—¡Joder, esto está buenísimo! —gimió Scott. Ella le había dado justo en el clavo, algo que sorprendentemente pocas personas habían hecho antes, y él era una estrella del porno profesional. La quería en su cama todo el tiempo. Haría cualquier cosa. —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —Mira eso —dijo Martin—. No estaba bromeando. —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —Ya estaba muy nervioso —dijo Scott—. Realmente podría irme prácticamente en cualquier momento. —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —Déjenme grabar más de esto —dijo Martin. —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —¡Vamos, hombre! —suplicó Scott—. Soy un profesional, ¡pero joder! —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —De acuerdo —dijo Martin—. Adelante. —¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! ¡Lll! ¡Ay! —Kelly, estoy a punto de… —gimió Scott—. ¿Dónde?

