Cuando las personas fingen, lo hacen de maravilla. Paulina era un demonio, un demonio en el mundo de los vivos, ¿Una persona que puede tener esa gran indiferencia por una persona de su propia sangre? Grace no se había equivocado al decir que era una hija de put*, tan maldita, tan desgraciada.
Hasta que le conocí. Aquella chica con la mirada llena de odio, no fue nunca lo que esperé. Era una mezcla de todo y nada a la vez.
Las expresiones que tenían eran similares a las de Claudia, junto con su vestimenta, su modo de hablar era como el de Anna, el egocentrismo, la diversión, en cada uno de las palabras que daba.
Fue en ese momento, camino a aquel lugar, que me pregunté, ¿Cómo es que nunca me di cuenta de esto? Las señales eran obvias, siempre están a la vista para quien quiera tener una respuesta más clara sobre todo lo que un día sucedió.
"Narración de Grace H. en cursiva".
Cuando intentas que el pasado no te alcancé, lo hace.
En realidad, a mí me parecía ridículo lo mucho que me esforzaba por algo que en obvias razones siempre iría más allá de mí. No tendría el poder de cambiar las cosas que sucedían en mi entorno, como tampoco tendría el poder de ser otra persona con solo desearlo. No tenía una especie de varita mágica que cambiara a los demonios por ángeles, ni mucho menos. No era yo quien pudiera ir más allá de todo esto, ni menos sería yo quien podría completar la historia con los baches faltantes, no podría ser yo, porque para serlo… La vida tendría que ser diferente.
Intenté mejorar, no mentiré.
Podía ser yo quien se mantuviera callada por un tiempo indeterminado, podía ser yo el silencio más grande cuando las cosas se salían de control… Podía morder mi lengua y no decir maldiciones a las personas, podía ser yo quien sonriera más grande, solo con tal de hacer felices a los demás, solo por intentar demostrar que no podía romperme con facilidad, por demostrar… Que quizá, si intentaba lo suficiente algo podría ser diferente.
Pero… También era yo, quien creía que las mentiras que estaba diciendo no causarían daños en un futuro, quien las mantenía encerradas en su boca, atoradas en la garganta fingiendo que el dolor que estas causaban eran un poco menos que poco. Podía ser yo, quien se limitaba a evadir miradas, con tal de no decir lo que en realidad pasaba.
Baje el vidrio de la ventana del coche apenas comencé a conducir, el frío se adentraba un poco, chocando con mi rostro haciendo que la punta de mi nariz se congelara del frío, pero no me importaba. De un modo, un modo muy extraño, quería sentir que yo podría tener el control de las cosas que me estaban pasando.
Aun cuando no podía, yo no podía arreglar nada de esto, las cosas eran más grandes que yo, la vida estaba siendo demasiada carga para mí.
No mentiría, el que ellas se mantuvieran calladas solo me hacía sentir peor, mucho peor, podía sentir la tensión demasiado grande, en el aire. Podía admitir que, el que ellas se encontraran un poco molestas conmigo, solo me hacía sentir peor, me estaba convirtiendo en lo que los demás habían sido conmigo.
Me enderecé sacando esos pensamientos de mi cabeza, manteniendo la calma dentro de aquel centro, miré hacía adelante mientras tarareaba en mi cabeza una melodía, solo me enfocaba en el camino, solo pensaba en el camino.
Era tarde, la noche no se sintió, no cuando nos encontrábamos husmeando en la casa de Paulina, podía sentir un poco el como el sueño iba llegando a mí, necesitaba un café o algo que apaciguara esto, para no sufrir un accidente.
Miré de reojo a Liv, quien parecía estar pensando en todo y nada a la vez, ella no era del tipo de chica que rompía las reglas, parecía no ser del tipo de chica que las rompía, y ahora… lo había hecho.
Apreté el volante entre mis dedos, recordando la noche en que decidí venir hacía acá, parecía la idea más brillante, escapar de los problemas, ¿Quién diría que estos me seguirían? Y de colmo empeorarían un poco más.
Pensé en aquella acta de nacimiento, el abuelo, era su abuelo, éramos primas, ¿Quién lo diría? La familia Morgan, crecía como espuma y las cosas solo eran más extrañas con el tiempo.
Así que de esto trataba sus planes, descubriendo secretos que seguramente se hubieran mantenido en el fondo del mar hasta el final, quizá si ella no hubiera hecho esto, Grace no se habría rencontrado con las trillizas, ni yo con Darwin, de no haberlo hecho, jamás habríamos sabido que Kyara si es una Morgan. De no haber hecho esto, jamás habríamos sabido de Fernanda, ni menos de que Anna no era mala, ni menos que existía, ni menos que ella fue quien nos crío a todos, como iguales.
De no haber hecho esto las cosas serían diferentes, me preguntaba, ¿ella buscaba hacernos más mal que bien? O ¿Quería abrirnos los ojos? Todos habíamos sido víctimas de los secretos y mentiras, todos habíamos creído lo que nos dijeron sin dudar. Quizá al final de la vereda, ella podía no ser tan mala… Quizá solo estábamos pagando el peso de los años de nuestros padres.
Estábamos pagando lo que ellos hicieron, pagando sus equivocaciones e intentando creer que en realidad no había ningún mal.
Liv encendió la radio, mientras que le subía un poco más el volumen, logrando que saliera de mis pensamientos, más no que estos dejaran de atormentarme por completo.
Quizá ella era una villana, con una historia un poco mal contada, quizá esto no era lo que estaba esperando, quizá la historia había sido del tipo que se salía de nuestras manos sin darnos cuenta completamente. Miré de reojo hacía Olivia, quien parecía ir inmersa en sus pensamientos, mirando hacia la ventana, moviendo su pierna de arriba abajo, con un poco de desesperación quizá.
Después miré hacía atrás, por el espejo retrovisor, notando como los ojos de Grace estaban cansados, mientras que luchaba por no quedarse dormida, sus manos presionaban, mientras que sus ojos estaban desorbitados, mirando a la nada.
Las cosas tenían sentido, más sentido que antes, Paulina estaba siempre de la mano de Claudia, siempre sus planes eran juntas, el daño que causaban parecía tener el mismo destino, habían matado a su padre, habían terminado la vida de su hermana, mi madre. Todo era del mismo modo que ahora, girando en el eje de la familia Morgan, girando quizá en un mismo objetivo.
Parecía ridículo, ¿Cómo es que nadie lo había visto antes? ¿Cómo es que ninguno de nosotros había pensado en esto?
No había sido mera casualidad que ingresarán al juego a Olivia, ni a Grace, no había sido mera casualidad que quisieran la información de ellas, que quien estaba detrás de esto quería seguir sabiendo de Paulina… Pero con un poco de discreción. Sin mostrar demasiado que los planes que tenía hacían ella, eran con meros fines malvados.
Hice una mueca, la tía Anna siempre solía decir que los abuelos se amaban, yo no los conocí por mucho tiempo, el mismo tiempo que conocí a mis padres fue el mismo que conocía a mis abuelos, poco tiempo, pocos recuerdos, poco… Menos que nada.
Sólo conocía a la familia—incluyendo a mis padres—, por lo que las demás personas me hablaban de ellos, yo no había tenido la oportunidad de conocerlos, de saber sus gustos ni disgustos, me había pasado la vida siguiendo lo que mamá y papá hacían, lo que si se podía encontrar en los periódicos y noticias viejas. Sólo era eso lo que yo podía tener de ellos.
La tía Anna se encargó de pintármelos como las personas más fabulosas del mundo, se encargo de hacer que yo tuviera una imagen buena de ellos la cual admirar, mis tíos se encargaron de hacerme las historias más buenas del mundo, porque yo no los pude conocer… Ellos decían que eran personas maravillosas, del tipo que nunca cometían ni los más pequeños errores, ellos querían que me sintiera orgullosa, y lo lograron.
Lo que más recordaba de las historias de la Tía Anna, era el cómo me decía que los abuelos se amaban, como mencionaba el abuelo decía que la abuela era su alma gemela, que él quería demasiado a la abuela y por ello se habían casado, formado aquella familia “feliz”, de la cuál yo tenía imagen, y aquella perfecta familia que yo siempre creí que era feliz y perfecta, en realidad era más que un remolino. Ellos tuvieron dos hijas—eso fue lo que ella me contó—, Claudia y Laura, no tenía ni la más mínima idea de Anna, ni menos de que con quien crecí era ella.
Las cosas dieron un cambio brusco, y al día de hoy sabía que había dos hijas más, Anna y Paulina, y una de ellas era la mejor amiga de Claudia, de la verdadera. Que curioso que en realidad fueran hermanas, se llevaban tan pocos meses… tan poco que podía pensar que habían sido concebidas en fechas similares.
—Estaba pensando—, comencé con cautela, mirando por el espejo retrovisor—, Deberíamos ir a ver a Paulina, ¿No lo creen? —, noté como los ojos de ella se llenaban de emociones.
—Quizá no sea lo mejor—, alargo Grace, removiéndose en su lugar—, Es un poco tarde, ¿No lo creen?
Sabía que en realidad a ella la idea no podría parecerle buena, pero era aquello que teníamos, y de un modo u otro tendríamos que buscarle una alternativa, una que nos sacara del desastre, porque si no buscábamos las respuestas, ella daría con nosotras y nos hundiría en un lugar sin salida.
—Creí que esta travesía te llenaba de vida—dice sarcástica Liv, le miré por un segundo para regresar la vista en frente—¿Por qué ya no la quieres ver?
—Yo—, comenzó para después fruncir levemente sus ojos—, Creo que ella me hace daño, he cambiado. No quiero recaer.
—¡Vamos Grace! ¿Qué serán un par de minutos? Pudiste irrumpir en una estación de policía, ¿Y no puedes verla un par de minutos? —, le alarga Liv.
Le miré por el espejo retrovisor nuevamente, esperando que lo que yo dijera no le fuera a molestar. En realidad, yo había estado conduciendo a aquella cafetería, sabía la dirección porque Saith me la menciono, diciendo que el también había estado investigando. Creía que al final del día no era del todo una mala idea.
—Ya no soy mala persona—, a pesar de que lo decía con seguridad, su tono parecía querer convencerse a ella que lo que decía era verdad—, Tenemos las cintas, tenemos una USB, podemos seguir sin hablar con ella.
Y en un cierto modo, tenía razón. No pasaría nada si no llegábamos a hablar con ella, pero… No cambiaba muchas cosas, de no hacerlo quizá nos alentaríamos, ella podría cambiar una perspectiva de las cosas, quizá podría acercarnos un poco más a el destino.
—Ya casi llegamos a la cafetería—mencione con cautela—Podemos hablar solo por un par de minutos con ella, ya estamos acá.
—Paulina mentira… Ella cree—, antes de terminar la oración su rostro se contrajo para después negar—Ustedes hablaran con ella, las esperare aquí.
—¿Cuál es tu problema cariño? —, pregunta ella sentándose frente a mi—Viniste sin Kyara, ¿Quedo algo más que quieras hablar?
—¿Por qué mantuviste contacto con quienes se quedaron con ellas, pero no conmigo? —, pregunté presionando mis uñas en la palma de mi mano. Dejo una taza de café frente a mí, para después suspirar—, ¿Por qué ellas tenían tu cariño y yo no?
Era algo que no podía entender. Ellas no hacían nada extraordinario, Liv trabajaba en una heladería, era buena estudiante en algunas materias, no tenía comportamientos extraordinarios. Kyara solo había crecido en una familia relevante, había crecido con más oportunidades de conseguir cualquier sueño. Pero no era muy inteligente. Gia… Quizá podía ser quien más se pareciera a Paulina, le gustaba mandar, tenía una escuela completa a sus pies, era lista, sí… Pero no por completo.
No decía que ellas no fueran buenas en lo que hacían, no diría que no. Ellas… En su mayoría eran buenas personas… ¿Pero y yo? Los primeros trece años de mi vida, fui buena hija, no rompía muchas reglas, era inteligente, avanzada para mi edad, era responsable, buena persona…
Yo me había esforzado demasiado en tener un poco de amor, ellas no habían hecho nada y lo habían ganado, ellas tenían el cariño de nuestros padres incondicionalmente, yo a pesar de esforzarme jamás lo conseguí.
—Eres mala—su mano paso por mi cabello sin embargo le aparte—No importa el tiempo que pase, serás como ella…
—¡Eso no es cierto! —, mi voz flaqueo, mientras que mis ojos querían inundarse en un mar de lágrimas.
No mentiría, estaba demasiado cansada de todo lo que sucedía, cansada de esforzarme más de lo que mi cuerpo en realidad podía, porque yo era buena hija, buena amiga… Pero al final nada funcionaba. Mire hacía el techo, ¿Qué había hecho mal?
—Tienes el corazón podrido Grace, por eso no te frecuente, por eso no quise saber más de ti—¸su voz me sacó de mis pensamientos, más no le miré, me enfoqué en aquel cuadro que tenía el mar, deseaba ir al mar y perderme allí—, ellas son buenas, tienen talentos, tú te quemas las pestañas para encajar.
—Soy buena persona…
—¡Eres un monstruo, podrida por dentro, bonita por fuera! —me dice con tono burlesco—Nada va a cambiar, a pesar de que finjas que serás una buena persona, lo podrido seguirá ahí.
—No lo soy—, interrumpí, mirando hacía ella esperando que se retractará—, Soy buena persona.
Ella me miró burlesca, para negar.
—Quien hace daño una vez, lo hará para siempre.
Podía escuchar el sonido de la lluvia, el como este caía con violencia, mientras que mis pensamientos me atormentaban de un modo asqueroso.
—Intento ser buena persona—, corrige burlona—, las personas no cambian, ¿Por qué te cuesta entenderlo?
—Yo estoy haciendo las cosas bien—, susurré bajando la mirada—, Yo…
—Ellas están contigo por lastima, ¿Quieres saber por qué tu no?
Noté como Grace parecía estar tan segura de no bajar, como sí quien la fuera a recibir fuera un monstruo, uno grande, lleno de colmillos.
—No puedes quedarte sola en el auto Grace—, espeta Liv—, Aun eres menor de edad y estoy a cargo de ti…
—He estado a cargo de mi desde que tenía diez, puedo quedarme un par de minutos en el auto—dice, mire por el espejo retrovisor notando como su mirada se apartaba.
—No eres lo que ella dice—, insistí—Has cambiado…
—Ella no lo era así. Cree que soy como ella.
—¿Cuándo hablaste con ella? —, pregunta Liv.
—Me quedaré en el auto.
—Venir aquí fue mala idea—, mencioné levantándome. Ella me tomo de la muñeca, negándome salir de ahí—¸Es que no entiendo, ¿Qué es lo que quieren de mí?
—¿De verdad quieres saber que es lo que esperamos de ti? —me dice. No le miré, ¿Quería saberlo?
Sabía que las palabras, cualquier par de palabras que salieran de sus labios me dolerían de un modo particular, ¿En realidad quería que ella me dijera que era lo que quería de mí?
Estúpidamente me senté, ella imito mi acción, dejando caer su cuerpo en aquel sofá de piel rojo.
—¿Por qué quieres seguir sufriendo Grace? ¿Quieres que se te diga en el rostro que nunca fuiste lo que queríamos? —, me reta. Mirando mis ojos de modo acusador—, ¿Qué es lo que quieres que te diga?
Quería saber… Porque nunca fui lo suficiente para ellos. ¿Por qué solo me alejaba de tener un poco de cariño por parte de ellos?
Nunca entendí que era lo que yo había hecho mal, en que me había equivocado para que solo viniera el desastre y nada bueno sucediera… No comprendía que era lo que sucedía…
Jamás me he sentido peor, que el saber que las personas que te quieren incondicionalmente a mí me habían hecho a un lado.
No le dije nada más. No quería arruinarlo, solo miré hacía el frente esperando que el mar se calmará. No quería ir insistiendo detrás de ella, apreté con más fuerza aquel volante, mientras que solo enfocaba mis pensamientos en la música, presionando mis dedos entre el volante, intentando no pensar en las demás cosas que podían suceder. Quería preguntarle desde el día uno a Grace que era lo que había hecho que ella terminará por acceder.
¿Era demasiado la necesidad que ella necesitaba de cariño que hizo todo esto? Quizá si hubiera hablado con las trillizas ellas hubieran hecho algo diferente, quizá si hubiera esperado a intentar arreglar las cosas, ninguna habría sufrido de este modo. Después de ir con Paulina, les diría sobre el acta de nacimiento que encontré, aunque tenía la esperanza de que ella fuera quien confesará que éramos familia. Enderecé mi cuerpo, para después soltar un suspiro, todo parecía hacerse más pesado, como si nos estuviéramos arruinando la vida por insistir.
Estábamos por llegar, estaba segura, podía ver como habíamos salido de una carretera vacía sin población a una zona civilizada, con pocas casas o establecimientos, pero era mejor que nada.
—Esperaba que la noche fuera menos pesada—, mencioné intentando sacar tema de conversación.
—Fue larga, pesada y un asco—, espetó sin mirarme Olivia.
—Sí, y se pondrá peor, ¿Por qué quieren hacer eso? —, interrumpió Grace—, ¿Qué esperan que haga Paulina? ¿qué les diga la verdad? ¡Es una maldita mentirosa!
—Es lo único y más cercano que tenemos al pasado—, señalé girando, mirando hacía los lados—, Es quien vivió el desastre con Claudia.
—No creo que mágicamente ella quiera decirnos que fue lo que sucedió—, me detiene, mirando con seriedad—, Kyara y yo lo intentamos, ¿Sabes que obtuvimos?
—¿Alguna respuesta? —, le alarga Liv, con una sonrisa de lado.
—Mentiras, insultos, decepción, eso es lo que tendrán ahora—, me recuerda ella. Para después dejar caer su peso al respaldo—, Porque es Paulina Estrada. Porque ella hace esto por mera diversión.
—Grace—, le advirtió Liv—, Se que es difícil para ti, pero…
—¿Sabes que es difícil para mí? —, le interrumpe frunciendo las cejas—, Mi vida fue difícil, las lastime. Hice daño. ¡Por qué mi vida fue una jodida mierda! —, su tono era cansado, molesto—, Y no justifica nada, como tampoco se justifica en ella. Fueron mis decisiones y decidí cambiar. Ella nunca cambiará, porque le gusta el desastre. Le gusta ser villana.
Miré sus ojos, su cabello oscuro con ligeras canas, mientras que sus puños mostraban el enojo que nacía en su cuerpo. Aguanté lo más que pude las lágrimas. Yo era fuerte, yo no lloraría.
Llorar era de cobardes.
—Cuando te des cuenta, que no somos tan diferentes, averiguarás que es lo que te trajo aquí—, su voz era baja. Mientras que el odio crecía dentro de sus ojos—, Te trajo aquí el mismo deseo que tienes.
—¿Deseo?
—Deseo de regresar a quien lastimo. Las personas dicen creer en ti, pero ¿Lo hacen? —, me cuestiona con ambas cejas alzadas—, O solo sienten lastima de la vida que llevaste.
—Yo jamás regresaré a ser mala… Porque no seré como tu—, prometí. Mi voz se quebró—¸Porque yo quería una familia. La voy a conseguir…
—El mismo deseo, la misma búsqueda—, se acerca un poco más a mí—, ¿Sabes por que no te quiero? Porque tienes su sangre, porque yo tengo su sangre. Tres son buenas, tres siempre serán buenas—, me gruño—, Pero tu rompiste el triángulo, querías entrar.
—¡Yo no pedí nacer! ¡Nadie estuvo conmigo! —, le reproché—, ¡¿Ahora quieres decir que sabes como me siento!? ¿¡Crees que tienes el derecho de fingir que yo lo arruine!?
—Siempre tendré derecho sobre ti, como poder—, me recuerda, con una sonrisa de oreja a oreja—, Te alejes lo que te alejes, huyas de aquí a cualquier parte del mundo. Estaré dentro de tu cabeza recordándote que no cambiarás.
—Lo estoy haciendo…
—Estas fingiendo. No cambiarás—, me insiste con odio—, Siempre estaré dentro de tu cabeza recordándote que eres mala, que siempre dañaras a las personas.
—Saldrás de mi vida, no estuviste antes… No lo estarás ahora.
—Estaré—, prometió con una sonrisa maléfica—, Estaré ahí, para recordarte que eres la villana. Estaré ahí cuando tengas hijos, viendo como los decepcionarás. Como los vas a lastimar, como nosotros te lastimamos a ti.
Por mucho que intenté, el corazón duele. El corazón duele como nunca cuando las decepciones se plantan en tu rostro. El corazón duele y no hay nada que lo pueda cambiar, ¿Seré como ella? ¿A pesar de que lo intente?
Baje la mirada, sintiendo como un nudo crecía en mi garganta, mientras que este me consumía de un modo violento. Como este me lastimaba de más de un modo posible.
¿Y si ella tenía razón? ¿Y si al final del día yo era como ella? ¿Peor?
No quería ser yo quien lastimará… No quería ser yo quien le hiciera daño a las personas que la quieren o a las personas que quiere… No quería ser yo, quien algún día volviera a apagar un corazón.
Eran alrededor de las cinco de la mañana, aproximadamente, en el establecimiento en el que trabajaba Paulina era un establecimiento de veinticuatro horas y a lo que había investigado Grace en la estación, actualmente ella se encontraba en el turno de la noche.
Necesitaba demasiado el café en mi cuerpo, ninguna de nosotras había dormido absolutamente nada y el cansancio ya había llegado a nuestros cuerpos. Era más que obvio que después de una noche tan larga como lo había sido la de esta noche, dormiríamos todo el día. No lo dudaba ni por un solo segundo, las tres nos mirábamos demasiado cansadas, y de cierto modo no creía que fuera bueno para Grace, aún tenía que cuidarse, el doctor había dicho que no debía de hacer ningún esfuerzo físico y que debía de cuidarse un par de semanas más.
El lugar llego a mi vista, una cafetería con letreros de luces led, mientras que uno de estos informaba que abría todo el día, me terminé estacionando afuera, el lugar se miraba bastante lindo y llamativo, miré que en la puerta había un letrero “abierto”.
Olivia bajo, mientas que miraba por un par de segundos hacía acá.
—Anda, baja por favor—, le pedí mirando directamente a sus ojos, ella aparto la mirada—, No quiero que te quedes sola, en el auto a mitad de la madrugada. Es peligroso.
Ella soltó un bufido, rodando los ojos.
Yo soy peligrosa—susurro más para ella que para mí.
—¿Qué es lo que quieres saber? ¿Por qué ellas si y tu no?
Sabía que nunca podría ser yo, que ellas habían nacido para ser queridas, mientras que yo miraba a lo lejos que nunca sería yo. No le dije nada, no acepte que en realidad quería saber porque no era yo quien pagará los platos rotos en un mundo que ni siquiera yo había pedido venir. Pero ella lo notó, pude verlo cuando una sonrisa de oreja a oreja nació en su rostro, mientras que aferraba con más fuerza mi muñeca en su mano.
—No las dejaste de frecuentar, les encontraste un hogar donde serían felices—, espeté con un hilo de voz. Pase mis manos debajo de la mesa, ocultando como estás rascaban mi antebrazo—, Mandabas cartas preguntando por ellas, preguntando si estarían bien… Las pusiste a salvo…
Las colocó lejos del peligro, como si temiera que lo peor les pudiera suceder a ellas, como si en mi vida nada hubiera salido mal. A ellas les dio un cariño incondicional, a mi me dejo en su primera oportunidad.
—Ellas sí, porque son especiales. Son cuatro hermanas, tres son brillantes, poderosas inteligentes…
—¿Y yo? —, pregunte esperando que mi voz no se rompiera con la tristeza que había inundado mi corazón—También soy tu hija…
—Tu eres como yo, la oveja negra, la que nadie quiere. Eres peligrosa, no quiero estar contigo.
—Entraré, pero ustedes hablaran, yo quiero comida—espetó con la mirada en otro punto—Anda ya.
Parecía no estar convencida, dudando si en realidad no era una mala idea, no me miró ni por un segundo, simplemente se bajó evitándome. La culpa había llegado a mí, no quería hacerla sentir mal, ni presionada, pero… En realidad, era algo que necesitábamos hacer. Baje del auto detrás de ella, por lo cuál Liv le abrazo por los hombros, intentando apaciguar lo que sucedía, esperaba poder demostrarle que las cosas estarían bien—, esperaba que así fuera—con pasos tensos comenzamos a caminar dentro del establecimiento en el cuál se encontraba Paulina. Apenas abrimos la puerta y nos adentramos pude sentir el aroma del café caliente emanando mis fosas nasales, junto con los postres dulces, caminamos a una mesa y antes de sentarnos pude sentir como Grace a mi lado se tensó, seguí su mirada encontrándome a Paulina, con un uniforme verdoso y un delantal blanco, contuvo la respiración y murmuro entre dientes.
“—Es ella”.
No dije nada, miré hacía Grace y Liv, caminamos a el mostrador para hacer nuestro pedido, podía sentir como la pierna de Grace temblaba a un costado de mí, mientras seguíamos haciendo aquel pedido.
—Grace no le puedes temer a ella, no puede hacerte daño—, le anima en voz baja Liv—, Ella…
—Ella es una mentirosa.
—Pase el tiempo que pase, seguiré aquí y cuando menos te lo esperes, desearás no haberme buscado nunca—, me susurra con una enorme sonrisa.
Caminamos a una mesa, del fondo del local, mientras que miraba como Grace parecía estar inmersa en sus pensamientos, cada vez me sentía aun más culpable de hacerla venir hasta acá, después de lo que ella había vivido. Después de unos cuantos minutos ella se acercó hacía acá, dejando las cosas sobre la mesa, mirando con atención a cada una de nosotras, deteniéndose en Olivia. Una sonrisa se marcó en ella, de oreja a oreja demostrando lo feliz que se encontraba de que estuviéramos aquí.
—Sí, me arrepentiré de haberte buscado—, espeté molesta levantándome de la mesa, golpeando con mis palmas esta—, Por que las personas como tu no valen la pena, perdí mi tiempo.
—¿Perdiste tu tiempo? —me pregunta desafiante, imitándome—O es acaso que no obtuviste lo que querías escuchar.
Aparté la mirada, para regresar a ella, con furia, me acerqué lo más que pude a ella.
—De ti, nunca habrá nada bueno que escuchar—, escupí con coraje—, Lo peor que pudo haber hecho papá, fue enamorarse de ti—, le reté—, Nadie de nosotras te necesitó jamás. Quizá tienes razón. Quería respuestas de ti, porque papá me planto una imagen diferente. Ahora lo único que siento por ti es desprecio.
—¡Mi pequeña Olivia! —, dice con una sonrisa de oreja a oreja—, ¡Mira cuanto has crecido! —su mirada se enfocó en mí, mirando de arriba a abajo—Eres hija de Laura, ¿No es así? O rencarno de los muertos a hacerme una pequeña visita.
Quizá no fue lo que esperaba escuchar, la bilis creció en mí, provocándome una arcada, era una hdp, ella era eso.
—Si los muertos rencarnaran, quisieras que fuera otra persona—, escupí recordando que mi abuelo era su padre—, Pero venimos por otra cosa.
La mirada de ella cayó en Grace, una mueca de desagrado y de asco fue presente en ella, sin embargo, esta se convirtió en indiferencia, pasando de largo si quiera que ella se encontraba aquí, me miro nuevamente.
—¿Tu madre como está? —, pregunta mirando en dirección de Liv—, Shawn, Gia, Dayana, ¡Tus hermanas! ¿Entraste en una universidad?
Parecía ser, como si en realidad a ellas, Gia, Kyara y Olivia, las quisiera de verdad, podía notar como el cariño y emoción de Paulina había llegado a penas sus ojos enfocaron a Olivia. Pero a Grace… ¿Por qué?
Nunca podría entender, ¿Por qué ellas sí?