Los cálidos rayos de sol parpadean en las ventanas y cristales de la vivienda de dos pisos. En la sala de estar, el médico especialista en traumatología mira las noticias de la mañana y toma una taza cargada de delicioso café importado. Observa su reloj y abandona de inmediato el sofá, sube a la planta superior y entra sigilosamente en una de las habitaciones.
Adentro, dos pequeñas camitas se vislumbran, una con apliques de futbol en el cabecero, mientras la otra es un mueble rosa con decoración de princesas. Sin embargo, ambas llevan estructuras de madera, que sirven como barandas. Los traviesos jovencitos de seis años de edad, duermen plácidamente, sin señal alguna de que vayan a despertarse.
Sebastián se dirigió a una de las literas y se arrodilló muy cerca de esta;
—Martín, Martín, es hora de levantarse, hoy comienzas el jardín de niños.
El chiquillo muy adormilado se levantó, y enseguida un gran bostezo salió, llenando sus ojos de lágrimas.
—papá… solo unos minutos más…
—Nada de eso, levántate de una buena vez. Ve a lavarte la cara, estaré allí pronto.
El adulto lo tomo en sus brazos, lo levanto y luego lo dejo caer suavemente en el suelo.
Posteriormente, fue a la otra cama, pero sucedió que la Carismática niña, fingía descaradamente que seguía dormida, aun cuando el médico continuaba llamando su nombre.
—Si no te alistas, tu hermano será el único que irá al jardín.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia el baño.
Pero de repente, Cristina salió volando del colchón.
—¡Ya no tengo sueño!! Exclamo entusiasmada
Él no se dio la vuelta, pero sonrió levemente.
—De acuerdo, Toma de la mesa tu uniforme y las cosas que te he preparado, iré a ver cómo va tu hermano.
Se dirigió al cuarto de baño conexo, allí, el muchachito cabeceaba con el cepillo en la mano. Sebastián tocó su cabello con exasperación; sin embargo, hablo con paciencia.
—Te volverás a dormir, si ya acabaste de lavarte, es momento de que vayas por tu atuendo.
—Ah… sí… ya voy, papá;
Expresó malhumorado, el niño que sentía le habían arrebatado su preciosa siesta. Dónde soñaba que se aventuraba en una lucha por salvar al mundo de la iguana malvada. Esto, producto del último capítulo que había visto de su serie favorita.
—¡Cristina, ven a ducharte!
¡Biiiip! ¡Biiiip!
El teléfono del padre sonó y tuvo que salir por un momento a contestar, pasaron alrededor de diez minutos, cuando finalmente regreso.
Al llegar, Martín dormía de nuevo en su cama con el uniforme ya puesto y de la bañera salía una animada voz aguda que cantaba gozosamente.
—♪♪♪ Cristina, Cristina, va al jardín, va al jardín y muchos amigos hará por fin ♪♪♪
Reviso de nuevo la hora, la desesperación del profesional de la salud se reflejó en sus labios temblorosos y sus palabras entrecortadas. Suspiro pesadamente y tocó la puerta;
—¡Cristina, sal ahora!!
¡Llegaremos tarde!!
Salieron de la casa a toda prisa, faltaban solo quince minutos para que los mellizos entrarán a lo que sería su primera experiencia académica y ya estaban retrasados.
Bajo las escaleras, con el niño adormilado en su brazo izquierdo y en el derecho, llevaba a la inquieta chiquilla con el cabello a un mojado. Trato de dejar todo preparado un día antes, no obstante las cosas no se dieron a como lo planeo en su cabeza. No supo en qué momento les sirvió el desayuno y los supervisaba, al tiempo que Él mismo se terminaba de preparar, colocándose la corbata de cuadros negra.
Los acomodo en el asiento trasero del auto, abrochó los cinturones de seguridad y se subió velozmente en el puesto del conductor.
Unos minutos antes, el director del hospital universitario “Qualité” se había comunicado directamente con él para informarle que debido a una ausencia de incapacidad inesperada debía hacerse cargo de la sala de urgencias por alrededor de tres meses.
Inicialmente, el puesto de trabajo que le fue ofrecido, tenía buenas condiciones laborales, un excelente sueldo y un horario flexible que le permitía estar al pendiente de los niños. Esta fue una de las razones por las que regreso al país, los mellizos iniciaban su época estudiantil, lo necesitaban, y él debía estar más cerca de ellos.
No podía negarse, era una situación inesperada, además, el directivo, durante esos meses, le dará una buena compensación económica, el dinero no le sobra, los gastos en el hogar son amplios. No pudo continuar viviendo en el extranjero, donde no tenía nada y antes bien debía pagar las deudas de su hermana. Por lo menos en su país contaba con casa propia y tenía mayores oportunidades profesionales al haber trabajado fuera de su nación.
A su llegada el sonido del timbre resonó en la escuela infantil, cuando estaban a punto de cerrar las rejas de protección.
Una afable maestra sonrió con calidez al guapo hombre de traje, cuyo rostro emanaba diminutas gotas de sudor.
—Siento mucho haberlos traído tan tarde en su primer día, me esforzaré para que esto no vuelva a ocurrir.
La cordial docente asintió en aprobación
—No se inquiete, este es un nuevo camino que acaba de emprender junto a sus hijos. Luego de que se acoplen a la rutina les será más fácil.
Plas, plas, plas
Sonidos de aplausos se hicieron escuchar, acompañados de una voz seductora y galán.
—A si es, profesora. Yo ayudaré a estos chicos para que jamás vuelvan a llegar tarde.
—¡Tío!!
Gritaron los menores con entusiasmo.
El odontólogo, que iba de camino a la casa de su amigo, lo vio salir velozmente, Y aun ignorando la situación de su prisa, los siguió. Al cabo, termino entendiendo la situación y ni bien, había llegado, estaba listo para coquetear con la bella maestra.
Sebastián, ni siquiera se molestó en preguntarle cómo era que había llegado al lugar, se interpuso diligentemente entre ellos. Y encomendó a los niños al cuidado de la joven.
Sniff, sniff
Martín, al ver que su padre se marchaba, se puso a llorar y aferrándose a él, le suplicaba
—¡papa… no quiero quedarme aquí solo…! ¡No te vayas… quédate conmigo!!
Por otro lado, Cristina, estaba muy entusiasmada.
¡Muac!
Le dio un beso a su padre y se despidió
—¡chao, papi, te quiero, nos vemos más tarde!
Luego corrió al aula donde estaban los demás niños.
Sebastián, llega tarde a su primer día de trabajo en el hospital, a un así no podía dejar en lágrimas a su hijo. Después de un tiempo pudo lograr persuadir y animar al pequeño
—Está bien, el día va a pasar muy rápido, ve hacer nuevos amigos y diviértete. Vendré pronto a recogerte.
Lo abrazo con fuerza y luego lo soltó. Por extraño y dramático que parezca, el padre también sintió dolor, al dejarlos en aquel lugar desconocido. Era la primera vez que se separaban, por tanto tiempo.
La maestra se fue con el niño y las puertas de la escuela se cerraron. Las manos del doctor temblaron con ansiedad y su corazón vaciló.
José palmeó su hombro y comento;
—¿estás seguro de que ambos son hermanos?
¿Cómo es posible que una ingresa con tal felicidad y Él otra arma el drama del siglo porque no quiere entrar.?
El especialista, lo observo con desesperación y expuso fríamente;
—Jamás tengas hijos. Porque ya lo lamento por ellos
… Continuará…