guste o no, mi amada Lidia sabe desde aquel inmenso cielo de lobos, que lo que más añoro es que volvamos a ser lo que un día fuimos, unos hermanos unidos. Ella no ha sido culpable de esto, Tal vez de este modo, Golnet entienda que me debe devolver a la pequeña Luna, o de lo contrario, la Diosa se verá obligada a desaparecer su manada y su raza», pensaba el viejo Rey, mientras decidían los niños qué harían y Dorys, miraba con el rabillo del ojo a su amo, preocupado.