-Hagámoslo juntos.- Fije mi mirada en los ojos de mi amado y lo observé sonreír, finalmente lo había entendido, no estaba sola y no lo volvería a estar jamás, había crecido en casas de acogida desde que era una pequeña niña, me había acostumbrado a pelear cada batalla sola, a defenderme sola, a vivir sola; pero eso se había acabado, aún si volvía a mi propio mundo lo llevaría en mi corazón y sabré que está a salvo, que quizá algún día estemos juntos, a partir de hoy no volvería a pelar sola.
-Esa es mi chica.- Me dedicó un suave beso más sobre los labios y tomando firmemente su espada se puso frente a mi.
-Hagamos esto,- le susurre a mi príncipe mientras observaba como el m*****o rey lograba zafarse del fuego, medio quemado y más enojado que antes -eres mucho mejor que yo con la espada,- le dije mientras ponía en su mano libre la espada que había robado de su padre -te defenderé de la magia y peleare con sus sombras, pero necesitaré que seas la delantera y lo ataques de manera física, su único punto débil se localiza en el pecho, así que si logras apuñalar la fuente de su magia ganaremos.
-De acuerdo, pero ¿no necesitarás comerte su corazón mientras aún late?- Me pregunto algo preocupado mientras se preparaba para pelear.
-Esta bien, estaré bien,- dije mientras veía como la luz que envolvía nuestros cuerpos brillaba sobre mi mano -debemos proteger a este mundo y eso es lo único que realmente importa, lamento tener que pedirte esto.
-Yo lamento que fuera mi padre el que nos hiciera hacer esto, pero mientras tú estés bien ambos lo estaremos.
-¡Ustedes están muertos, más les vale haberse despedido porque este será su último respiro!- El grito furioso del rey se escuchó por todo el lugar, debería aterrarme por el colosal tamaño que estaba alcanzando, pero de alguna forma me sentía tranquila y confiada.
Sabía en mi corazón cómo funcionaba el odio, muchas veces antes lo llegué a sentir, sabía cómo te consume por dentro envenenado cada parte de tu ser, entendía el porqué crecía cada vez más y más, cuando el odio se encontraba dando sus últimos suspiros crecía al punto de que trataría de destruir todo a su paso, pero eso no era más que un método autodestructivo altamente riesgoso, por otra parte, el amor nutría, alimentaba y regeneraba, era el exacto opuesto y la magia nacida del amor era indestructible por eso mismo.
Cerré los ojos y coloqué los brazos extendidos a mis costados, concentré toda mi atención a mi corazón y lo sentir latir fuerte y rítmicamente, después me concentre en el latido del corazón de William y nos llene a ambos de magia, dirigí mi poder en su primera estocada contra su padre, abrí los ojos cuando escuche un grito de dolor y observé atónita como mi príncipe asestaba golpe tras golpe contra su padre, el cual a pesar de medir casi tres metros, se veía en serias dificultades para detenerlos.
Con un movimiento rápido trato de repetir el truco que había hecho conmigo arrojándole sangre a los ojos, pero un escudo protector que no era el mío evitó que esta tocara su piel, no era la única que lo amaba tanto como para protegerlo y eso me hizo sonreír, este chico se había llevado el corazón de muchas personas gracias a la pureza de su alma.
Asombrado, el rey retrocedió un paso, que fue aprovechado por mi amado para cortar de un golpe el brazo derecho del rey, observé como en lugar de ese líquido peligroso, sangre roja y humana brotaba de la herida, de alguna forma estábamos ganando ventaja y orgullosa sonreí aumentando la intensidad de la Luz que nos protegía, con la intención de cegar al rey como el había hecho conmigo.
-Debí matarte cuando aún eras solo un bebé bastardo, jamás debí permitir a tú madre salirse con la suya.- Despotricó lleno de veneno el rey a mi amado mientras hacía que sus sombras tomaran el lugar de su brazo amputado, creando un desagradable efecto de tentáculos en lugar del m*****o perdido.
-Mi madre fue solo una víctima inocente más de tu maldad, no te permitiré volver a hablar de ella.- Arremetió una vez más, pero fue evadido su ataque y repelido por los tentáculos, enfoque mi poder en evitar que estos tocaran su piel creando látigos de fuego que me ayudaban a potencializar el ataque de William contra su padre.
-¿Inocente dices?- Soltó una macabra risa mientras pretendía a****r con su nueva extremidad. -Esa maldita me engaño todo el tiempo, cuando confesó que tú no eras mi hijo no me quedo de otra más que asesinarla.- Por un instante el shock nos golpeó, pero de alguna forma William logró mantener la compostura y se defendió de un golpe de espada con gran habilidad. -La muy desgraciada trato de huir llevándote con ella para reunirse con el mago de quinta que logró engatuzar, los corazones de ambos sabían muy bien.
Asombrada observé cómo mi príncipe no dudaba ni una sola vez en su ataque, continuaba con una expresión feroz en su rostro, pero con una nueva alegría brillando en sus ojos.
-Esa es la mejor noticia que me has dado, saber que no corre sangre tuya por mis venas me llena de alegría.- Con un gruñido furioso el gigantesco rey arremetió una vez más contra él, pero mi príncipe realizó un movimiento inesperado al dejarse caer y encajando la espada contra el cada vez más deforme cuerpo del rey atravesando su estómago y golpeándolo detrás de las rodillas, haciendo que golpeara el piso con un gran estruendo, rápidamente use la magia de fuego para extender látigos de intensas llamas que atarán sus brazos y piernas al piso y me acerqué a ellos.
Observé cómo este peleaba desesperado contra sus a******s en el piso, retorciéndose y maldiciendo cada vez más fuerte, tomé la mano de mi amado y caminamos hasta quedar justo frente a él.
-Nunca serás feliz me escuchas, ella solo te ha estado usando y no eres más que una sucia herramienta, jamás conocerás la felicidad m*****o traidor.- Despotricó mientras se retorcía en el suelo, poco a poco las sombras se retraían hasta quedar poco más que cenizas alrededor del rey caído.
-Siento algo de pena por ti- me acerque a su rostro y pude ver la soledad de su mirada, el punto de donde su odio nacía -jamás te permitiste conocer el amor real, te convertiste en un ser incapaz de sentir esa emoción ni siquiera por ti mismo, tu odio nace del que sientes por ti mismo.- Me gruñía desagradablemente mientras me disparaba dagas con sus ojos. -Te liberare del dolor que aqueja tu alma y espero que en tu siguiente vida seas capaz de encontrar la paz que tú alma tanto anhela.
Tomé la mano de mi amado y posicioné nuestras manos entrelazadas en la espada sobre el pecho del rey, justo a la altura de su corazón mientras este continuaba maldiciendo y gruñendo.
-¿Lo harás? ¿Comerás su corazón?- No podía detectar rechazo o titubeos en la voz de William, pero yo solo sonreí y negué con la cabeza.
-No, no necesito ese poder, lo que él robó con su acto fueron las almas de mis seres amados, sus corazones contenían la magia nacida del amor, amor entre ellos, hacia el bosque y hacia la familia, hacia mi; encapsulo sus almas pero no su magia, la fuente de poder siempre estuvo dentro de mi misma y seguirá aquí en las futuras generaciones, dentro de cada uno de ellos.- Suspire fuerte al sentir como mi alma y corazón encontraban el camino a través de esa gran verdad. -Pero si liberaré las almas de todos aquellos que cayeron en sus manos.
Con un fuerte impulso que ambos dimos atravesamos el pecho del monstruo hasta que la espada tocó nuevamente el piso, observando cómo, finalmente, este dejaba de moverse y caía inerte. Con el último suspiro que salió de su boca abierta observamos asombrados como más de una decena de luces blancas abandonaban su pecho y nos rodeaban, celebrando, felices de estar finalmente libres, pude sentir el amor de mis padres y abuela al rodearnos, incluso reconocí a los padres de William, todos finalmente despidiéndonos y agradeciéndonos, finalmente libres.